INICIAR SESIÓNEl convertible cortó el aire fresco de la noche milanesa a una velocidad considerable. Lucien sostenía el volante con fuerza, impulsado por una emoción desbordante que lo hacía sin prestar atención al tacómetro y a las luces que pasaban a los lados como ráfagas borrosas; su mente solo estaba concentrada en recortar minutos para llegar cuanto antes a CityLife.Entraron al estacionamiento subterráneo del complejo y, casi sin dar tiempo a que el motor se apagara del todo, caminaron a paso apresurado hacia el ascensor. Tan pronto como las puertas metálicas se cerraron, acorraló a Adelard contra la pared del espejo, atrapándolo en un enjambre de besos ansiosos.El omega soltó una risa baja y cristalina al ver la devoción desesperada del alfa, correspondiéndole los besos y pasándole las manos por la nuca para seguirle el juego mientras el elevador ascendía.Al cruzar el umbral del penthouse, Adelard puso un par de dedos sobre el pecho de Lucien para marcar una ligera distancia, rompiendo un
La brisa de la noche milanesa se sentía un poco más viva en el balcón, refrescando el aire sereno que se respiraba sobre el jardín interior del restaurante. Desde la balaustrada de piedra se alcanzaba a ver la vegetación cuidada, iluminada sutilmente por farolas bajas que proyectaban sombras suaves sobre las hojas y los senderos de gravilla.Lucien se abrazó ligeramente a sí mismo y buscó cerrarse un poco el saco, buscando resguardarse del frío repentino. El gesto no pasó desapercibido para Seiya, que lo observó de reojo, notando la inusual torpeza con la que su amigo intentaba lidiar con la temperatura. La extrañeza en su pecho creció, empujándolo a escrutarlo en silencio mientras intentaba descifrar qué era lo que desentonaba tanto en él.El alfa fue el primero en romper el hielo, apoyando un codo sobre la piedra.—Tu marido es un aburrido —comentó negando con la cabeza—. Pensé que se iba a relajar porque Adelard está aquí.—No puedes culparlo —lo defendió el enigma de inmediato, ma
El silencio que quedó en la mesa se sintió denso y pausado, acentuado solo por la brisa fresca que entraba desde el balcón y el leve tintineo de la cristalería. Un mesero se acercó con discreción para retirar los platos vacíos de la cena y el alfa aprovechó el momento para ordenar dos vasos de whisky, buscando algo fuerte con qué acompañar la conversación que se avecinaba.El omega rompió el hielo acomodándose los lentes, observando el tramo de terraza por donde habían desaparecido sus parejas.—No sé por qué tengo el presentimiento de que les dimos a esos dos permiso para incendiar el restaurante... —comentó con una sonrisa ligera.Eliot soltó una risa baja, negando suavemente con la cabeza mientras el camarero servía el licor ambarino sobre el hielo.—En otras épocas hubiera sido así, pero todo ha cambiado mucho desde que Seiya se embarazó de nuestro bebé —respondió, tomando el cristal con parsimonia.—Entonces es cierto eso que dice Lucien... — lo miró con una ceja levantada, mostr
La noche milanesa se desplegaba bajo un cielo despejado, refrescada por una brisa de primavera que acariciaba los ventanales del deportivo blanco. Seiya conducía con destreza por las avenidas iluminadas, manteniendo la mirada en el camino mientras su mano derecha permanecía entrelazada con la de Eliot sobre la palanca de cambios, apretándosela de tanto en tanto en un gesto afectuoso.Al detenerse un empleado se apresuró a abrir la puerta del conductor. El enigma le entregó las llaves al servicio de aparcacoches, rodeó el capó y esperó a su esposo para cruzar la entrada tomados de la mano.El restaurante respiraba una sofisticación señorial y reservada, con un pasillo de mármol pulido y una iluminación tenue que nacía de apliques de bronce. El personal los recibió con una reverencia respetuosa y los guio en silencio por la galería hacia el salón VIP del fondo.Al abrirse la puerta, el espacio reveló una mesa de madera maciza bajo una lámpara de cristal y un balcón de piedra que daba al
Doce años atrás, cuando la vida todavía sabía a juventud, a campus soleado y a promesas que parecían eternas, la Universidad de Tokio respiraba el aire dulzón de San Valentín. Era una tarde tibia, cargada de la emoción torpe que flotaba cada catorce de febrero: intercambios de chocolates, risas nerviosas, olor a café saliendo de las cafeterías, grupos de estudiantes corriendo con cajas envueltas en papel brillante, buscando el valor para declararse.Entre todo ese alboroto caminaban dos figuras que detenían miradas. Seiya Kurosawa, de dieciséis años y tercer año universitario, era la viva imagen del caos magnético que era tener un enigma en plena adolescencia, con ese brillo insolente de quien sabe exactamente el efecto que produce sin haber pedido producirlo. A su lado, Seraphine Fraser de dieciocho años, como estudiante de intercambio desde Edimburgo, llevaba el cabello rojizo llameando con la luz de la tarde y los ojos verdes divertidos incluso cuando suspiraba, como hacía desde ha
Mientras estoy en este pequeño hiatus, me puse a revisar algunas cosas que tenía guardadas y encontré un capítulo especial e inédito que nunca supe muy bien dónde acomodar dentro de la historia.Así que pensé que este era un buen momento para liberarlo.En él podrán conocer un poquito más del pasado de Seiya, Seraphine y Shun durante su adolescencia en Tokio.No es un capítulo indispensable para seguir la trama, pero creo que puede resultar entretenido mientras esperan mi regreso. Tómenlo como una pequeña compañía para que no me extrañen tanto.Espero que lo disfruten y, por supuesto, estaré feliz de leer qué les parece.