LOGINDAMIANMi conmoción duró solo un segundo antes de atraerla hacia mí y apoderarme de sus labios. Mis manos subieron lentamente por la parte posterior de su cuello para sujetarla con firmeza, reclamando la suavidad de su boca.—Damian —gemió, y en ese momento atrapé su lengua, saboreando la superficie más suave que jamás había probado; la misma lengua que parecía decirme las palabras perfectas, una que estaba a punto de convertirse en mi parte favorita de ella.—¿Tienes idea de lo que me estás haciendo, Tesoro? —le susurré contra la boca.Ella gemió aún más fuerte, un sonido que de inmediato clasifiqué como mi favorito en lo que iba del año. Se pegó más a mí y bajó sus manos despacio; se me cortó la respiración cuando sus dedos rozaron mi hombro de hombre.—Seraphina —gemí a modo de advertencia, pero ella me tomó con firmeza entre sus manos.—Solo quiero recompensarte —susurró, dando un suave masaje a mi erección y poniéndome aún más duro.Eché la cabeza hacia atrás y cerré los ojos mie
SERA«Zach y su familia escaparon».Esas palabras habían estado dando vueltas en mi cabeza desde que salieron de la boca de Matteo por teléfono. No se detuvieron cuando escuché a Damian dar órdenes como si la noticia no fuera grave, ni tampoco cuando condujo lentamente fuera de la casa embrujada con rumbo a nuestro hogar.—¿Cómo escaparon? —pregunté de inmediato cuando el auto se detuvo frente al hotel y él se giró hacia mí. No me había dicho que los tenía encerrados, pero Christy se había encargado de contármelo y, francamente, sentí un alivio enorme al enterarme.—Sabías que estaban retenidos —afirmó, y asentí—. ¿Quién te lo dijo?—Christy.Me miró por un segundo antes de tomar su teléfono.—¿Cómo lograron...?—No quería que les tuvieras compasión —me interrumpió, y lo miré—. Por eso no te dije nada.—Lo sé —dije, sorprendida de no sentir ni un ápice de molestia con él.—Hicieron una redada en la casa —comenzó, y fruncí el ceño.—¿En la casa subterránea?—No —respondió, observando u
DAMIANSostuve a Seraphina durante unos segundos más; su aroma se estaba convirtiendo, sin duda, en lo mejor de ella. Se había tensado cuando le dije aquellas palabras, y aunque algo me decía que no las había entendido, yo las sentía de verdad. No sé cómo, pero la sola idea de que Seraphina desapareciera de mi vista se sentía como algo a lo que no sobreviviría.—Damian —susurró de pronto. pasé lentamente mis labios por su cuello y ella se congeló. Cerré los ojos y volví a inhalar su aroma. Me estaba volviendo adicto a su fragancia y no podía evitarlo.Inhalé una vez más y finalmente la solté. Era su cumpleaños y no iba a arruinarle el día.—Vámonos —dije por fin, y ella asintió. La tomé de la mano y caminamos hacia la casa, pero en cuanto la puerta se abrió, Seraphina soltó un ahogo de sorpresa y se soltó de mi agarre.—Mira qué bellezas —exclamó, acercándose a las mariposas. En cuestión de segundos, una buena cantidad de ellas revoloteaba a su alrededor. Soltó una risita y sostuvo a
SERA—¿Seraphina? —volvió a llamar Damian y me guardé la nota a toda prisa en el bolsillo antes de darme la vuelta despacio.—Hola —susurré con una sonrisa, y él frunció el ceño.—¿Qué haces aquí fuera? —preguntó. Tragué saliva.—Intentaba... —empecé, pero Zara entró en ese momento y suspiré.—¿Estás bien? —preguntó ella. Asentí.—No le harías esa pregunta si te tomaras en serio tu trabajo —dijo Damian con frialdad, y la cara de Zara cambió de golpe a una de puro pánico.—Eh... —empecé, girándome hacia Damian—. Yo le dije expresamente que no me siguiera.—¿Y a qué se debe eso?—¡A que no necesito una niñera! —espeté, sin saber muy bien si mi rabia era con Damian o fruto de la frustración por la nota que acababa de leer. Sentía que flotaba en el aire, como si la anciana estuviera jugando conmigo y fuera incapaz de dar con una sola pista.—Lo siento —dije cuando el silencio empezó a hacerse insoportable. Damian dejó ir un resoplido y me clavó la mirada.—Tienes que dejar de disculparte
SERA—Esta es su suite —dijo el guía en cuanto la puerta se abrió, y yo me quedé sin aliento—. ¿Le gusta? —preguntó con una amplia sonrisa, y asentí.—Me encanta —dije entre risitas. Me acerqué a la ventana y suspiré al contemplar la vista—. Es hermosa —comenté antes de girarme hacia Damian. Estaba repentinamente en silencio, algo extraño considerando que apenas unos minutos atrás estaba susurrándome cosas y haciéndole maravillas a mi pelvis. Tragué saliva mientras el mero recuerdo me producía un cosquilleo allí abajo.—Está bien, con tal de que a ella le guste —le dijo al guía, sin apartar sus ojos de mí—. Ya puedes retirarte —ordenó, pero mis ojos se abrieron de par en par.—¡Espera! —exclamé de golpe, y el hombre se detuvo en seco—. ¿No lo vas a llevar a su propia suite? —pregunté, y él parpadeó, confundido.—¿Acaso no son pareja? —replicó, y tragué hondo.—S-sí, lo somos, p-ero... —balbuceé, pero el resoplido de Damian me cortó. —¿Qué pasa? —le pregunté con el ceño fruncido.—¿Par
—Disfruten su vuelo —dijo la azafata con una sonrisa, pero al cruzar miradas conmigo, se la tragó de golpe y simplemente se limitó a asentir.—Gracias —dijo Seraphina, hablando por primera vez desde que salimos de casa esta mañana. La azafata le asintió y se retiró de inmediato.Me giré hacia Seraphina, quien de pronto miraba fijamente por la ventana. Negada a dirigirme la palabra desde que le revelé que no viajaría con Christy, pensé que mi arreglo la haría feliz, pero evidentemente no era el caso.—No estoy enojada —soltó de la nada. Fruncí el ceño.—Nunca dije que lo estuvieras —respondí tajante, preguntándome cómo demonios leía mis pensamientos.—Y te agradezco esto —continuó, ignorando mi comentario. Suspiró y al fin desvió la mirada de la ventana para encararme—. Solo estoy un poco nerviosa.—¿Nerviosa?—Sí —dijo, tragando saliva—. Es la primera vez que viajamos juntos.Nos quedamos mirándonos en silencio durante unos segundos, hasta que la azafata interrumpió para ofrecer bocad







