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A ella la salvó, a mí me abandonó
A ella la salvó, a mí me abandonó
Author: Ignacia Fabara

Capítulo 1

Author: Ignacia Fabara
—Señor García, el lugar del accidente todavía es muy peligroso, no puede pasar.

—Ya llamamos al equipo de rescate, la ambulancia está por llegar.

—Señor García...

—¡Quítense! Si se tardan y a ella le pasa algo, ¡los voy a hacer pagar a todos!

Entre todo el ruido que la rodeaba, un grito enojado logró que Sofía empezara a despertar poco a poco después del accidente.

Con mucho esfuerzo volteó la cabeza y vio a lo lejos ese hombre tan conocido que, como todo un héroe, iba corriendo hacia donde estaba ella.

Sofía se puso a llorar de pura alegría.

Después del choque, llevaba quién sabe cuánto tiempo atrapada dentro del carro volteado. Creyó que Alejandro no iba a ir por ella.

Antes del accidente, todavía estaban peleando. La noche anterior habían quedado de verse en la oficina, pero en la mañana Alejandro recibió una llamada y canceló de la nada. No le contestaba el teléfono para nada. Después, cuando pasó el accidente, con lo poquito de batería que tenía le mandó su ubicación a la secretaria de él como emergencia.

Pensó que Alejandro, como siempre, iba a ignorar su mensaje.

No pensó que...

—Bebé... todavía hay esperanza... tu papá llegó...

Sofía miró la sangre que no paraba de salir debajo de ella, todavía aferrada a una última esperanza. Sin importarle el mareo y las ganas de vomitar, quiso gritar el nombre de Alejandro, pero cuando abrió la boca se dio cuenta de que su voz salía ronca y sin sonido.

Pero bueno, no importaba, él ya la había encontrado. Con todo el esfuerzo del mundo levantó su brazo sin fuerzas, queriendo saludar...

Al segundo, Alejandro pasó de largo, sin parar ni un momento, siguió caminando.

Sofía se quedó helada.

Creyó que se había equivocado de carro.

Ese día no había agarrado el carro de la casa, pues su cuñada se lo había llevado en la mañana. El carro donde estaba era un regalo de su mamá, que casi nunca lo manejaba, era normal que Alejandro no lo conociera.

Sin tiempo para pensar mucho, juntó todas sus fuerzas para gritar su nombre.

Pero con toda la sangre que había perdido ya no le quedaban energías. Su voz salió bajita y débil.

Alejandro no la escuchó. Se fue alejando más y más hasta que se paró frente al carro blanco que había causado el accidente.

Antes de que Sofía pudiera pensar nada más, Alejandro abrió la puerta del carro y metió entre sus brazos a una mujer que estaba temblando.

La mujer traía un abrigo largo, era delgada y se veía elegante. Tenía ese aspecto frágil que daba lástima.

Cuando vio su cara, Sofía sintió como si la hubieran metido en hielo.

Era Florencia Díaz, el primer amor de Alejandro.

De repente se acordó de que ese carro había estado cambiando de carril sin parar, y luego, sin darle ni tiempo de reaccionar, la persiguió como loco hasta chocarla por atrás.

Pero ese carro blanco ahora estaba ahí tranquilo a un lado del camino, como un niño herido e inocente.

Y su dueña estaba acurrucadita en los brazos de su esposo.

Sofía no tuvo cabeza para pensar por qué Florencia, que estaba fuera del país, había vuelto de repente, ni para preguntarse por qué tan casualmente había chocado su carro.

Solo quería salvar a su bebé.

—¡Señor García, todavía hay alguien en ese carro!

Justo cuando Sofía hacía el esfuerzo de golpear la ventana, el guardaespaldas de Alejandro vio primero que había alguien moviéndose dentro del carro. Como el carro también le parecía conocido, no pudo evitar gritar, asustado.

Al escuchar eso, Alejandro volteó la cabeza.

La mujer dentro del carro tenía la cara llena de sangre, del cuerpo también le chorreaba sangre roja, se veía súper mal, pero todavía se podía notar entre toda la sangre que su cara original era bonita y delicada.

Hasta le parecía medio conocida.

Alejandro se detuvo un momento, iba a decir algo, cuando la mujer en sus brazos soltó un gemido de dolor.

—Florencia está herida. Despejen ya el camino al hospital.

Alejandro no podía preocuparse por nada más.

—Pero señor García...

El guardaespaldas no terminó de hablar cuando la mirada helada de Alejandro lo asustó tanto que se tragó las palabras.

—Sí.

Sofía vio sin poder hacer nada cómo Alejandro apenas la miró por un segundo antes de cargar a Florencia y volver a su carro a paso rápido.

—¡Alejandro, sálvame! Salva al bebé...

Sofía quiso gritar, pero apenas abrió la boca, un chorro de sangre le tapó la garganta.

Nadie le hizo caso.

El carro de Alejandro salió volando llevándose a Florencia.

Sofía vio, impotente, cómo el carro se iba alejando cada vez más.. Sus ojos se quedaron sin brillo por un momento. Al segundo siguiente, un dolor horrible la golpeó como una ola gigante.

Ya no aguantó más. Todo se le puso negro y se desmayó otra vez.

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