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He sigo con gusto el rastro de la novela nórdica en España y, si alguien me pregunta por «Upsala», recuerdo sobre todo a Kjell Eriksson y su famosa serie protagonizada por la inspectora Ann Lindell. Esa serie es la que más eco ha tenido aquí: se ha traducido en varios volúmenes y sus tramas, ambientadas en una Uppsala de cielo gris y calles llenas de secretos, conectan muy bien con el público español que disfruta del noir introspectivo. Me atrae cómo Eriksson combina lo cotidiano con lo siniestro, y eso es algo que suelo comentar con amigos de lectura.
Además de Eriksson, hay un interés creciente por novelas que usan Uppsala como marco académico o histórico; libros que hablan de la universidad, de los claustros y de pequeñas comunidades científicas. En España esas historias suelen recibirse como lecturas de atmósfera: no son bestsellers masivos, pero sí ocupan un hueco firme entre los aficionados al misterio y la ficción histórica. Personalmente, disfruto más las novelas que exploran la ciudad en sus detalles, porque me hacen sentir que conozco un lugar que nunca he visitado.
Tengo la impresión de que Uppsala funciona en España como un microcosmos literario: sirve para el noir, para la novela histórica y para relatos de campus, y cada tipo encuentra su público. En conversaciones con gente de edades distintas, lo más nombrado sigue siendo la serie de Kjell Eriksson y las ficciones que exploran la universidad como comunidad cerrada.
Cierro con una nota personal: me encanta cómo, leyendo estas novelas, la ciudad sueca deja de ser un nombre en el mapa y pasa a ser un lugar vivible en la imaginación. Eso, para mí, es el verdadero atractivo de las novelas de «Upsala».
En mis charlas de café suelo decir que Uppsala es una de esas ciudades suecas que tiene un público fiel en España, aunque sea más de nicho que los grandes superventas de Estocolmo o Gotland. Desde la perspectiva de alguien que colecciona ediciones y presta libros, lo que mejor ha funcionado en ventas son las novelas policiales ambientadas allí: la serenidad aparente de la ciudad contrasta con crímenes inesperados, y eso vende. La serie de Kjell Eriksson con Ann Lindell es habitual en bibliotecas y estanterías de lectores de novela negra.
También he visto curiosidad por novelas históricas centradas en la Universidad de Uppsala: ensayos novelados sobre figuras académicas, intrigas entre facultades y romances ambientados en lecturas nocturnas. Aunque menos numerosas, estas novelas históricas consiguen reseñas positivas en blogs y clubes de lectura españoles; aportan contexto cultural y un matiz más literario que el policial puro. En resumen, la oferta en España es variada y se orienta tanto al lector de suspense como al aficionado a la ficción académica.
Nunca habría pensado que una ciudad universitaria sueca pudiera inspirar tantos registros, pero aquí en España hay lectores que valoran precisamente esa mezcla de campus y misterio. En plan más relajado, hay también relatos cortos y novelas contemporáneas que usan Uppsala como escenario para historias de crecimiento personal: estudiantes, profesores, barrios con cafeterías y parques donde ocurren encuentros decisivos. Estos títulos no suelen aparecer en las listas de más vendidos, pero circulan bastante entre clubes de lectura y préstamos interbibliotecarios.
Lo que me llama la atención es la preferencia por la atmósfera sobre la acción frenética: los lectores españoles que buscan novelas ambientadas en Uppsala valoran la introspección, la descripción del paisaje y los personajes complejos. Por mi parte, disfruto esas historias por la calma que transmiten, aunque a veces echo de menos giros más intensos.
Me fascina cómo una ciudad como Uppsala puede convertirse en protagonista silenciosa de tantas novelas que llegan a España. Desde mi punto de vista juvenil, lo que más se lee aquí son thrillers criminales con la ambientación fría sueca: calles universitarias, bosques en las afueras y esa mezcla de tradición académica con crímenes modernos. La gente que conozco comparte recomendaciones y, aunque no todas las novelas ambientadas en Uppsala se traducen, las que sí llegan suelen tener reparto humano sólido y descripciones que atrapan.
En redes y grupos de lectura españoles aparecen a menudo títulos traducidos de la serie de Ann Lindell; además, hay novelas contemporáneas que usan la ciudad como telón de fondo para dramas personales y pequeñas sagas familiares. Si te atrae el misterio con un toque cultural, Uppsala es un escenario que funciona muy bien y que en España está ganando lectores poco a poco.
He notado que entre lectores más adultos y viajeros, Uppsala aparece como escenario en novelas que mezclan memoria y paisaje. Hay una corriente de novelas que rescatan historias locales —familiares, académicas, de archivo— y que en España llegan por traductores apasionados y pequeñas editoriales. A menudo son lecturas lentas, perfectas para quien gusta de saborear cada escena y de aprender algo sobre la historia intelectual de Suecia mientras lee.
Personalmente, me suele atraer la sensación de estar paseando por la ciudad: iglesias antiguas, bibliotecas centenarias y calles con nombres que suenan extraños. Estas novelas no buscan impactar con acción, sino con empatía y atmósfera; por eso, cuando las encuentro en castellano, tiendo a recomendarlas a quienes prefieren novela de ambiente y personajes bien dibujados.