LOGIN"Mi íncubo llegó hace un mes y todavía no deja que lo toque. ¿Por qué pasa esto?" Escribí al asesor con el ceño fruncido, ya perdiendo la paciencia. La respuesta del agente no tardó en llegar, redactada con esa cortesía empalagosa de siempre. "Señorita, nuestras unidades suelen estar ansiosas por convivir con sus dueñas. Si el suyo se comporta así, lo más probable es que esté defectuoso. Si gusta, podemos tramitar el cambio ahora mismo. El nuevo le estaría llegando en una semana." Me quedé mirando a Diego. Era perfecto, tal como lo había soñado siempre. No podía con el pensamiento de devolverlo. Decidí darle un voto de confianza y esperar unos días más. Si de plano no funcionaba, intentaría mandarlo a reparar. Me encantaba demasiado como para rendirme así de fácil. Pero todo se fue al carajo durante la cena familiar. Fue ahí donde sentí un nudo en el estómago al darme cuenta de que mi íncubo tuvo una reacción al ver a mi hermanastra... que estaba sentada justo frente a él. En ese momento, caí en cuenta: el día que llegó el paquete, fue ella quien lo abrió. Esa misma noche, volví a contactar al asesor. "¿Me confirman que el nuevo llega en una semana? Olvídenlo, mándenme el reemplazo de una vez."
View MoreParecía que Diego finalmente había perdido el juicio. Se quedó ahí cabizbajo, balbuceando cosas sin sentido:—Si me devuelves, estoy acabado... No volveré a ver a Fiona... Nunca más...Sentí un escalofrío de pura repulsión. Si no quería que lo devolvieran, ese era su problema, ¿qué tenía que ver conmigo? ¿Y eso de que "no volvería a verme"? Definitivamente, ese par estaba para el psiquiátrico. No quería tener nada más que ver con ellos.Sin embargo, cuando Raina se aferró a que lo iba a devolver, Diego le encontró el punto débil y empezó a chantajearla. A ella no le quedó de otra más que doblar las manos y dejar que se quedara, al menos por ahora.Raina dejó de aparecer por la casa, pero Diego se instaló en la mansión. Se pasaba los días buscando la forma de acercarse a mí, pero Iván no se le despegaba ni un segundo.Mi nuevo íncubo es sumamente territorial y posesivo. Con él cerca, Diego ni siquiera se atrevía a dar un paso en mi dirección.Al ver la figura de Diego, que ya estaba e
—Te juro que esta vez no voy a ponerme con caprichos —dijo Diego, lanzándole una mirada cargada de humillación a Iván—. Incluso... acepto que te sirvamos los dos al mismo tiempo.A Iván se le encendieron las alarmas de inmediato y frunció el ceño, pero no dijo nada para llevarme la contraria.Al final del día, él es un íncubo. Por más que le hierva la sangre de celos, no tiene derecho a negarse. La última palabra siempre es mía.Me acaricié la barbilla mientras lo recorría con la mirada. Diego me veía con una esperanza patética, jurando que yo estaba considerando su oferta. No tenía idea de que solo estaba midiendo mis palabras para darle el golpe de gracia.—¿De verdad crees que soy una recolectora de basura? —solté con una risa seca—. ¿Quién te crees que eres para irte y volver cuando te dé la gana?Hice una mueca de asco y continué:—Si de verdad quisiera "experimentar" con varios a la vez, ¿no crees que preferiría comprarme un par de íncubos nuevos y puros que solo tengan ojos par
—Ama, no lo mire.Me mordisqueó suavemente la oreja, distrayéndome. Intenté apartarlo, pero sin mucha fuerza.—Ya basta, Iván. Regresa al cuarto.—Ni hablar.Frente a Diego, empezó a abrir lentamente el paquete que el botones acababa de entregar.—Tengo que revisar que la mercancía esté en buen estado.Cuando Diego reconoció el empaque, se puso más pálido que un fantasma. Me di la vuelta para entrar a la habitación, pero al segundo siguiente sentí un tirón doloroso en la muñeca. Me giré y vi que Diego me sujetaba del brazo con fuerza, mientras clavaba la mirada, lleno de odio y desesperación, en la caja de preservativos.Iván, que ya no aguantaba más, soltó una maldición por lo bajo. Sin pensarlo dos veces, le soltó un puñetazo que impactó de lleno en la cara a Diego.Solté un grito de sorpresa, pero no hice nada para detenerlo. En este mundo, bien se sabe que algunos íncubos callejeros, consumidos por el hambre, intentan seducir a las dueñas de otros.Normalmente lo hacen a escondi
—Si me hubiera tocado una ama así, mejor me pego un tiro —soltó Iván con malicia, alzando la voz para que Diego lo escuchara—. Definitivamente, no hay nadie como mi ama.Le di un empujoncito juguetón. No me sorprendía para nada el cambio de Raina.Siempre supe que su papel de mosquita muerta era puro teatro. Frente a mi padre fingía ser una blanca palomita, igualita a su madre, pero ahora que él no estaba cerca, lo más normal era que se le cayera la máscara.Iván siguió picándole la cresta a Diego:—¿Qué esperas para ir tras ella? Ten cuidado, no vaya a ser que tu dueña ya no te quiera.Poco después, alguien llamó a la puerta de la habitación. Iván estaba en la ducha y, al escuchar el sonido del agua, fruncí el ceño. No tenía la menor intención de abrir. ¿Quién más podría ser a estas horas? Pero el golpeteo era insistente, no paraba.—Ama, creo que son los preservativos que pedí, ¿podría recibirlos por mí? —gritó Iván desde el baño.Puse los ojos en blanco, pero me levanté a abrir.






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