LOGINSiete años de amor… y Matías Salazar le pagó a Camila Miranda con frialdad, excusas y una “hermanita” adoptiva demasiado pegada a él. Camila aguantó, perdonó una y otra vez. Un día despertó enferma y sola: él volvió a correr a “cuidar” a su hermana, Daniela Lozano. Ahí Camila se hartó. Marcó a Samuel Velasco, aceptó el matrimonio arreglado y se fue sin mirar atrás, retomando su lugar como la heredera Miranda. Matías se burló, seguro de que ella regresaría… hasta que en una gala la vio brillar, tomada del brazo de Samuel, ya como su esposa. Y entonces sí: le cayó el veinte. Pero Samuel no pensaba soltarla… y si Matías se atrevía a tocarla otra vez, se lo iba a cobrar.
View MoreCamila no quería molestarlo por un asunto tan trivial; además, ya tenía trazado su siguiente movimiento y confiaba plenamente en su capacidad para ejecutarlo.—Sé que tienes tus propios planes, pero si te topas con algo que no puedas manejar, no intentes hacerte la fuerte.Samuel repetió las palabras y, bajo su voz habitualmente gélida, se filtró un matiz de ternura. Camila incluso dudó de sus propios oídos, preguntándose si no habría imaginado ese tono. Aun así, asintió suavemente.—Entendido. Gracias.Tras unas breves instrucciones, Samuel colgó. Camila se sintió un tanto descolocada ante esta atención repentina, a pesar de que él era su prometido. No obstante, el hambre apretaba, así que decidió dejar de darle vueltas y disfrutar de la comida.—Señorita, ¡este corte está increíble! ¡Es el mejor que he probado en mi vida! —exclamó Liliana—. Se nota que su prometido se preocupa mucho por usted.Samuel parecía estar al tanto de cada uno de sus movimientos; sabiendo que Liliana la a
—No hace falta que expliques nada —dijo Ricardo con una impaciencia evidente, dejando claro que no tenía intención de seguir escuchando.—Señorita Camila, sus patentes me interesan muchísimo. Si surge la oportunidad, me encantaría colaborar con usted para desarrollarlas. Aquí tiene mi tarjeta; si está dispuesta, puede contactarme en cualquier momento —añadió Ricardo, suavizando su expresión y mostrándose mucho más amable.Camila tomó la tarjeta de inmediato con una sonrisa elegante.—Gracias por su confianza, señor Ricardo. Lo consideraré seriamente.Ricardo se dio la vuelta y se marchó. Matías intentó seguirlo desesperadamente, pero la postura del otro hombre era más que clara. Al ver cómo Ricardo y su equipo subían al elevador, el rostro de Matías se tornó gris; estaba lívido de rabia y terminó dando un pisotón violento contra el suelo.—¡Camila! ¡¿Ahora sí estás satisfecha?! —rugió Matías, fulminándola con la mirada. El odio lo consumía y sus emociones estaban totalmente fuera de
—Esto no es asunto tuyo, ¡lárgate!Matías empujó a Liliana con tal violencia que la hizo caer al suelo. Aprovechó ese instante para atenazar la muñeca de Camila; el sonido de sus articulaciones bajo presión era aterrador, como si estuviera a punto de triturarle los huesos.—¡Matías, suéltame! —Camila se mordió el labio inferior por el dolor, forcejeando inútilmente para zafarse.—Camila, sabes lo mucho que este proyecto significa para mí. Sal ahí y aclara las cosas con Ricardo, ayúdame esta vez. —Si lo haces, te daré el treinta por ciento de las ganancias y lo que pasó con mi madre quedará en el pasado, ¡borrón y cuenta nueva!Matías intentó rodearla con sus brazos, dándole palmaditas en la espalda en un gesto forzado. Cambió su máscara a una de supuesta ternura, con los ojos desbordando una urgencia desesperada.La mirada gélida de Camila solo reflejaba asco y hartazgo; se encogió instintivamente para evitar cualquier contacto físico con él. Soltó una carcajada cargada de desprecio
El Grupo Élite había tenido un crecimiento imparable en los últimos años; definitivamente, la empresa de Matías no le llegaba ni a los talones.—Señor Salazar, tanto tiempo.—Señor Ricardo, es un honor. Por favor, tomen asiento.La reunión comenzó. A mitad de la presentación, Ricardo sacó a colación el tema de la propiedad intelectual.—Señor Salazar, supongo que no olvidaste lo que me prometiste. Hoy vine exclusivamente por las patentes de tu empresa —dijo Ricardo con un tono relajado y profesional.—Sabe que soy un hombre de palabra. Lo que le prometí ya está listo —Matías sonrió con suficiencia y le lanzó una mirada a su asistente para que entregara los documentos de las patentes.Los subordinados de Ricardo tomaron el archivo y comenzaron a revisarlo ahí mismo. Solo si las patentes estaban en orden se procedería a la firma del contrato. Tras unos minutos, el asistente de Ricardo frunció el ceño y su expresión se volvió sombría. Se inclinó hacia el oído de su jefe y le susurró una
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