5 Respuestas2026-02-10 02:59:50
Nunca dejo pasar la oportunidad de perderme por Madrid cuando quiero recargar la mirada con hormigón y geometría; Torress Blancas es mi primera parada obligada.
Esa torre de Francisco Javier Sáenz de Oiza tiene algo de criatura viva: los balcones redondeados y las ventanas en forma de cápsula crean texturas que cambian con la luz. Me encanta visitar por la tarde, cuando las sombras alargadas dibujan patrones en la fachada; es perfecto para observar cómo el brutalismo puede ser cálido y humano, no solo severo.
Después suelo caminar por la Ciudad Universitaria para ver pequeños edificios y pasillos que también muestran esa estética cruda y honesta. Si te atrae el contraste entre la escala monumental y el detalle íntimo, Madrid te da mucha tela que cortar; yo siempre vuelvo con fotos y la sensación de haber leído una novela de arquitectura.
5 Respuestas2026-02-10 02:50:31
Me encanta perderme por el Madrid de hormigón y buscar esos rincones donde el brutalismo todavía se exhibe sin complejos.
En Moncloa, especialmente en la zona de la Ciudad Universitaria, se concentra una buena porción de esa arquitectura: grandes volúmenes de hormigón, pasarelas y residencias estudiantiles que conservan esa estética cruda y funcional. Pasear por ahí te da la sensación de estar en una ciudad dentro de la ciudad, con edificios que hablan de los años 60 y 70 y que aún mantienen su presencia poderosa.
Otro sitio que frecuento es el área alrededor de Cuatro Caminos y AZCA, donde hay proyectos de oficinas y conjuntos residenciales con esa textura brutalista o derivados del movimiento. No todo es monolito: hay intercambios entre el hormigón visto y la modernización, lo que deja paisajes urbanos muy fotogénicos. Me encanta cómo, en algunos bloques de Vallecas y Carabanchel, el brutalismo se mezcla con la función social: no siempre es monumental, a veces es pura utilidad con carácter. Al final, esos barrios cuentan historias de crecimiento urbano que todavía se leen en la materia de sus fachadas, y volver siempre me deja con ganas de descubrir más detalles escondidos.
5 Respuestas2026-02-10 20:30:49
Recuerdo una sala de cine húmeda y fría donde los planos de hormigón dominaban la pantalla, y esa imagen se me quedó marcada para siempre.
En esos años notaba que el brutalismo no era solo una moda arquitectónica: era un personaje más en muchas películas españolas. Las fachadas de hormigón visto, las escaleras monumentales y los volúmenes austeros funcionaban como decorado moral, creando una atmósfera de frialdad y desarraigo. Los directores usaban esos espacios para subrayar tensiones sociales, burocráticas o políticas; el edificio se tragaba a las personas y el encuadre las volvía pequeñas, a menudo sin diálogo.
Hoy, cuando veo esas películas, me sigue emocionando cómo la textura del hormigón influye en la luz y el sonido: los ecos, las sombras duras, los ángulos geométricos. Esa estética brutalista ayudó al cine a narrar el choque entre modernidad y tradición, y aún conserva una fuerza visual que conecta con historias de soledad y control. Al final, siempre me quedo con la sensación de que el edificio habla tanto como los personajes.
5 Respuestas2026-02-10 12:03:04
He estado investigando varias escuelas y la verdad es que el tema del diseño brutalista sigue vivo en programas de arquitectura y diseño alrededor del mundo. Muchas instituciones no enseñan “brutalismo” como asignatura aislada, sino que lo incorporan en cursos de historia, teoría, conservación y talleres de materialidad. En Londres, la Architectural Association y el Bartlett (UCL) suelen ofrecer seminarios y studios donde se trabaja la fisicalidad del hormigón y la tectónica, además de módulos que analizan casos emblemáticos. También el Royal College of Art integra enfoques espaciales y materiales en posgrados de diseño.
En el continente europeo, ETH Zúrich y TU Delft tienen laboratorios de materiales y estructuras —con prácticas reales de encofrado y pruebas de concreto— que resultan ideales para quien busca aprender las técnicas que hicieron posible el brutalismo. En Estados Unidos, Columbia GSAPP, Harvard GSD y Pratt/Parsons abordan el movimiento desde la historia y la práctica contemporánea, con estudios que exploran reuso y conservación. Si te interesan textos, me gusta recomendar «Towards a Concrete Utopia» para entender el contexto histórico.
Al final, más que buscar una “escuela brutalista”, vale la pena mirar programas con énfasis en materialidad, conservación y diseño urbano: allí es donde el espíritu brutalista se enseña de forma práctica y crítica. Yo veo en esos cursos una mezcla potente entre teoría, taller y responsabilidad social.
5 Respuestas2026-02-10 02:47:59
Me apasiona leer cómo el hormigón habla de su época y la ciudad, así que me enganché a varios estudios que abordan el brutalismo en España desde ángulos distintos.
Para entender el movimiento en un marco internacional primero releí «El nuevo brutalismo: ¿ética o estética?» de Reyner Banham, que no es español pero sirve de marco teórico imprescindible; después busqué monografías y catálogos dedicados a figuras españolas que trabajaron con ese lenguaje material: las publicaciones sobre Miguel Fisac y Fernando Higueras suelen analizar técnica y contexto social, y aunque los títulos concretos varían, recomiendo buscar monografías y catálogos de exposiciones dedicados a esos autores. También hay recopilaciones en revistas especializadas como «Arquitectura Viva» y números temáticos de «El Croquis» que ponen en relación obra y crítica.
En conjunto, esos textos —el marco teórico internacional, las monografías de autores españoles y los catálogos/exposiciones— me ayudaron a ver cómo el brutalismo en España se mezcla con la política, la religión y la emergencia del Estado de bienestar; al final queda la impresión de un brutalismo adaptado y a veces muy poético, no solo una estética fría.