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Capítulo 2

last update publish date: 2026-03-18 19:20:43

Felipe

Hoy es el día más importante de mi vida, hasta ahora. El cumpleaños de 13 años de Kamila. Hace años, mi regalo ha sido solo una margarita. Recuerdo la primera vez que recogí una; yo tenía siete años y mi madre las vigilaba como tesoros. Ella me dejó de castigo todo el día por haber tocado el cantero, pero, más tarde, ella vio a Kamila con la flor en el cabello y todo cambió.

Mi madre me preguntó si la había arrancado para ella y yo confesé que sí. Como era su cumpleaños y yo no tenía monedas en el bolsillo, quería dar algo que fuera tan bonito como ella. Pedí disculpas por desordenar el jardín, y la mirada de mi madre se ablandó. Ella decretó: la única excepción para recoger una flor era el cumpleaños de Mila.

Este año, sin embargo, una flor no es suficiente. Quiero algo que ella pueda guardar, un símbolo tangible de lo que siento. Siempre la he amado, pero el sentimiento maduró, ganó cuerpo y me asusta a veces. La amistad y la admiración que siento por ella solo crecen. Siento una voluntad inquebrantable de protegerla, de ser el arquitecto de sus sonrisas y el pañuelo para sus lágrimas.

Para eso, trabajé duro. Tomé un carrito de helados para vender en la plaza durante las vacaciones, bajo el sol caliente. He estado juntando cada centavo hace días. Dos semanas atrás, fui a la joyería y encargué un anillo de plata, simple, pero con un colgante de corazón y nuestras iniciales grabadas. No sé cuál será su reacción, pero mi pecho rebosa la esperanza de que ella sienta lo mismo. Hoy voy a buscar el anillo para pedir que sea, oficialmente, mi novia.

Mis manos están sudando tanto que apenas consigo sujetar las cosas. La ansiedad es un peso en el estómago y el miedo al rechazo es una sombra que insiste en seguirme. ¿Y si ella no quiere? ¿Y si arruino la amistad más preciosa que tengo? Perder a Mila sería como perder el suelo; ella es mi vínculo, la chica que hace que todo parezca correcto en el mundo.

Me puse la camisa que más le gusta: negra, de Charlie Brown Jr. Es nuestra banda favorita y ella siempre dice que el negro me queda bien. Paso las manos nerviosamente por los bolsillos, comprobando por décima vez si la cajita de terciopelo todavía está allí. Respiro aliviado al sentir el volumen. Al llegar a su casa, soy recibido por Doña Joana, quien me sonríe con complicidad.

Sus padres ya lo saben todo. Pedí permiso antes, como manda el respeto que les tengo. Dijeron que, siempre que el cariño fuera sincero y la amistad continuara siendo la base de todo, nos apoyaban. En el fondo, ellos ya esperaban que este día llegaría.

Cuando ella aparece, mi aire se escapa por un segundo. Kamila camina en mi dirección con una sonrisa radiante, usando un vestido rosa. Sé que ella prefiere ropas más ligeras, pero usa el vestido para agradar a su madre; ese sacrificio silencioso es solo una más de las cosas que me hacen amarla.

Como en todos los años, la margarita que le di por la mañana está sujeta en su cabello. Miro hacia un lado y veo a mis padres llegando; la mirada de mi padre es un incentivo silencioso de "ve allá, muchacho", mientras que la de mi madre transmite la paz de que todo saldrá bien.

Me acerco a ella y, de repente, las palabras parecen haber huido de mi mente. El discurso ensayado se atora en la garganta. El miedo a parecer un idiota es grande, mas la voluntad de tenerla a mi lado es mayor. Carraspeo, respiro hondo y dejo que el corazón hable antes de que la valentía me abandone.

— Mila, sabes que siempre te he admirado. Mi día comienza y termina contigo en mis pensamientos. Cuando no te veo, parece que el sol olvidó nacer. El amor que siento por ti hoy es más fuerte, creció junto con nosotros. A veces, siento que tú también notas eso... Por eso, me gustaría preguntar: ¿aceptas ser mi novia?

Solté todo, pero el silencio que sigue parece eterno. La ansiedad me consume. Recuerdo el anillo. Con las manos trémulas, retiro la cajita del bolsillo, la abro y la extiendo en su dirección. El brillo de la plata refleja la luz de la tarde.

— ¡Sí, quiero ser tu novia! —responde ella, con la voz entrecortada y una sonrisa que borra todos mis miedos. Ella extiende su mano delicadamente.

Aún temblando, deslizo el anillo en su dedo. Llevo su mano derecha a mis labios y deposito un beso suave allí, sellando la promesa. Siento en el fondo del alma que este es el inicio de nuestra historia real. Pero, por un breve segundo, un escalofrío extraño recorre mi espalda, como un presentimiento de que el destino puede probar este lazo. Ahuyento el pensamiento. Hoy, el mundo es solo nuestro.

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