Mag-log in10 AÑOS… CAPÍTULO 43. Un pedal muertoByron encendió el motor y salió del estacionamiento. Durante los primeros minutos no ocurrió nada. Se incorporó al tráfico, avanzó varias calles y se detuvo en dos semáforos mientras Giulia le contaba algo sobre una galería.Entonces el tránsito disminuyó la velocidad delante de él. Byron pisó el freno, pero el pedal bajó demasiado sin que nada pasara. Frunció el ceño y volvió a pisarlo, pero el automóvil apenas redujo la velocidad.—Espera…“¿Qué pasa?” preguntó Giulia y Byron bombeó el pedal mientras un sudor frío empezaba a correrle por la nuca.Nada. El vehículo continuó avanzando.—Mierd@...“¿Byron?” Solo su voz bastó para que Giulia reaccionara.—Mis frenos están fallando —jadeó él y hubo un segundo de silencio absoluto hasta que la comprensión les llegó a los dos como una bofetada.“¿Qué?...”—No tengo frenos.“¡Byron!”Él cambió de carril evitando un automóvil.—No grites… tranquila, solo… necesito concentrarme.Al otro lado escuchó un ja
10 AÑOS… CAPÍTULO 42. Una mujer peligrosaByron supo que algo había ocurrido apenas puso un pie en la empresa Orlenko.La recepcionista lo miró y bajó los ojos demasiado rápido. Dos empleados que conversaban junto a los ascensores dejaron de hacerlo cuando pasó a su lado y, cuando llegó a la planta donde estaba el despacho de Giulia, tres personas lo observaron con una mezcla bastante evidente de curiosidad y diversión.—¿Tengo algo en la cara? —preguntó a la asistente de Giulia y esta carraspeó.—No, señor Blackwood.—¿En la ropa?—Tampoco.—Entonces aquí ocurrió algo —murmuró Byron achicando los ojos con sospecha y por la cara de la mujer supo que no se equivocaba.—Eso tendrá que preguntárselo a la señorita Orlenko.Byron respiró hondo y abrió la puerta de la oficina, donde Giulia ya estaba guardando sus llaves en el boso para salir.—¿Qué pasó? —fue su primera pregunta y ella levantó la cabeza.—Buenas tardes para ti también, amor.—Todo el mundo me mira raro. ¿De qué forma la cag
10 AÑOS… CAPÍTULO 41. Pérdidas peligrosasGiulia cerró lentamente la carpeta, que estaba revisando. Su asistente se acercó a la puerta y miró hacia afuera.—Jefa… hay una mujer montando un espectáculo en recepción.—Déjame adivinar —masculló Giulia entre dientes—: Amanda.—¿La loca que vi salir gritando detrás de ustedes en el funeral? —murmuró su asistente, porque aunque Giulia y Byron se habían largado de aquellos jardines, los gritos de Amanda habían perturbado un poco el funeral.Giulia levantó una ceja.—No deberíamos diagnosticar personas sin formación médica.—Entonces la señora emocionalmente creativa que está amenizando la recepción. Giulia se levantó.—Esa misma.Cuando salió al área principal, ya había empleados asomándose desde varios despachos. Amanda estaba en medio de recepción, enfrentándose a dos miembros de seguridad que intentaban hacerla retroceder. En cuanto vio a Giulia, señaló hacia ella.—¡Ahí está! —gritó histérica y Giulia cruzó los brazos.—¿Terminaste?—
10 AÑOS… CAPÍTULO 40. Una obsesión peligrosa—¡Yo te salvé! —gritó Amanda desesperada y Byron se soltó de su brazo con fiereza.—¡Ese parece ser tu maldito disco rayado desde hace diez años! —espetó Byron. Sí, es verdad que me salvaste, y después aprovechaste que no recordaba nada para esconderme la verdad.—¡Porque te amaba!—¡No! —gritó él y Amanda retrocedió.—. No me amabas. ¡Estabas obsesionada conmigo!—¡Tú también me amabas! No lo recuerdas porque el accidente...—¡Nunca te amé! —siseó Byron con impaciencia.—¡Sí lo hiciste!—No. —La voz de Byron se volvió todavía más fría—. No te amé porque no eras Gio, nunca lo fuiste. Intenté estar contigo y aun así mi corazón jamás te encontró de vuelta ¡porque no había nada que encontrar! Por eso terminamos en pocos meses.Amanda comenzó a llorar entonces, con ese llanto roto de quienes no pueden aceptar la realidad ni aunque la tengan delante.—Yo estuve contigo cuando despertaste. Yo te cuidé. Yo pasé meses intentando que volvieras a ser
Tuvo que ingeniárselas, siendo honestos. Giulia era de naturaleza escandalosa, y el estrés que habían acumulado todos esos días hacía que fuera mucho más difícil contenerse.Pero finalmente se quedaron acurrucados uno contra el otro, respirando pesadamente.—A partir de mañana nos quedamos en tu departamento o en el mío —advirtió Byron rodeándola con sus brazos.—Y a partir de pasado mañana vas a enterarte de muchas cosas difíciles —le dijo Giulia acariciando su pecho.—¿No puedes decírmelas ahora? —la interrogó él.—No son secretos míos para contar, pero te juro que no te estoy ocultando nada que vaya a lastimarte, ¿de acuerdo?Los ojos de Byron la recorrieron y enmarcó su rostro entre sus manos.—Giulia… con todo lo que hemos pasado, no creo que nuestra relación o lo que sea que tengamos aguante una mentira más —murmuró preocupado.—Lo sé, y te juro que este es el último secreto entre nosotros, solo… confía en mí, por favor.Byron dejó escapar un largo suspiro y la abrazó con fuerza
10 AÑOS... CAPÍTULO 38. Bajo techo enemigoEntrar a la mansión de los Orlenko era lo más cerca que Byron había esperado estar de ver un unicornio o algo así. Si era honesto, creía más en la posibilidad de ser arrastrado adentro con las piernas sangrando y salir embalsamado y listo para un horno de cremación. Pero contra todo pronóstico, su “suegro” le había palmeado la espalda un par de veces y fingía que no sabía por qué era él el que lo estaba sacando de la cárcel.Cuando llegaron, en los escalones ya los esperaba Giulia, con un vaso de vodka en las manos y la mirada de una depredadora que acaba de ver a la presa. A su lado una señora mayor se paraba con paciencia.—El vodka es para el cuerpo, el baño del cuarto de invitados es para el olor que traes en él —sentenció Giulia con tono educado, extendiéndole el vaso antes de mirar a la señora del servicio—. Mirtha te guiará, yo me encargaré de las llamadas difíciles.Byron tomó el vaso de su mano y lo bajó de un trago. Y los dos se que







