LOGINUVPO. CAPÍTULO 23. Celos, balas y otras desgraciasSloan miró largo rato el pequeño dispositivo que solo parecía un botón, pero terminó alargando la mano, tomándolo y colgándoselo en el cuello, por debajo de la camisa de diseñador.—Y yo que había pensado que estaba demasiado grandecito para un botón de pánico —murmuró.—Pero solo para que lo sepas, no aplica para cuando tengas hambre. ¡Si tus dedos pueden moverse para pedir comida a domicilio, no me llames! —le advirtió ella con una sonrisa, pero para ese momento ya Sloan había descubierto que existía algo mucho peor que convivir con Alejandra Rivera: que Alejandra Rivera dejara de prestarle atención real.Había cuidado, pero ni una insinuación sobre su vida sentimental. Ni un comentario acerca de sus trajes. Ni siquiera un miserable «Superboy».Y ese fue el momento exacto en que comenzó a buscar excusas para molestarla.—Tu nuevo departamento es demasiado grande para una persona que apenas llega a dormir —carraspeó un día mirando de
UVPO. CAPÍTULO 22. AmenazasAlejandra permaneció inmóvil. Había recibido amenazas antes. Muchas. Algunas incluso bastante creativas. Pero aquella era diferente. No estaban amenazándola por algo que hubiera hecho; la estaban utilizando para intimidar a Sloan.Quizás porque la veían constantemente a su lado. Quizás porque suponían que una mujer joven era su punto débil. O porque habían interpretado mal la relación entre ambos.Fuera cual fuera el motivo, alguien la estaba siguiendo.—¿En serio? ¿Le mete la lengua hasta el esófago a la Tiffany en su despacho, y a la que amenazan es a mí? —rezongó—. ¡Definitivamente estoy en un mal cálculo de riesgo – beneficio!Amplió una de las fotografías y examinó el ángulo desde el que había sido tomada. Después revisó las fechas y comparó los lugares. No parecía obra de un aficionado. Guardó copias de los mensajes en un archivo protegido y comenzó a elaborar una relación de los incidentes por si tenía que entregarlos a la policía.Su primera reacció
UVPO. CAPÍTULO 21. Un silencio irritanteAlejandra cerró la puerta de su nuevo apartamento y dejó la maleta junto al sofá. Durante varios segundos permaneció inmóvil, contemplando aquella sala perfectamente amueblada que había alquilado sin molestarse siquiera en visitar.Era bonita. Espaciosa, luminosa y tenía una vista magnífica de Manhattan. También le resultaba insoportablemente triste.—Maravilloso —murmuró—. Ahora tengo dos departamentos donde sentirme como una idiota.Se quitó los zapatos y caminó hasta los ventanales. Estaba furiosa, aunque no conseguía determinar exactamente con quién. Tiffany había sido desagradable, pero tenía derecho a sentirse incómoda. Sloan no había hecho nada malo al tener novia. Y ella, desde luego, no tenía ningún derecho a molestarse por aquello.Entonces, ¿por qué le daban ganas de romper algo cada vez que recordaba a aquella mujer sentada sobre sus piernas?Alejandra apretó los labios. Lo peor no había sido descubrir que Sloan tenía novia. Lo peor
UVPO. CAPÍTULO 20. Una mujer razonableAlejandra le sirvió café, tomó una tostada y comenzó a revisar los compromisos del día en su teléfono. Durante el trayecto al bufete se comportó con absoluta normalidad. Revisó el vehículo, comprobó la ruta y le recordó una reunión que había olvidado.Sloan, sin embargo, pasó toda la mañana esperando alguna reacción, pero no llegó ninguna.Alejandra saludó a los empleados, ayudó a una secretaria con unos documentos y permaneció discretamente en las reuniones. No hizo comentarios sobre Tiffany, no se burló de él y ni siquiera aprovechó una oportunidad perfecta para llamarlo aburrido. Aquella tranquilidad comenzó a resultarle a Sloan insoportable.Por la tarde tuvieron que acudir al juzgado para una audiencia relacionada con uno de sus casos más importantes. Al salir del edificio, varios periodistas los esperaban junto a las escaleras. El procedimiento había despertado considerable interés público y todos querían declaraciones del abogado.—¡Licenc
UVPO. CAPÍTULO 19. Una lista de acusacionesSloan vio el cambio en un solo segundo. Había visto a Alejandra sonreír demasiadas veces como para no saber cómo era su expresión cuando lo que estaba manteniendo era una sonrisa atornillada mientras evaluaba donde golpear.—Depende —respondió Alejandra—. ¿Te debo dinero?La mujer no sonrió.—Soy Tiffany, la novia de Sloan.Alejandra parpadeó, pero no dejó que viera que se sentía como si le hubieran dado una bofetada. Ella, que sabía absolutamente todo de los últimos casos de Sloan, no había tenido ni la más mínima idea de que Sloan tuviera novia.—¡Ah! Qué interesante —fue lo único que salió de su boca, porque sospechaba que si ese pequeño detalle había conseguido escapársele, tenía que ser porque él lo había escondido muy bien.—Sloan me ha contado tu situación —continuó Tiffany, y los nudillos de Alejandra se pusieron pálidos alrededor del asa de la bolsa—. Aunque debo admitir que me parece completamente inapropiado que una mujer adulta v
UVPO. CAPÍTULO 18. Una sorpresa desagradableSloan la contempló unos segundos, porque mientras él creía que estaba complemente ausente, ella había estado vigilando cada movimiento, precisamente porque cuando se hacía la distraída, nadie se fijaba en lo que hacía.Cada día resultaba más difícil seguir considerándola una irresponsable, y la verdadera prueba para sus nervios llegó cuando tuvo que presentarse nuevamente ante el tribunal. Sloan estaba defendiendo a un cliente en un procedimiento mercantil. Alejandra lo acompañó hasta la sala y planeaba ocupar discretamente un asiento reservado al público, pero el juez levantó la mirada de los documentos y se quedó inmóvil al reconocerla.—¡Señorita Rivera!Alejandra sonrió con una expresión rígida.—¡Su Señoría! ¡Qué gusto volver a verlo!El magistrado cerró los ojos durante un segundo, casi sudando frío.—¿Qué hizo esta vez?—¡Nada! Ahora soy guardaespaldas —aseguró ella enseñándole su credencial y el juez miró a Sloan como si se hubiera







