Hace años que paso más tiempo que me gustaría admitir comparando céspedes, praderas y tapizantes para suelo seco, así que tengo unas cuantas conclusiones prácticas sobre qué gramíneas resisten mejor la sequía en España. Primero, las verdaderas supervivientes de las zonas áridas son las gramíneas mediterráneas y esteparias: «esparto» (Stipa tenacissima, también citado como Macrochloa tenacissima) y Lygeum spartum son casi míticas en el sureste peninsular; aguantan suelos pobres, calor extremo y apenas necesitan riego, porque su estrategia es tener raíces profundas y crecimiento estacional muy marcado. Otras especies de tipo fenoestrato, como Brachypodium retusum, aparecen en pastos secos y se adaptan bien a veranos calurosos sin mucho aporte hídrico.
En terrenos más humanos, como parques o jardines rústicos, conviene pensar en Festuca ovina (festuca de oveja) o Festuca arundinacea (fescua alta): la primera es de hoja fina, forma mechones y sobrevive con lluvia estival escasa; la segunda aguanta pisoteo y recupera mejor si se le aporta algo de humedad. Para céspedes más “modernos” del sur, Cynodon dactylon (bermuda) y Zoysia spp. son opciones estupendas porque entran en letargo con falta de agua y vuelven con la lluvia; por contra, en el norte atlántico hay más opciones pues las temperaturas suaves ayudan a especies menos xerófitas.
Si vas a instalar o recuperar un césped en clima seco, mi consejo práctico es: elige especies nativas o adaptadas a tu comarca, prepara bien el suelo (materia orgánica y drenaje), siembra en otoño o primavera para que arraiguen antes del calor, riega de forma profunda y espaciada y reduce
siegas cortas que estresan a la planta. Al final, prefiero un prado seco bonito y vivo que un césped verde a base de riego; respira mejor y te gasta menos dinero y agua.