Mi íncubo desobediente
"Mi íncubo llegó hace un mes y todavía no deja que lo toque. ¿Por qué pasa esto?"
Escribí al asesor con el ceño fruncido, ya perdiendo la paciencia.
La respuesta del agente no tardó en llegar, redactada con esa cortesía empalagosa de siempre.
"Señorita, nuestras unidades suelen estar ansiosas por convivir con sus dueñas. Si el suyo se comporta así, lo más probable es que esté defectuoso. Si gusta, podemos tramitar el cambio ahora mismo. El nuevo le estaría llegando en una semana."
Me quedé mirando a Diego. Era perfecto, tal como lo había soñado siempre.
No podía con el pensamiento de devolverlo.
Decidí darle un voto de confianza y esperar unos días más. Si de plano no funcionaba, intentaría mandarlo a reparar.
Me encantaba demasiado como para rendirme así de fácil. Pero todo se fue al carajo durante la cena familiar.
Fue ahí donde sentí un nudo en el estómago al darme cuenta de que mi íncubo tuvo una reacción al ver a mi hermanastra... que estaba sentada justo frente a él.
En ese momento, caí en cuenta: el día que llegó el paquete, fue ella quien lo abrió.
Esa misma noche, volví a contactar al asesor.
"¿Me confirman que el nuevo llega en una semana? Olvídenlo, mándenme el reemplazo de una vez."