Me puse a pensar en cómo las ideas de Max Weber siguen respirando en las calles y oficinas de España, y me entusiasma ver cuántas piezas siguen encajando.
He leído con devoción «La ética protestante y el espíritu del
capitalismo» y, aunque España no fue el epicentro protestante, el argumento de Weber sobre el espíritu racional del capitalismo ayuda a entender la transformacion económica reciente: la profesionalización, la búsqueda de eficiencia y la cultura del rendimiento en empresas, universidades y administración pública. Esa racionalización aparece en el día a día del teletrabajo, las métricas por objetivos y la obsesión por la productividad. Para mí esto explica por qué mucha gente siente que está dentro de una "jaula de hierro": reglas, horarios y procedimientos que deshumanizan.
Además, la tipología de autoridad de Weber —carismática, tradicional y racional-legal— es una lupa perfecta para mirar la política española. Se ven liderazgos carismáticos que se institucionalizan y acaban rutinizados, y una administración que aspira a ser racional-legal pero tropieza con
clientelismos y prácticas patrimoniales. En definitiva, Weber sigue siendo un manual práctico para leer el presente, y me deja con la curiosidad de cómo rescatar más humanidad dentro de esa racionalidad.