Chapter: Capítulo 6 - cena familiar (con veneno)Hartley Street. Domingo 7 y lunes 8 de diciembre.Hay cenas de familia que se recuerdan con cariño. Y luego hay las que se sirven con sopa, perlas y sospechas.La tía Cordelia llegó a las siete en punto, que es la hora a la que llegan las personas que quieren que te sientas en falta. Sesenta y un años, media melena plateada, vestido negro y una sonrisa que jamás llegaba a los ojos. Olía a polvo de arroz y a algo muy antiguo y muy tenso, como un piano cerrado. Detrás entró su hijo Rupert, rubio, encantador y con un sudor frío que le llegaba hasta la corbata; olía a whisky escondido y a deudas.Y detrás de ellos, con un abrazo para cada uno, Julian Hale.—Tú debes de ser Edie. —Me sujetó por los hombros con una afabilidad de abuelo de tweed, barba gris y chaqueta con parches en los codos—. Por fin. Llevo semanas queriendo conocer a la mujer que ha conseguido que este chico ceda en algo sin consultarlo con tres comités.—Fue una negociación dura —dije—. Tuve que enseñarle las dos manos.
Última actualización: 2026-10-29
Chapter: Capítulo 5 - bergamota y otras tracionesReglas de convivencia con Elias Marlowe, que él no escribió pero ejecuta con rigor suizo:Uno. El té se sirve a las siete. Dos. Las tiras de papel se ordenan de la A a la Z, no «como te salga». Tres. Ninguna botánica sin supervisión puede tocar el aceite de rosa búlgara, que cuesta más que mi coche. Y cuatro, la más importante: jamás, bajo ninguna circunstancia, se comenta lo ocurrido en la cama esa primera mañana.Cumplimos la cuatro con una disciplina admirable. Con las otras tres tuve menos suerte.—Edie.—Estoy limpiando.—Estás empapando el Órgano.—Se me ha resbalado una probeta. Una. Chiquitita.—Era rosa de Bulgaria. —Elias cerró los ojos con la paciencia de un santo muy cabreado—. Treinta mililitros. Siete mil libras.—Te lo pago con intereses.—No tienes siete mil libras.—Pero tengo intereses. Los intereses son lo mío.Se frotó el puente de la nariz, esa nariz suya que, cuando yo no estaba cerca, era un adorno. Pasaba tres horas al día a un palmo de mí, con los ojos cerrado
Última actualización: 2026-10-20
Chapter: Capítulo 4 - la frontera de almohadasPOV EDIE Londres. Sábado, 22 de noviembre.Me casé con un desconocido un sábado a las doce, bajo una lluvia fina que me olió a plata, con un vestido de lana crema comprado en Taunton y unas botas que, por razones de dignidad, me negué a cambiar.No es el comienzo de cuento que había imaginado de pequeña. De pequeña imaginaba un tractor.El Registro Civil de Marylebone olía a flores marchitas, a moqueta y a nervios ajenos. Los testigos eran la señora Dunmore, que lloraba de pura felicidad sin sospechar nada, y la doctora Raman, una neuróloga de gafas de carey que nos miraba como quien ha recetado algo y espera los efectos secundarios. Elias llevaba un traje gris oscuro y la cara de quien va a un funeral. El suyo, supongo.—Estás pálido —le susurré.—Me casan tres veces por semana en mis pesadillas. Esta es la primera con público.—Qué raro. Me estabas cayendo peor.—Puedo mejorar.—No hace falta. Tampoco quiero que se te note.Winifred había viajado desde Somerset con su abrigo azul y s
Última actualización: 2026-10-18
Chapter: Capítulo 3 - cláusula oncePOV ELIAS Londres. Del 6 al 11 de noviembre.Si hay algo que he aprendido en tres años sin olfato es que una reputación sirve para esconder cualquier cosa. La mía es excelente.Según la prensa, soy el Marlowe de las mil novias. Una modelo en septiembre, una actriz en octubre, una heredera con yate en noviembre. Cenas con fotógrafos en la puerta, una mano en la espalda de alguien, sonrisa de catálogo. Lo que la prensa no sabe es que casi todas esas noches terminaban en la puerta de un taxi. Las invitaba a cenar para que nadie se fijara en que yo no olía la sopa. Un truco de ilusionista, nada más: ellas lucían bien en las fotos y yo no tenía que explicar por qué jamás acercaba una copa de vino a la nariz.Eso sí: nunca engañé a nadie. Nunca prometí nada que no pensara cumplir. Es la única regla que mi padre me dejó escrita en la sangre.Por eso, cuando la doctora Fairweather llamó el sábado y dijo «acepto, con condiciones», sentí algo que no tenía nombre. Se parecía bastante al pánico.
Última actualización: 2026-10-18
Chapter: Capítulo 2 - seis tiras de papel y una trampaPOV EDIE Londres. Martes 4 y miércoles 5 de noviembre. Hay silencios incómodos, y luego está el que se produce cuando acabas de llamar «decorado» al dueño de la casa en su propio laboratorio. Ese dura unos treinta segundos y se te queda grabado en las rodillas.—Hay seis muestras sobre la mesa —dijo Elias Marlowe, como si yo no hubiera dicho nada—. Quiero saber qué opina de ellas.—¿Es una entrevista o un examen?—Es una condición.—Qué encanto. Los exámenes me dan alergia.—Y a mí las visitas que se insultan solas. Estamos igualados.Seis tiras de papel descansaban en soportes de cristal, marcadas de la A a la F. Tropecé con mi propia mochila al acercarme, lo cual no ayudó a mi dignidad ni a la de la mochila. Agarré la primera tira y el dolor de cabeza se me fue de golpe, como si alguien hubiera abierto una ventana. Aquí sí. Aquí había un mundo entero.—A: bergamota de Calabria, de esta cosecha. B: pachulí de Indonesia, mal destilado; huele a sótano con aspiraciones. C: ámbar sinté
Última actualización: 2026-10-18
Chapter: Capítulo 1 - Gerald, doña Prudencia y otros inquilinosPOV EdieSomerset y Londres. 3 y 4 de noviembre.Tengo doscientos doce cristales rotos, una abuela testaruda y una deuda de cuatrocientas treinta mil libras. Si alguien quiere ponerle título a eso, propongo «Lunes».Las goteras del invernadero de Fernhallow tienen nombre. La de la tercera nave se llama Gerald, porque gotea con la puntualidad de un tío abuelo. La del rincón de los helechos es Doña Prudencia: cae siempre en el mismo sitio, despacio y con dignidad. Esa tarde, con la lluvia repiqueteando sobre el hierro de 1868, puse un cubo bajo Gerald, un trapo bajo Doña Prudencia y me prohibí mirar hacia arriba.Me llamo Edith Fairweather, pero solo me dice Edith el banco. Tengo veintiséis años, una trenza que se deshace sola, tierra bajo las uñas y un doctorado en botánica que sirve, sobre todo, para saber exactamente de qué se están muriendo mis plantas. También tengo la nariz más molesta del suroeste: huelo las tormentas con dos horas de antelación, y los resfriados antes que sus du
Última actualización: 2026-10-18