LOGINPara Valeria, casarse con Roberto era el sueño de toda su vida. Para él, solo era un contrato forzado para salvar el imperio de su familia. En el mismo altar, justo antes de sellar su unión, Roberto le dejó claro que nunca la amaría y que su corazón le pertenecía a Lucrecia, su amante. Durante tres largos años, Valeria soportó el rechazo, el desprecio cotidiano y la humillación constante de compartir un hogar con un esposo que prefería ignorarla por completo. Sin embargo, su capacidad de aguantar llega a su límite cuando Roberto comete la mayor de las afrentas: llevar a Lucrecia a vivir bajo el mismo techo. Frente al cinismo de su esposo y las burlas de la amante, Valeria decide que no sacrificará un segundo más de su dignidad. Rompiendo las cadenas de un matrimonio falso, exige el divorcio y camina hacia su libertad, sin imaginar que su partida desatará la peor de las tormentas para Roberto: el comienzo de un infierno de arrepentimiento cuando descubra que ha perdido a la única mujer que lo dio todo por él.
View MoreLa mañana siguiente comenzó con una inquietud que Roberto no había conseguido apartar de su mente. Apenas había dormido. Se había pasado buena parte de la noche revisando los documentos de su matrimonio, intentando encontrar alguna explicación a las palabras de Lucrecia y a las evasivas de su abogado.Sin embargo, cuanto más leía, más confundido se sentía.Había cláusulas que apenas recordaba y otras que, en su momento, no le habían parecido importantes. Ahora comenzaba a preguntarse si había cometido un grave error al firmar aquellos acuerdos sin prestarles la atención necesaria.Se levantó de la cama, se duchó y bajó a la cocina. La mansión estaba silenciosa. Desde que Valeria se había marchado, cada rincón parecía recordarle su ausencia.La empleada doméstica se acercó para servirle el desayuno.—Buenos días, señor Roberto. ¿Desea que le prepare algo más?—No, gracias. Solo un café.La mujer lo observó discretamente.—¿Se encuentra bien, señor? Lleva varios días sin descansar.Roberto
Roberto caminaba de un lado a otro de su despacho mientras esperaba que su abogado respondiera la llamada. La conversación con Lucrecia lo había dejado inquieto. No podía entender por qué ella había mencionado a su suegro ni qué relación podía tener con los problemas económicos que estaba atravesando.Lo que más le molestaba era la sensación de que todos parecían saber algo que él desconocía.Volvió a marcar el número. Esta vez, su abogado contestó después de varios tonos.—Buenas noches, Roberto. ¿Sucede algo?—Sí, sucede algo. Acabo de hablar con Lucrecia y me ha dicho unas cosas que necesito que me expliques.Hubo un breve silencio al otro lado de la línea.—¿Qué cosas?—Me dijo que le preguntara a mi abogado o a mi suegro por las verdaderas razones por las que necesito que mi matrimonio con Valeria continúe. ¿Puedes explicarme qué demonios significa eso?Su abogado tardó unos segundos en responder.—Roberto, creo que lo más conveniente es que hablemos personalmente. Hay asuntos que
Valeria pasó el resto de la tarde pensando en la llamada de su padre. Por más que intentaba distraerse, sus palabras volvían una y otra vez a su mente.¿Qué sabía sobre Roberto que ella desconocía? ¿Había algo más detrás de la crisis económica que estaba atravesando su esposo?Se sentía confundida. Después de todo lo que había vivido durante los últimos tres años, lo único que deseaba era poner fin a su matrimonio y comenzar una nueva vida, lejos de los recuerdos que tanto daño le habían causado.Sin embargo, la preocupación por el padre de Roberto y las misteriosas palabras de su propio padre habían despertado una inquietud que no conseguía ignorar.Miró el reloj. Ya no tenía sentido seguir posponiéndolo.Tomó su bolso, recogió las llaves del automóvil y salió rumbo a casa de sus padres. Necesitaba saber qué estaba ocurriendo, aunque en el fondo temía que aquella conversación le revelara algo que preferiría no descubrir.Mientras tanto, Roberto permanecía en el hospital, sentado junt
Un encuentro que despertó viejos sentimientosValeria permaneció mirando el mensaje durante varios minutos. Una parte de ella sentía compasión por Roberto, pero otra le recordaba todas las noches que había llorado por su culpa, las veces que había esperado una palabra cariñosa de su esposo y había recibido, en cambio, indiferencia y desprecio.No quería volver a sufrir. Ya había soportado demasiado y no estaba dispuesta a permitir que Roberto volviera a jugar con sus sentimientos.—Lindsay, creo que voy a ir al hospital —dijo finalmente.Su amiga la miró con incredulidad.—¿Estás segura de lo que vas a hacer, Valeria? Ese hombre te ha hecho mucho daño. No quiero que vuelvas a caer en sus juegos.—Lo sé, y no voy a regresar con él. Pero su padre no tiene la culpa de lo que pasó entre nosotros. Durante estos tres años fue parte de mi familia y le tengo cariño. Quiero saber cómo está.Lindsay suspiró. Conocía demasiado bien a su amiga y sabía que, a pesar de todo lo que había sufrido, segu


















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