LOGINPasado: 1 de enero de 2009
Kamila Estar de vacaciones de la escuela es maravilloso, principalmente por poder pasar cada segundo con mi mejor amigo, Felipe. La parte difícil es la gimnasia mental para esconder que mi corazón, de un tiempo a esta parte, cambió el ritmo de los latidos por él. Vivimos lado a lado y crecimos compartiendo el mismo mundo; yo siempre lo amé, pero antes era un amor manso, de hermano. Ahora, sin embargo, el sentimiento es urgente. No consigo dejar de imaginar cómo sería si nuestros dedos se entrelazaran y pudiéramos andar de manos dadas por ahí. Cuando él me sonríe, mis piernas pierden la firmeza. Siento el rostro arder en brasa y una sonrisa boba, totalmente involuntaria, surge en respuesta, como si mi alma lo saludara. Cuando me abraza al saludarme, mi corazón se acelera tanto que siento el pulso ecoar en la garganta; tengo miedo de que él pueda oír el ruido de mi secreto. Últimamente, me he preguntado en silencio: ¿será que su pecho también alberga ese mismo caos dulce? A veces, lo atrapo observándome por largos instantes, con una mirada profunda, sin que él note que me di cuenta. Cuando lo nota, desvía la mirada rápidamente, como si hubiera sido atrapado en flagranti. Hay horas en que dice que quiere preguntarme algo, y las famosas mariposas en el estómago parecen cobrar vida propia. Pero, acto seguido, siempre inventa un compromiso de última hora que lo hace posponer la pregunta. La última vez, dijo que necesitaba correr, pues estaba atrasado para ayudar a doña Maria, su madre, a traer las compras de la tienda del señor João. Le dije que una pregunta era algo simple y rápido de hacer; daría tiempo de preguntar y que yo respondiera si yo iba junto para ayudar. Entonces, él me miró serio y dijo que era algo muy importante, y que prefería dejarlo para el día siguiente, en mi fiesta de cumpleaños. Él aceptó mi ayuda, siempre y cuando yo no cargara mucho peso —un cuidado que siempre me hace derretir. Más tarde, acostada en mi cama, escribí sobre mi día en el diario y destaqué, en letras mayúsculas, las palabras: PREGUNTA IMPORTANTE. Esas dos palabritas fueron mi único pensamiento hasta el amanecer. Desperté un poco desorientada; ni sé a qué hora el sueño finalmente me venció. Oigo la voz que me despertó viniendo del vasito colgado al lado de mi ventana. Es nuestro "teléfono inalámbrico". Ni sé de dónde surgió ese nombre, ya que usamos apenas dos vasitos y un cordel estirado, pero para nosotros, es el canal más seguro del mundo. Fue mi padre quien nos enseñó. Dijo que, si perforábamos los vasitos y atravesábamos el hilo, daría para conversar como si fuera un aparato de verdad. Y funciona, aunque la voz salga graciosa, con un eco metálico. Una sonrisa surge en mi rostro mientras camino hasta la ventana, aún con el calor de las mantas en la piel. — Buen día, Lipe —hablo en cuanto alcanzo mi "teléfono". — Buen día, Mila. No quise tocar a la puerta para no despertar a tus padres, pero necesitaba ser el primero en desearte feliz cumpleaños —dice él, mirando directamente a mis ojos a través del vidrio de la ventana de al lado. Suelto el vasito y corro hasta la puerta, el corazón ya en fiesta. Cuando abro, él está allí, parado, con una sonrisa tan sincera que parece haber sido esculpida para iluminar el día. En las manos, sostiene una margarita de pétalos blancos, recogida en el frescor de la mañana. Desde que tengo uso de razón, él es el primero en felicitarme, y aquella margarita blanca, simple y perfecta, se volvió mi regalo favorito en el mundo. Todos los años él me da una. Son cultivadas con celo por su madre en el patio y nadie tiene permiso para arrancarlas. Solo existe una excepción en 365 días: mi cumpleaños. Eso vuelve el gesto sagrado. Él me entrega la flor y me envuelve en un abrazo. Esa es siempre la mejor parte. Puede parecer extraño, pero siento que el universo encaja cuando estoy allí. Su abrazo es mi lugar seguro, donde me siento querida y protegida de todo. Es siempre una pequeña despedida cuando el abrazo termina, pero mantengo la sonrisa, guardando su calor conmigo. — ¡Feliz cumpleaños! Ahora ve allá, antes de que despertemos a tus padres. Yo me voy a trabajar ahora, tengo algo importante que comprar más tarde —dice él, guiñándome un ojo con un brillo misterioso en la mirada. En seguida, besa mi frente con ternura y se va, dejando un rastro de expectativa en el aire.Felipe La oscuridad que me rodeaba no era un vacío completo, sino un peso denso, claustrofóbico, como si estuviera sumergido en aguas profundas, oscuras y tibias. Intentaba desesperadamente moverme, intentaba forzar mis párpados a abrirse, pero las órdenes de mi cerebro simplemente se perdían por el camino, muriendo en el vacío de mi propio cuerpo inerte. Había una frustración agonizante en eso, un desespero sordo que me arañaba el pecho a cada intento fallido de mover un solo dedo, de soltar un susurro, de probar que yo todavía estaba aquí dentro. El miedo a quedarme atrapado para siempre en ese limbo me sofocaba. Sin embargo, en medio de aquella niebla gris, fría e desconocida, algo comenzó a cambiar. Una vibración suave rompió el silencio de mi aislamiento. Era una voz. Al principio, parecía distante, un sonido distorsionado flotando por encima de la superficie del agua donde me estaba ahogando, pero, gradualmente, el sonido se fue volviendo más nítido, adquiriendo contornos, pe
Kamila Le acaricié la mejilla con el pulgar, sintiendo un nudo en la garganta que volvía a formarse, dificultando un poco mi respiración y haciéndome contener las lágrimas para no llorar mientras hablaba. Su rostro, tan estático y tranquilo, parecía burlarse de mis dulces recuerdos, como si dijera que aquello era pasado y que nada volvería a ser igual. Deseaba profundamente ver cualquier señal de reacción, un temblor en los párpados, un suspiro aunque fuera, algo que me dijera que él estaba allí, pero solo recibí silencio como respuesta, y la decepción pesó una vez más sobre mis hombros. — Y el día de la presentación, Dios mío, mi corazón parecía que se me iba a salir por la boca de tanto nerviosismo, sentía que las piernas me temblaban y las manos se me llenaban de sudor antes de subir al escenario. Cuando se abrieron las cortinas y tuve que acostarme en la cama improvisada para fingir que estaba dormida, estaba temblando tanto que pensé que iba a tirar las almohadas. Pero entonce
KamilaEl reloj en la pared de la sala parecía burlarse de mí. El tic-tac marcaba dos horas de retraso, un tiempo mucho mayor que los cuarenta minutos habituales que ellos a veces se retrasaban para volver de las rutas. El almuerzo ya estaba listo, el olor a condimento flotaba por la casa, pero mi pecho dolía con una inquietud que yo no podía ignorar.Mis sobrinos jugaban en el patio, mi padre intentaba distraerlos, pero hasta él miraba hacia el portón cada cinco minutos. Felipe nunca tardaba tanto sin enviar un mensaje, y ni siquiera Danilo le avisó a mi hermana que se iban a retrasar.Escuché el ruido de la bota de Letícia acercarse a donde yo estaba parada, intentando nuevamente llamar a Felipe, el celular sonaba hasta cortar. Respiré hondo, pero un escalofrío me dijo que algo estaba terriblemente mal.Cuando ella entró en mi campo de visión, su expresión era pesada, demasiado seria para una tarde de domingo en familia. Peor aún, en sus manos, sostenía un maletín de primeros auxili
DaniloEstábamos en la última vuelta del entrenamiento. El sol ya estaba alto, y la mañana había sido excelente, pero, de repente, una tensión extraña flotó en el aire. Yo venía justo detrás de Felipe, a pocos metros de distancia, acompañando cada movimiento suyo en la pista. Conozco su ritmo y sabía lo enfocado que estaba para el circuito del próximo año. Todo parecía marchar perfectamente bien, hasta que la tragedia se dibujó ante mis ojos en una fracción de segundo.En la entrada de la curva, vi al piloto que estaba justo delante de mí alterar su trayectoria de forma deliberada. No fue una disputa de espacio común; fue un movimiento premeditado. Él tiró la moto hacia el lado y golpeó a propósito la rueda trasera de Felipe. El sonido del impacto y la fricción violenta resonaron por la pista. No tuve cómo avisar, aunque mi grito fue alto, el rugido de los motores hizo imposible que alguien me escuchara.La moto de Felipe perdió la estabilidad en el mismo instante. El manubrio giró en
FelipeLa mañana estaba perfecta, sin que Kamila se diera cuenta, probé en su dedo mientras ella dormía el anillo que compré para hacerle la propuesta de matrimonio.Verlo allí en su mano llenó mi pecho de una satisfacción enorme y renovó mi energía para el día.Guardei o anel na gaveta do criado-mudo ao lado da cama dela, que usamos quando estamos na casa dos pais dela, dei um beijo leve na testa da minha mulher e fui tomar café.-> Guardé el anillo en el cajón de la mesa de noche al lado de su cama, la que usamos cuando estamos en la casa de sus padres, le di un beso ligero en la frente a mi mujer y fui a tomar café.El sol todavía estaba saliendo, tiñendo el cielo de tonos anaranjados y dorados cuando el motor de mi moto rugió, rompiendo el silencio de aquella mañana fría. Sentir la vibración de la máquina entre mis piernas y el viento cortando mi pecho era una sensación de libertad absoluta. Estaba entrenando con una determinación que nunca había sentido antes, enfocado en dar lo
KamilaA few days have passed since our visit to the clinic, and it seems life around us has gained a new rhythm, a softer and more measured melody. Looking at my routine today, I realize that, without even noticing the exact moment the transition happened, Felipe’s house is, in fact, my home.Little by little, I brought my things over. First were the clothes I wear most and some books I love to read on rainy afternoons. Then, the beauty products and work items that were scattered across the desk. Now, almost half of the wardrobe is already occupied by pieces that carry my scent and his mixed together.We have not spent a single night apart for weeks, and this closeness has only made our connection deepen even further. Our house is turning into a real home, and every detail of this fills me with an indescribable warmth in my chest.In the baby’s room, the environment is already starting to gain soul and shape. We decided together that the more specific decoration will wait until we ar







