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CAPÌTULO 8

Author: Phevo
last update publish date: 2026-07-01 18:14:58

SERA

Seguía contemplando la comida que me habían llevado la noche anterior cuando, de pronto, la puerta hizo un clic. Levanté la mirada, esperando que alguien entrara, pero no apareció nadie. Alcé las cejas y, lentamente, me puse de pie. Caminé hacia la puerta y estiré la mano hacia la manija; efectivamente, estaba abierta. Me quedé allí un momento, con la mano aún sobre el pomo, medio esperando que alguien apareciera de la nada y la cerrara de un portazo, pero nadie lo hizo. El pasillo estaba
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  • ATADA AL REY DE LA MAFIA   CAPÌTULO 101

    DAMIAN—No encontramos a Sera —susurró Christy con miedo mientras entraba a mi oficina, y mis manos se congelaron sobre la computadora portátil. Me quedé mirando la pantalla unos segundos, preguntándome si lo estaba imaginando.Más temprano hoy, Matteo me había dicho que ella había salido con el pequeño que salvó el otro día, y según Christy...—Dijiste que había ido a trabajar —la cité, mirándola por fin.—S-sí —tartamudeó y me miró—. Me había dicho que era trabajo.—¿Y no pudiste confirmarlo? —pregunté con severidad, aferrándome a la portátil.—Y-yo no pensé...—¡Tú nunca piensas, Christina, verdad! —estallé, y las aletas de su nariz se dilataron.—No me hables así —gruñó, y entonces me acerqué más.—¿Decías? —dije y me paré frente a ella; entonces esbozó una sonrisa triste.—Dije —empezó, presionando su dedo medio contra mi pecho—, ¡que tú, Damian, no me vas a hablar así! —gritó, mirándome con desafío, como si buscara pelea.Solté una burla. —¿Quieres pelear? —pregunté con sorna, y

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    SERA—¿Sera? —escuché un suave susurro y mis ojos se abrieron lentamente.—Aww —solté un quejido y volví a cerrarlos. Sentía un martilleo insoportable en la cabeza y me preguntaba por qué hasta que...—¡Pete! —exclamé de golpe, abriendo los ojos de par en par.—Tienes que relajarte —dijo Dylan, y solo entonces me di cuenta de que era él quien estaba allí. Lo ignoré y me senté despacio; él suspiró y me ayudó.—¿Dónde está Pete? —pregunté mirándolo—. ¿Y dónde estoy?—¿Cómo te sientes? —preguntó, esquivando mis preguntas. Fruncí el ceño.—Responde a mi pregunta, Dylan —dije con firmeza. Él suspiró.—Sera...—¡Responde!—¡Está muerto! —me gritó de vuelta, y el tiempo pareció detenerse por completo.—¿Qué? —susurré, sintiendo que me faltaba el aire—. ¡No! —rompí a llorar desconsoladamente.¿Pete estaba muerto y su muerte era mi culpa? Incliné la cabeza mientras las lágrimas rodaban sin parar.—Es mi culpa —susurré, y escuché a Dylan suspirar.—Sera...—Yo lo obligué a acompañarme, Dylan —d

  • ATADA AL REY DE LA MAFIA   CAPÌTULO 99

    SERA—¿Todo bien? —escuché la voz tajante de Dylan. Escondí la foto detrás de mí y me di la vuelta de golpe. Él frunció el ceño—. ¿Qué está pasando? —preguntó acercándose. Me hice hacia atrás y su ceño se profundizó aún más.Lo observé durante unos segundos, sin saber si debía tenerle miedo o no.—¿Quién eres? —susurré, y sus ojos se abrieron ligeramente.—¿Qué?—¡Dije que quién eres y por qué tienes una foto mía escondida detrás de un cuadro en tu oficina! —estallé y saqué la fotografía. Él suspiró.—Puedo explicarlo —dijo, y asentí.—Por eso mismo te lo pregunto, Dylan —dije, y cuando él dio un paso hacia mí, volví a retroceder.—No voy a hacerte daño, Seraphina. Ya te lo había dicho, ¿no?—Y te creí, hasta que vi mi foto en tu maldita oficina, Dylan —dije, un poco irritada de que esperara que le siguiera creyendo después de esto.—Solo quería saber quién eras —comenzó, y yo fruncí el ceño.—¡Quién era!—Cuando mi gerente me sugirió tu empresa, le pedí que me consiguiera fotos para

  • ATADA AL REY DE LA MAFIA   Chapter 98

    SERA—¡Dijo que vendrá con nosotras! —gritó Christy, irrumpiendo en mi habitación sin tocar la puerta ni una sola vez. Me levanté de golpe de la cama con el ceño ligeramente fruncido, preocupada de que le hubiera pasado algo. —Dijo que vendrá con nosotras —repitió, asegurándose de que la escuchara esta vez. Fue entonces cuando abrí los ojos de par en par.—¿Qué? —susurré mientras Christy se lanzaba a mis brazos; la rodeé con un abrazo.—Gracias —murmuró, y yo fruncí el ceño.—¿Por qué? —pregunté, sin entender de verdad por qué me daba las gracias.—Tú lo convenciste —dijo, pero yo sacudí la cabeza.Antes, cuando Damian había salido hecho una furia de su habitación, Christy rompió a llorar y me rogó que fuera a hablar con él. Sin embargo, en lugar de una conversación, me encontré con que estaba sufriendo un ataque de pánico, algo que todavía me tenía desconcertada. ¿Cómo era posible que un hombre tan imponente tuviera un ataque de pánico? ¿Quién lo hubiera imaginado?—Yo no fui quien l

  • ATADA AL REY DE LA MAFIA   CAPÌTULO 97

    DAMIAN—¿Qué quieres? —pregunté tras unos segundos de silencio, a lo que respondió con una risotada oscura.—Quiero muchas cosas en esta vida, Damian —dijo. Miré a Seraphina, quien parecía bastante interesada en saber con quién hablaba—. Como estrangular hasta sacarle el último aliento a tu cadavérico pellejo y quitarte todo lo que me arrebataste —continuó y hizo una pausa—. Incluida a la novia.Se me apretó el puño en ese instante.—Estás buscando tu propia muerte, Vincenzo —mascullé entre dientes, y él soltó una carcajada burlona.—¿Y?—Y la vas a encontrar —sentencié con voz fría. Al otro lado de la línea se hizo el silencio.—Ya lo veremos —dijo finalmente y se aclaró la garganta—. Si quieres a tu pequeñuela, ven a buscarla tú mismo —añadió, y esta vez fui yo quien soltó un bufido despectivo.—Mátala si quieres —solté sin inmutarme. A Seraphina se le abrieron los ojos de par en par, entre el pánico y la confusión.—Te estás echando para atrás —me provocó Vincenzo entre risitas—. ¿

  • ATADA AL REY DE LA MAFIA   CAPÌTULO 96

    DAMIAN—Damian —susurró Christy entre sollozos mientras me acercaba, preguntándome por qué esas palabras expresadas por ella me dolían tanto en el pecho. Siempre estuve preparado para cualquier cosa que pudiera pasarme, y esa mentalidad comenzó desde el día en que maté a mi propio hermano. Desde entonces, nada me había vuelto a doler... hasta ahora. Hasta que oí a Christina hablar de esa mujer otra vez, hasta que la escuché decir que la había echado de menos, hasta que descubrí que Seraphina, la mujer en la que quizás había empezado a confiar, lo sabía todo sobre ella.Me giré lentamente hacia Seraphina, quien tragó saliva y bajó la mirada. Volví a ponerme de frente a Christy.—¿La echas de menos? —pregunté con frialdad y asentí—. ¡Echas de menos a la mujer que te abandonó cuando eras una adolescente y me dejó a mí a cargo de todo! —estallé, y una lágrima corrió por su mejilla—. ¡Echas de menos a la mujer que traicionó a nuestro padre y a su propio hijo! ¡A la mujer que hizo que yo ma

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