LOGINDías Actuales
Abril de 2017 Kamila Tomo las llaves de mi Fiat Uno negro de encima del escritorio del cuarto y salgo apresurada. Hoy, necesito llegar más temprano a la guardería donde hago mi pasantía; quiero envolver los chocolates que compré para los niños en las cajitas personalizadas que encargué, cada una con la foto de ellos. Pasé el fin de semana pasado sumergida en el cuidado de hacer las máscaras de conejito que ellos usaron para los retratos. Necesito buscar las cajitas y finalizar los envoltorios con los huevitos y paletas de chocolate que preparé hoy para ellos. Estoy amando mi pasantía. Me apegué a aquellos niños instantáneamente, con un cariño que desborda. Cada vez más, siento en el pecho que elegí la profesión correcta. Pensé mucho en las opciones y en todas las áreas para las que tengo aptitud, pero, desde la adolescencia, esa voluntad de ser pedagoga ya pulsaba en mí. Llevo al coche la caja de poliestireno con los chocolates; no puedo dejar que se derritan, pues el sol ya castiga desde temprano. Enciendo el sonido y sintonizo la Jovem Pan —siempre pone canciones buenas—. De repente, la voz de Chorão invade el coche con "Tudo que ela gosta de escutar". ¡Amo esa canción! Debo parecer una loca a las nueve de la mañana, con los vidrios bajos, cantando a pleno pulmón sola: "Fim de festa, olho pra ela, ela sorri pra mim / Me secou a noite inteira, ela só pode estar a fim / Ela tem carro importado e telefone celular / Eu só tenho uma magrela e um apê no BNH / Eu falo tudo que ela gosta de escutar / Deve ser por isso que ela vem me procurar..." Sonrío para mí misma, ignorando la mirada de una vecina que me observa como si me hubiera vuelto loca. Mi teléfono suena a continuación. Me detengo en el arcén para atender, pero, al mirar la pantalla, siento un peso en el estómago, un desánimo inmediato al ver quién llama. Es Hugo, mi novio. Últimamente, se ha vuelto invasivo e insistente sobre el sexo, y yo me niego terminantemente a ser presionada solo por estar en una relación. — Buenos días, Hugo —atiendo, nutriendo la esperanza vana de que haya olvidado el asunto. Pero la decepción viene rápido; la discusión va a continuar. — Buenos días, Kamilinha. ¿Estás trayendo tus ropas para pasar el fin de semana? —dice él, con esa voz ronca de quien acaba de despertar. — No las traigo. Ayer, cuando preguntaste por tercera vez, dije que no iría a pasar el fin de semana contigo. — ¡Qué porquería, Kamila! ¿Para qué esperar más? Estamos juntos hace un mes y hasta ahora me estás dejando en la sequía —reprocha él, con el tono de voz subiendo, agresivo. — Si tu problema es la sequía, entonces bebe agua. No estoy hecha de líquido —respondo, irritada por el tono de posesión que usó conmigo. — No vengas con bromitas. Sabes que me estás viendo la cara de tonto. Los tipos en la facultad ya se están riendo de mi cara. Dicen que es más fácil que yo vuele a que consiga abrir tus piernas. Escucho aquello indignada, sintiendo la sangre hervir. En este mes, él nunca había mostrado esa faceta. Antes, era agradable, cariñoso y atento, pero el "personaje" cayó ante la insistencia sexual. Yo no tengo obligación de ir a la cama con nadie por presión. No importa si hace un mes o un año; simplemente no me sentí segura para dar el siguiente paso. Y ahora, después de esta humillación, ese paso nunca sucederá. — Pues espero que tengas más suerte volando, entonces. No quiero nada más contigo. Aprende a tratar a una mujer antes de querer que ella se lance a tu cama. Adiós, Hugo. Le cuelgo en la cara, sin dar espacio para réplicas. Me tomo algunos minutos para calmarme, respirando hondo. No quiero llegar a la guardería cargando esta energía pesada; los niños no merecen mi mal humor. Pienso que fue una liberación terminar de una vez. Él mostró un lado sombrío que yo no conocía, y no estoy dispuesta a pagar para ver qué más esconde sobre lo que piensa de las mujeres. Quedó claro: para él, yo era solo un trofeo, un juguete para exhibir a los amigos.Felipe La oscuridad que me rodeaba no era un vacío completo, sino un peso denso, claustrofóbico, como si estuviera sumergido en aguas profundas, oscuras y tibias. Intentaba desesperadamente moverme, intentaba forzar mis párpados a abrirse, pero las órdenes de mi cerebro simplemente se perdían por el camino, muriendo en el vacío de mi propio cuerpo inerte. Había una frustración agonizante en eso, un desespero sordo que me arañaba el pecho a cada intento fallido de mover un solo dedo, de soltar un susurro, de probar que yo todavía estaba aquí dentro. El miedo a quedarme atrapado para siempre en ese limbo me sofocaba. Sin embargo, en medio de aquella niebla gris, fría e desconocida, algo comenzó a cambiar. Una vibración suave rompió el silencio de mi aislamiento. Era una voz. Al principio, parecía distante, un sonido distorsionado flotando por encima de la superficie del agua donde me estaba ahogando, pero, gradualmente, el sonido se fue volviendo más nítido, adquiriendo contornos, pe
Kamila Le acaricié la mejilla con el pulgar, sintiendo un nudo en la garganta que volvía a formarse, dificultando un poco mi respiración y haciéndome contener las lágrimas para no llorar mientras hablaba. Su rostro, tan estático y tranquilo, parecía burlarse de mis dulces recuerdos, como si dijera que aquello era pasado y que nada volvería a ser igual. Deseaba profundamente ver cualquier señal de reacción, un temblor en los párpados, un suspiro aunque fuera, algo que me dijera que él estaba allí, pero solo recibí silencio como respuesta, y la decepción pesó una vez más sobre mis hombros. — Y el día de la presentación, Dios mío, mi corazón parecía que se me iba a salir por la boca de tanto nerviosismo, sentía que las piernas me temblaban y las manos se me llenaban de sudor antes de subir al escenario. Cuando se abrieron las cortinas y tuve que acostarme en la cama improvisada para fingir que estaba dormida, estaba temblando tanto que pensé que iba a tirar las almohadas. Pero entonce
KamilaEl reloj en la pared de la sala parecía burlarse de mí. El tic-tac marcaba dos horas de retraso, un tiempo mucho mayor que los cuarenta minutos habituales que ellos a veces se retrasaban para volver de las rutas. El almuerzo ya estaba listo, el olor a condimento flotaba por la casa, pero mi pecho dolía con una inquietud que yo no podía ignorar.Mis sobrinos jugaban en el patio, mi padre intentaba distraerlos, pero hasta él miraba hacia el portón cada cinco minutos. Felipe nunca tardaba tanto sin enviar un mensaje, y ni siquiera Danilo le avisó a mi hermana que se iban a retrasar.Escuché el ruido de la bota de Letícia acercarse a donde yo estaba parada, intentando nuevamente llamar a Felipe, el celular sonaba hasta cortar. Respiré hondo, pero un escalofrío me dijo que algo estaba terriblemente mal.Cuando ella entró en mi campo de visión, su expresión era pesada, demasiado seria para una tarde de domingo en familia. Peor aún, en sus manos, sostenía un maletín de primeros auxili
DaniloEstábamos en la última vuelta del entrenamiento. El sol ya estaba alto, y la mañana había sido excelente, pero, de repente, una tensión extraña flotó en el aire. Yo venía justo detrás de Felipe, a pocos metros de distancia, acompañando cada movimiento suyo en la pista. Conozco su ritmo y sabía lo enfocado que estaba para el circuito del próximo año. Todo parecía marchar perfectamente bien, hasta que la tragedia se dibujó ante mis ojos en una fracción de segundo.En la entrada de la curva, vi al piloto que estaba justo delante de mí alterar su trayectoria de forma deliberada. No fue una disputa de espacio común; fue un movimiento premeditado. Él tiró la moto hacia el lado y golpeó a propósito la rueda trasera de Felipe. El sonido del impacto y la fricción violenta resonaron por la pista. No tuve cómo avisar, aunque mi grito fue alto, el rugido de los motores hizo imposible que alguien me escuchara.La moto de Felipe perdió la estabilidad en el mismo instante. El manubrio giró en
FelipeLa mañana estaba perfecta, sin que Kamila se diera cuenta, probé en su dedo mientras ella dormía el anillo que compré para hacerle la propuesta de matrimonio.Verlo allí en su mano llenó mi pecho de una satisfacción enorme y renovó mi energía para el día.Guardei o anel na gaveta do criado-mudo ao lado da cama dela, que usamos quando estamos na casa dos pais dela, dei um beijo leve na testa da minha mulher e fui tomar café.-> Guardé el anillo en el cajón de la mesa de noche al lado de su cama, la que usamos cuando estamos en la casa de sus padres, le di un beso ligero en la frente a mi mujer y fui a tomar café.El sol todavía estaba saliendo, tiñendo el cielo de tonos anaranjados y dorados cuando el motor de mi moto rugió, rompiendo el silencio de aquella mañana fría. Sentir la vibración de la máquina entre mis piernas y el viento cortando mi pecho era una sensación de libertad absoluta. Estaba entrenando con una determinación que nunca había sentido antes, enfocado en dar lo
KamilaA few days have passed since our visit to the clinic, and it seems life around us has gained a new rhythm, a softer and more measured melody. Looking at my routine today, I realize that, without even noticing the exact moment the transition happened, Felipe’s house is, in fact, my home.Little by little, I brought my things over. First were the clothes I wear most and some books I love to read on rainy afternoons. Then, the beauty products and work items that were scattered across the desk. Now, almost half of the wardrobe is already occupied by pieces that carry my scent and his mixed together.We have not spent a single night apart for weeks, and this closeness has only made our connection deepen even further. Our house is turning into a real home, and every detail of this fills me with an indescribable warmth in my chest.In the baby’s room, the environment is already starting to gain soul and shape. We decided together that the more specific decoration will wait until we ar







