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La Colegiala y La Pulga Picona
La Colegiala y La Pulga Picona
Autor: Tipo Repugnante

Capítulo 1

Autor: Tipo Repugnante
—Qué comezón, qué comezón... padrino, ayúdame rápido.

Hoy es fin de semana. Mi ahijada Camila tenía día libre, llevaba a Teddy de la correa para pasearlo en el parque, y se empeñó en que la acompañara este padrino al que hacía mucho no veía.

Apenas llegamos al parque, a Cami se le puso la cara roja y empezó a suplicarme. Mientras hablaba, la jovencita dulce no dejaba de retorcer el cuerpo de un lado al otro.

El clima ya estaba más cálido. Arriba llevaba una blusa blanca con un chaleco delgado encima, y abajo una falda colegiala a cuadros con medias blancas en las piernas.

La estampa completa de colegiala. Cuando me pidió ayuda, esos ojos felinos tan bonitos eran suplicantes.

Los botones del cuello de la blusa blanca no estaban bien abrochados. Alcanzaba a ver con claridad el escote pálido de su pecho, y el borde de la ropa interior morada, donde un destello blanco brillaba bajo el sol.

Tragué saliva y noté que Cami seguía apretando y frotando las piernas, y que la cara se le ponía cada vez más roja.

—Cami, te ves muy incómoda. ¿Dónde te da la comezón? Yo te ayudo.

Yo había venido caminando detrás de ella todo el rato y desde hacía un momento sentía que algo no estaba bien con Cami: al estar de pie le temblaban las dos piernas.

Me agarró una calentura tremenda.

No es que tuviera fantasías con mi ahijada, pero hacía varios años que no la veía, y Cami se había desarrollado de un modo demasiado curvilíneo, y según supe era además la más guapa de la universidad.

Como hacía mucho que no estaba con una mujer, naturalmente no pude evitar observarla, y al notar el gesto pudoroso que hacía, me dio un cosquilleo de deseo.

Ahora que Cami me venía con esta petición, claro que la iba a ayudar. Al escuchar mi pregunta, a Cami se le puso la cara aún más roja, casi en carne viva. La voz también se le hizo mucho más bajita.

—Padrino, es... adentro de la falda.

Bum, sentí un hormigueo que me erizó el cabello. Sin pensarlo, se me fue la mirada al ruedo de su falda. El ruedo de la falda colegiala súper corta, mientras ella seguía apretando las piernas y se ponía como en cuclillas, dejaba ver las medias blancas por debajo.

¿Me estaba pidiendo que le rasque por debajo de la falda? ¿No será que mi ahijada me está provocando?

Tal vez por miedo a que la malinterpretara, Cami me explicó un poco más.

—Hace rato, mientras paseaba al perro, parece que una pulga de Teddy se me metió por debajo de la falda. Ahora me pica mucho ahí adentro, y yo no alcanzo.

Al decir eso se acercó un poco más a mí.

—Padrino, ¿tú... tú no me podrías cargar primero? Si no, me da miedo hacer el ridículo.

Apenas Cami dijo eso, entendí lo que pasaba.

Sin pensarlo, alargué las dos manos para sostenerla por las nalgas, sobre las medias blancas. Fue ahí cuando me di cuenta de que algo no cuadraba.

Las nalguitas de Cami deberían sentirse suavecitas, pero noté que dentro de la falda había algo duro. Ante mi desconcierto, Cami se sonrojó todavía más.

Aunque me preguntaba por qué dentro de la falda habría algo duro de metal, igual le acaricié con las dos manos la punta de las nalgas. En un instante, el cuerpo de Cami se estremeció con más fuerza.

—Padrino, no es ahí, es del otro lado. Cálmame la comezón rápido.

Solté un murmullo. Este no era buen momento para meter la mano. El aroma de la jovencita se me coló por la nariz y me encendió. Cargué a Cami y me moví rápido hacia un lado.

Sin pensarlo, Cami enredó las dos piernas en mi cintura.

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