AMOR PARA DOS
Te juro que lo último que necesito escuchar antes de comer es que tuviste un trío con los dos hombres que amabas y que no te amaban.
—Uy, perdón —dijo la más joven—. Y es que, de verdad no quiero dejar a Alejo, sí lo amo, mucho, igual que a Sabino, pero me gustan ambos y quiero seguir con este absurdo juego; y los dos están dispuestos a hacerlo conmigo, así que me limito a disfrutar. Pero acabo de pensar que tal vez eso sea algo promiscuo, ¿no?
—No tal vez —respondió Marisa—, sí es una promiscuidad, y es peor si me lo presumes. ¡Qué asco, Meredith!