LOGINLiora se detuvo en seco en el momento en que entró a su habitación.
Clara estaba sentada en su cama.
Sonreía—dulce, lenta, deliberada. Demasiado dulce. De esas sonrisas que revuelven el estómago. Estaba sentada con las piernas cruzadas, mascando chicle; cada chasquido raspaba los nervios de Liora, haciendo que su pecho se tensara como si alarmas invisibles sonaran en su interior.
—¿Qué haces aquí? —exigió Liora—. ¿Y cómo entraste?
Ya sabía que no quería escuchar la respuesta. La expresión en el rostro de Clara lo decía todo. No había venido a explicarse. Había venido a disfrutar esto, y ese pensamiento le revolvió el estómago.
—Por la ventana, claro —respondió Clara con ligereza, como si irrumpir en su habitación fuera lo mismo que pedir azúcar prestada—. Y vine a ver cómo estabas. Después de lo que viste… imaginé que estarías devastada.
Un destello de pánico cruzó por Liora. Su garganta se cerró. No dejes que te vea débil.
—Vete —su voz fue firme, cortante—. No tengo intención de hablar contigo y no quiero escuchar nada de lo que tengas que decir. Está claro que no te arrepientes—
Antes de que pudiera terminar, Clara ya estaba frente a ella.
Su sonrisa se torció en algo feo. Triunfante.
—Oh, no me arrepiento —dijo suavemente—. Créeme. ¿Esto? —hizo un gesto entre ambas—. Es todo lo que siempre he querido. Desde que entraste en mi vida, y aún más cuando tú y Nathan comenzaron a salir.
A Liora se le cortó la respiración. El aire parecía haberse vuelto más denso.
Las palabras la golpearon en el pecho, dejándola sin aliento. Esta… esta era la chica a la que había llamado su mejor amiga. Su hermana. La única persona que pensó que jamás la lastimaría.
Su mente se agitó, buscando sentido donde no lo había. ¿Cómo pude ser tan ciega?
Clara no siempre había sido así. Había sido amable. Comprensiva. Leal—al menos eso era lo que Liora había creído desde el día en que se conocieron en la universidad. Conversaciones hasta la madrugada. Sueños compartidos. Lágrimas compartidas.
¿Fue todo una mentira?
—¿P-Por qué? —susurró Liora—. ¿Qué te hice, Clara? ¿Cada momento que pasamos juntas fue una mentira?
—Sí —respondió Clara sin dudar—. Todo.
Sonrió con desdén y se dio la vuelta como si ahora estuviera aburrida. Sus tacones resonaron mientras cruzaba la habitación y volvía a sentarse en la cama de Liora—su cama—como si le perteneciera.
—Debiste haber sido muy estúpida para no notarlo.
Liora no podía hablar. Sus manos temblaban ligeramente a los costados.
No sabía si era el shock o el agotamiento lo que le pegaba la lengua al paladar. Clara, en cambio, tenía mucho que decir.
—Cuando llegaste a la universidad, de hecho pensé que podríamos ser amigas de verdad —continuó Clara—. Mejores amigas, incluso. Pero entonces empezaste a ser mejor en todo. —Su voz se volvió más áspera—. Todo se convirtió en ti. Tú. Tú. Tú.
Soltó una risa amarga que le erizó la piel a Liora.
—Yo era la mejor. Hasta que llegaste y lo arruinaste.
Cada palabra se sentía como una cuchilla cortando su pecho. Su estómago se revolvió y su corazón latió de forma irregular.
—Tenías las mejores notas, la atención, la admiración. Todos te querían, y yo quedé a un lado. —Clara se apoyó sobre las palmas—. Así que me adapté. Fingí ser tu amiga. Tu mejor amiga. Y mientras confiabas en mí, tomé lo que era tuyo. Incluido Nathan.
Sus ojos brillaban con triunfo, fríos y afilados. Liora sintió una traición tan profunda que le hizo caer el estómago.
—Y tampoco me molestó que vinieras de una familia adinerada. Pensé… ¿por qué no aprovecharlo? Tu dinero. Tus contactos. Tu vida.
Clara sonrió, lenta y satisfecha.
—Y lo logré. Nunca me he sentido más feliz.
Algo dentro de Liora se quebró. Su pecho dolía. Su mente retrocedió a cada pequeño momento que había ignorado—las críticas sutiles, los “halagos” con doble intención, la envidia disfrazada de preocupación.
Se sentía enferma. Sus manos se cerraron en puños a los costados, temblando. ¿Por qué confié en ella?
—Clara —dijo Liora con voz ronca—. Sal de mi casa. Y no vuelvas a mostrar tu rostro aquí nunca más.
Sus uñas se clavaron en sus palmas mientras las lágrimas amenazaban con caer. Mantente fuerte. No llores frente a ella.
Clara soltó una risa suave y cruel.
—Ah, y ni imaginas mi alegría cuando descubrí que tenías problemas con mamá y papá —dijo con malicia—. Todas esas noches que venías llorando a mi casa… yo era feliz, Liora. Feliz de no ser la única que—
—¡BASTA!
La palabra salió desgarrada de la garganta de Liora, cruda y feroz. Sus rodillas se sintieron débiles, su cuerpo temblando por la rabia y el dolor.
—Vete. Ahora mismo —dijo con voz temblorosa—. O llamaré al señor Ambrose y haré que te saquen a la fuerza.
Clara se puso de pie, imperturbable.
—¿Toqué una herida?
—Por favor… vete —susurró Liora, el pecho subiendo y bajando con dificultad.
—Está bien. Me voy —respondió con un encogimiento de hombros—. De todos modos tengo una cita con Nathan. —Se detuvo en la puerta y sonrió con malicia—. Sin rencores, ¿verdad?
La puerta se cerró de un portazo.
Las rodillas de Liora cedieron. Cayó al suelo con un golpe suave, su respiración saliendo en jadeos irregulares. La fuerza que había estado sosteniendo desapareció.
Se escuchó un golpe en la puerta.
La puerta se abrió.
—¿Señorita Liora? —El señor Ambrose entró, la preocupación marcada en su rostro—. Acabo de ver a la señorita Clara salir. ¿Está todo bien?
—No —respondió en voz baja—. Por favor… asegúrese de que nunca vuelva a entrar aquí.
Él dudó un momento, luego asintió.
—Señorita, está bien no estar bien.
No se dio cuenta de que estaba llorando hasta que sintió la calidez deslizarse por sus mejillas. Su pecho seguía apretado, pero una pequeña sensación de alivio la acompañó—alguien veía, alguien se preocupaba.
El señor Ambrose se arrodilló a su lado y colocó suavemente una mano en su espalda.
—Está bien, señorita —dijo con suavidad—. No tiene que ser fuerte todo el tiempo.
Eso fue suficiente.
Liora se derrumbó.
Lloró entre sus manos mientras todo lo que había estado conteniendo salía—traición, desamor, agotamiento. El señor Ambrose permaneció allí, firme y silencioso, sosteniéndola.
El tiempo se desdibujó.
Sus sollozos finalmente se calmaron.
—Gracias, señor—
Sus palabras murieron en su garganta.
Una voz furiosa atravesó la habitación.
—¿¡Qué demonios está pasando aquí!?
Liora se quedó momentáneamente desconcertada por las palabras de aquella mujer.Por un instante estuvo a punto de perder el equilibrio, pero logró mantenerse firme antes de que se notara. Lo último que quería era darle la satisfacción de pensar que sus palabras la habían afectado.La mujer seguía observándola con aquella misma sonrisa arrogante, con los brazos cruzados sobre el pecho, como si ya hubiera ganado. Ya no decía nada.Simplemente esperaba.Esperaba a que Liora perdiera la compostura.Liora lo comprendió enseguida.Fuera cual fuera el juego que aquella mujer estaba intentando jugar, ella no pensaba participar.—Haz el favor de apartarte —dijo Liora con calma, manteniendo el rostro sereno a pesar del torbellino de emociones que amenazaba con salir a la superficie.Durante un breve instante, la sonrisa de suficiencia de la mujer vaciló.Solo un segundo.Después volvió a aparecer.—Supongo que todavía no sabes quién soy —dijo con una suave risa—. Me llamo Sienna.Hizo una pausa
En el instante en que esas palabras salieron de la boca de Ashvin, el salón estalló en caos.Los murmullos se propagaron entre los invitados como un incendio, mientras exclamaciones de sorpresa llenaban el ambiente. Las conversaciones se mezclaban unas con otras y un sinfín de miradas se dirigieron hacia Ashvin y Liora. Varios invitados sacaron inmediatamente sus teléfonos, ansiosos por ser los primeros en difundir la impactante noticia de que el soltero más codiciado del país se había casado en secreto.Liora se sintió de pronto abrumada por toda aquella atención.Hace apenas unos instantes, la gente solo sentía curiosidad por ella.Ahora…Todos sabían exactamente quién era.La esposa de Ashvin Grey.El peso de cientos de miradas hizo que su corazón latiera con fuerza. Instintivamente, apretó la mano de Ashvin.Casi de inmediato, él respondió estrechándola con suavidad.Aquel pequeño gesto le recordó, sin necesidad de palabras, que no estaba sola.—Y-Yo no tenía ni idea… Lo siento mu
—No te preocupes, Liora. Estarás bien —dijo Ashvin mientras estrechaba con más fuerza la mano de Liora.Había notado el nerviosismo reflejado en su rostro mucho antes de que llegaran. Ella hacía todo lo posible por ocultarlo tras una pequeña sonrisa, pero la forma en que sus dedos temblaban ligeramente entre los de él y las discretas respiraciones que seguía tomando la delataban por completo.Ashvin no quería que se sintiera abrumada. En apenas unos minutos la presentaría ante algunas de las personas más influyentes del país. Una vez que eso ocurriera, todas las miradas del salón estarían puestas en ella. Quería que estuviera preparada, pero, sobre todo, quería que supiera que no tendría que enfrentarse a todo aquello sola.Liora levantó la vista hacia él e intentó sonreír, pero el intento apenas duró un instante.—No sé por qué de repente estoy tan nerviosa —admitió en voz baja—. Te prometo que hace unas horas no me sentía así.Esa misma tarde, Helena había llevado a todo un equipo d
—Iré contigo.Liora levantó la mirada para encontrarse con los ojos de Ashvin. Su voz era suave, pero firme, a pesar del nerviosismo que le revolvía el estómago. Una pequeña sonrisa apareció en los labios de Ashvin, una que también alcanzó sus ojos. Había esperado que aceptara. Sabía que seguía sintiéndose nerviosa, pero el simple hecho de que estuviera dispuesta a entrar en su mundo por él significaba más de lo que ella imaginaba.—Te prometo que estaré contigo todo el tiempo —dijo con dulzura mientras apoyaba una mano sobre su hombro. Su pulgar rozó ligeramente la tela de su manga, como si intentara calmar la tormenta de emociones que ya podía ver reflejada en ella.Liora soltó un largo suspiro.—¿Estás seguro? —preguntó en voz baja—. Podría quedarme con Helena. Estoy segura de que tendrás personas importantes con las que hablar y socios de negocios a quienes atender.Ashvin negó con la cabeza casi de inmediato.—Tú eres mi prioridad mañana por la noche —respondió—. Sí, habrá invers
“Oh no”, pensó Liora mientras caminaba de un lado a otro por la habitación, con el corazón latiéndole cada vez más rápido. Reconoció el número que la llamaba.Era Anna, de All Solved.El préstamo.El dinero que todavía no había pagado.Su teléfono volvió a sonar por tercera vez, haciéndola dar un pequeño salto.Ashvin y Helena se habían llevado a Avery abajo hacía unos minutos y le habían pedido que bajara con ellos, pero ella les dijo que iría enseguida. No esperaba esa llamada.Se había olvidado por completo de la deuda.“¿Qué voy a hacer?”, murmuró mientras seguía caminando de un lado a otro. No tenía dinero encima. No lo suficiente para pagar lo que debía.El teléfono volvió a sonar.Esta vez contestó.—H-Hola… —tartamudeó, odiando de inmediato lo nerviosa que sonaba.Liora se detuvo de golpe al recordar algo.Todavía no se cumplía la semana.Aún tenía tiempo.—Hola, señora —se escuchó la voz de Anna.—Me dieron una semana para pagar. Todavía me quedan días…—Lo siento, señora, pe
—Ashvin, acordamos que no habría contacto —susurró Liora sin aliento cuando ella y Ashvin separaron sus labios.Ashvin la había llevado a su habitación.Su habitación.La habitación era enorme, lujosa, exactamente como Liora imaginaba que sería la habitación de un multimillonario, pero apenas tuvo tiempo de observarla antes de que los labios de Ashvin se estrellaran contra los suyos.No sabía por qué no lo había detenido.Quizá porque, en el fondo, no quería hacerlo.Sus labios se movieron contra los de él con total disposición, y Ashvin tomó el control de inmediato, profundizando el beso como si hubiera estado hambriento de ella.Liora se aferró a su camisa con fuerza mientras una de las manos de Ashvin se deslizaba hacia su cintura, acercándola aún más.Su lengua rozó sus labios y ella jadeó, dándole la oportunidad perfecta.Ashvin profundizó el beso y Liora sintió que sus rodillas se debilitaban al instante.Antes de poder pensar, él la levantó.Un pequeño jadeo escapó de sus labio







