La Heredera Traicionada
¡Entraron ladrones a mi casa, salva a mi mamá!
Finalmente, el portón se abrió con un chirrido, y Xavier apareció en la entrada frunciendo el ceño. Llevaba un abrigo de cachemira, bien calentito, pero su rostro no tenía ni pizca de calidez. Me miró desde arriba mientras yo me encontraba arrodillada en la nieve, y, lentamente, dijo:
—Lucía, últimamente has mejorado mucho tu actuación. —Su tono era burlón y un tanto despectivo.