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Capítulo 2

Author: Ignacia Fabara
—Qué lástima, la trajeron al hospital demasiado tarde. La cirugía de la paciente fue un éxito, pero no pudimos salvar al bebé.

—¿Y su familia?

—No hay familia, la paciente firmó para la operación.

Después de que se le pasó la anestesia, Sofía todavía traía el susto de casi haberse muerto cuando escuchó las voces del doctor y la enfermera a su lado. Sin poder evitarlo, puso su mano en su vientre.

Era verdad lo que dijo el doctor, ya le habían quitado al bebé.

Su panza que antes estaba un poco abultada ahora estaba plana.

Ya no podía sentir esa vida latiendo dentro de ella.

Sabía que en ese momento debería ponerse a llorar, pero no sabía por qué no le salía ni una lágrima.

Tal vez ya había llorado demasiado.

Al verla despierta, el doctor le preguntó cómo se sentía, y antes de irse la consoló un par de veces diciéndole que cuidara bien su cuerpo, que tarde o temprano volvería a tener hijos.

Sofía solo asintió.

No le explicó que no volvería a tener hijos, que ese bebé lo había robado, igual que robó su matrimonio.

En su momento logró casarse con Alejandro, el hijo consentido de los García de Aetheria, pero él pensó que era manipuladora y la odiaba tanto que la misma noche de la boda se fue bien llamativo a un club para humillarla a propósito.

Se volvió la burla de toda Aetheria.

En cinco años de casados, su actitud ya no era tan pesada como antes. A veces cuando la gente se burlaba mucho de ella, Alejandro intervenía para dejarla en un buen lugar.

Como dice el dicho, con solo verse ya nace algo de cariño. Tal vez después de hacerse pasar por esposos tanto tiempo, viéndose todos los días, sí podía haber algo de consideración.

Pero él le había dejado algo bien claro.

Que con ella solo sentía deseo, no amor, y que jamás le iba a permitir tener un hijo suyo.

Por eso siempre usaban protección sin falta, y aunque a veces por la prisa no había nada a la mano, después le daba pastillas del día siguiente.

Todos estos años Sofía cumplió con sus deberes como su esposa, cuidándose mucho de seguir sus reglas.

Pero hace tres meses, una noche, Alejandro llegó oliendo a trago, estaba bien borracho, y la obligó a acostarse con él.

Sin protección.

Después, cuando Sofía quiso tomar la pastilla, vio que la caja estaba vacía. Iba a ir a la farmacia a comprar más, pero luego con tantos pendientes se le olvidó.

Pensó que una sola vez no pasaría nada, pero quién iba a pensar que sí iba a quedar embarazada.

Estuvo nerviosa mucho tiempo, lo escondió durante casi tres meses antes de decidir contarle ese día.

Pensó que, con el bebé, su relación con Alejandro mejoraría, pero justo cuando iba de camino a la cita pasó el accidente.

Su madre había muerto hace tiempo, y los García no la quieren.

Antes de la operación, alcanzó a ver que el doctor agarró su celular para llamar a Alejandro y mandarle el mensaje del accidente. Alejandro ni siquiera contestó; al final, como si le molestara, apagó el teléfono.

Sofía sabía que él no la quería, pero no pensó que la odiara tanto.

Mirando el techo blanco y sin vida del hospital.

Cinco años de matrimonio, se sintieron como un sueño bien largo.

Sofía quiso ir al baño, pero la gente del hospital andaba muy apurada, no tenía quién la ayudara, solo pudo arrastrarse con el suero muy lentamente hacia el baño.

Sofía solo agradeció que la bata del hospital no tuviera botones.

Pero algo que normalmente le tomaría unos minutos, le llevó casi media hora.

Cuando salió del baño, lista para volver, de la oficina del hospital al lado escuchó una voz de mujer.

Ese tono conocido hizo que se quedara parada en seco.

—Alejandro, solo me lastimé un poquito el pie, ya te dije que no es nada, estás exagerando.

La voz era suavecita y tierna.

El tono no era de reclamo, más bien sonaba como haciéndose la mimada.

Su cara además era pura e inocente, con rasgos bonitos, hasta ella siendo mujer no podía evitar sentir ganas de protegerla.

Esta vez la vio bien claro, esa persona era sin duda Florencia, el primer amor de su esposo.

No sabía si en ese momento Alejandro de verdad no la vio, o si la vio, pero no le importó, dejándola que se arreglara sola.

Pero ya no importaba.

Sabía bien que, en estos años de matrimonio, una de las razones de su comportamiento ridículo con ella era por Florencia.

Aunque el conflicto no hubiera pasado ahora, algún día todo esto iba a explotar de todas formas.

—Florencia, es que Alejandro está preocupado por ti. No tienes idea, cuando llegué me llamó tan nervioso que hasta le temblaba la voz, me dijo que te agendara todos los exámenes, creí que había pasado algo grave.

El doctor joven a su lado bromeaba con ella.

Era Javier Rodríguez, amigo de la infancia de Alejandro, y también testigo de la relación entre Alejandro y Florencia.

Florencia se puso un poco roja y levantó la cara para ver al hombre que la abrazaba todo preocupado.

¿Qué mujer no se enamoraría de esa cara? Guapo, con facciones marcadas, cuerpo fuerte, bajo la tela delgada estaba el calor que solo tiene un hombre. Solo con estar en sus brazos se sentía súper segura, como si el cielo se cayera, él podría aguantarlo por ella.

—Como sea, hubo un accidente, los exámenes son necesarios —dijo Alejandro tranquilo.

—Es que estás preocupado por Florencia y ya, con otra gente no te veo así de nervioso.

Javier se volvió a reír.

Claro que sabía que Alejandro se casó con Sofía porque la familia lo obligó.

Esa "otra gente" de la que hablaba Javier obviamente era ella.

Todos estos años Sofía siempre iba sola al hospital. A veces cuando Javier le contaba a Alejandro que había visto a Sofía en el hospital, a él ni le importaba, no le interesaba.

Hace rato Javier se había enterado de que Sofía estuvo a punto de morir en el accidente y que perdió al bebé.

Se dirigía a Sofía con el debido respeto, y además era su doctor, por decencia debería ir a darle el pésame, o al menos a saludar.

Pero ni siquiera fue a verla.

¿Por qué? Pues porque creía que Sofía se lo merecía.

Desde el principio Sofía se casó con Alejandro con malas intenciones. Sobre su embarazo, él ya le había preguntado a Alejandro antes, y este ni enterado.

Con solo pensarlo un poco se entendía que Sofía quería usar al bebé para manipular a Alejandro.

Lástima, se le cayeron los planes.

Ahora que perdió al bebé, era cosa del destino, así que no merecía lástima.

—Voy a conseguirle un cuarto VIP a Florencia, para estar seguros la dejamos en observación un par de días más.

Javier les dijo sonriendo.

Florencia asintió.

—Te lo agradezco mucho.

—¿Agradecer qué? Lo tuyo es asunto de Alejandro, y los asuntos de Alejandro claro que los atiendo bien.

Javier se dio unas palmaditas en el pecho todo orgulloso.

Esas palabras obviamente pusieron contenta a Florencia. Ella sonrió y sin querer echó un vistazo hacia la puerta.

Sofía justo se topó con su mirada.

Antes de que Sofía pudiera pensar nada, Florencia apartó la mirada y le sonrió un poco a Alejandro.

—Alejandro, me acuerdo que hace rato Sofía te llamó, sonaba urgente, ¿por qué no le devuelves la llamada para ver qué quería?

Al mencionar a Sofía, Alejandro apretó la mandíbula con fuerza.

Antes de que pudiera decir algo, Javier que estaba ocupado con algo levantó la cabeza con rapidez.

—No le hagas caso, es normal que Sofía moleste a Alejandro. Todos estos años a cada rato le llama, Alejandro ya está hasta la madre de ella. Mejor, deja que se quede contigo, cuídate bien. Tarde o temprano Sofía te va a dejar el lugar libre.

Florencia lo regañó con suavidad.

—Javier, no digas tonterías.

Javier movió las manos rápido.

—No estoy diciendo tonterías, eso es lo que Alejandro piensa de verdad.

Alejandro no lo contradijo.

Solo tensó más la cara.

Sofía sintió el silencio pesado y se rio de sí misma.

No importaba, ese día iba a llegar muy pronto.
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Comments (3)
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Crista Noheli Ortiz
es realmente impresionante lleba de drama que cautiva las ganas de seguir leyendo...
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etaemy21
sigamos adelante a ver como continua y quien tiene razon
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Elda Marquez
difícil oír que el propio medico hablaba mal de ella sabiendo que casi perdía la vida en el mismo accidente y esta ahi mismo
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