Recuerdo tararear esa canción mientras corría por el patio y, siempre, me imaginaba a todos los personajes de «
la granja de Pepito» con vidas propias.
En el centro está Pepito, el pequeñín que cuida la granja y que suele ser el hilo conductor de la canción o cuento. Alrededor de él aparecen los animales clásicos: la vaca (que da leche y hace «muu»), la
gallina (poniendo huevos y cacareando), el
cerdo (que gruñe y se revuelca en el barro), el caballo (fuerte y trotón), la oveja (que dice «
bee» y da lana), el pato (con su «cuac»), el perro y el gato (que vigilan y ronronean), y a veces el burro y el
conejo.
En versiones extendidas también salen personajes humanos como la
mamá de Pepito, vecinos curiosos o incluso el veterinario, pero lo que siempre me atrapa son los animales con sus sonidos y pequeñas manías; son fáciles de imaginar y perfectos para cantar. Me quedo con la ternura de la vaca y la risa del pato cada vez que canto esa estrofa.