LOGINSERA—Respira, Sera —se burló Dylan, o más bien Daniel, mientras caminaba hacia su silla con el vaso de jugo en las manos. No me moví. ¿Cómo no había notado el parecido antes? ¿Cómo no sospeché cuando empecé a sentir tanta confianza con él, algo que rara vez me pasa?—¿De verdad te vas a quedar ahí parada? —preguntó, y poco a poco lo miré.—¿De verdad eres tú? —susurré, pero en vez de eso, él caminó hacia mí. Retrocedí un poco y él frunció el ceño.—¿Así que volvemos a evitarme? —preguntó con tono seco, y tragué saliva.—¿De verdad eres tú? —volví a preguntar, y él se agachó para recoger el marco que se me había caído antes.—Sí, Seraphina, soy yo —afirmó, y solté un jadeo. Enterarse era una cosa, pero escuchar esas palabras salir de su propia boca era un tipo de revelación completamente diferente.—Siéntate, Seraphina —dijo, sonando como Damián ahora.Tragué saliva, caminé despacio de regreso a mi silla y me senté.La oficina se quedó en silencio durante unos minutos antes de que él
SERA—Tesoro —oí susurrar una voz, una voz que había escuchado tanto que ahora aparecía en mis sueños—. No te vayas nunca —lo oí decir, y algo en mi interior dio un vuelco.—¿Damian? —murmuré, preguntándome por qué no podía ver su rostro—. ¿Dónde estás?—Aquí mismo, nena —respondió, y mis ojos se abrieron de par en par.¡No era un sueño! Damian estaba acostado a mi lado en su cama, en su habitación, susurrando cosas que creí que solo escucharía en sueños.—¿Es real? —murmuré e intenté incorporarme, pero él me volvió a tirar hacia la cama.—¿Huyendo de tu esposo? —preguntó, y me mordí los labios.—Y ahora se está mordiendo los malditos labios —se lamentó, y cerré los ojos.—Pensé que estaba soñando —dije, y él esbozó una sonrisa burlona.—¿Por qué pensarías eso, Tesoro?—Porque tú nunca dices cosas cursis —susurré, y justo en ese momento escuché un bufido.Me giré bruscamente hacia él y mis ojos se abrieron como platos. —¿Te acabas de reír? —preguntué, genuinamente sorprendida, y él se
DAMIAN—Lo único que pido es una segunda oportunidad para corregir mi error —suplicó Zach por centésima vez desde que cruzó la puerta de mi mansión.—Mmm —musité, dirigiéndole finalmente la mirada—. Damian no da segundas oportunidades, Zach, ¿acaso no lo sabes? —pregunté. Él tragó saliva.—S-sí lo sé…—Excelente —lo interrumpí, poniéndome de pie—. Ahora sal de mi casa y no vuelvas jamás.Antes de que pudiera moverse o articular palabra, la puerta se abrió y Kai entró a la habitación.—Jefe —empezó, pero se detuvo al notar a Zach—. Tenemos un problema —dijo. Me erguí en mi sitio, preguntándome si tendría algo que ver con Seraphina. Me giré despacio hacia Zach, que seguía parado ahí.—Veo que tienes ganas de dejar de respirar —dije arrastrando las palabras, y al segundo siguiente, salió descompuesto del lugar.—Habla —le ordené a Kai.—Seraphina ya sabe quién estuvo detrás del accidente —dijo. Me puse de pie al instante y caminé hacia la puerta, pero me detuve en seco.—¿Qué haces ahí p
SERAEl suave toque en la puerta me despertó, pero no abrí los ojos hasta unos segundos después, cuando volvieron a llamar.Gemi y abrí los ojos, para luego fruncir el ceño.Esta no era mi habitación, pensé, y al segundo siguiente se me abrieron los ojos de par en par mientras todo lo que había pasado ayer se reproducía en mi mente. La sorpresa de Damian, su disculpa, sus palabras y su abrazo. Sonreí. Ese abrazo había sido lo mejor de mi noche.—Sra. Sera —llamo suavemente la ama de llaves, y miré hacia la puerta. Había olvidado que alguien estaba tocando.«Efectos de Damian», me molestó mi voz interior, y dejé ir un chasquido con la lengua.—Adelante —dije, y ella entró con una sonrisa.—¿Cómo se encuentra, señora? —preguntó con voz suave, y yo fruncí el ceño. ¿Desde cuándo teníamos tanta confianza como para preguntarnos por nuestro bienestar?—¿Qué está pasando? —susurré, y ella se encogió de hombros.—Solo pregunto, ya sabe —dijo mientras me miraba. Ah, el accidente.—Estoy bien. G
SERAAunque Grace y Zara intentaron con todas sus fuerzas disimular su emoción mientras íbamos de camino a casa, no lo lograron.El médico por fin me había dado el alta para irme a casa, pero con la condición de que guardara una semana entera de reposo. Sigo pensando que es una exigencia imposible de cumplir para alguien como yo.—¿A qué se debe tanta emoción? —les pregunté al fin, y Zara miró a Grace—. Soy a mí a quien le importan —le recordé, y ella soltó una risita.—No sé de qué hablas —respondió tragando saliva. Entonces sonreí.—Sois fatal disimulando vuestros sentimientos, ¿vale? Así que soltadlo ya y contadme qué demonios pasa —exigí, y Zara se encogió de hombros.—Cuida el vocabulario —advirtió Grace, y solté un bufido.—¡Pues os podéis ir a la mierda las dos!—¡La lengua, Seraphina! —exclamó Grace, y puse los ojos en blanco.—Perdón —susurré y me giré hacia la ventanilla. Entonces oí una risita leve.El resto del trayecto transcurrió en silencio, con los intentos desesperado
DAMIAN—¿Qué estás haciendo ahí? —oí que preguntó Matteo y por poco pego un brinco. Me quedó mirando un segundo antes de esbozar una sonrisa burlona—. ¿Estás espía-mirándola desde la ventana? —preguntó con una sonrisa picara, pero yo fruncí el ceño.Me había pillado, aunque no pensaba darle el gusto de burlarse a sus anchas ni iba a confesarle que le había dejado una nota a Seraphina antes de que él entrara a interrumpirme.—¿Cómo está? —le pregunté en su lugar, y él entrecerró los ojos.—Visto y paciencia que estabas contemplándola desde la ventana, deberías saber la respuesta —respondió, pero antes de que pudiera abrir la boca...—¿Quién está espiando a quién desde la ventana? —inquirió Christy mientras entraba acompañada por Zara.Matteo se giró hacia ellas con esa sonrisa de suficiencia que tantas ganas tenía de borrarle de un bofetón.—El jefe estaba vigilando a Seraphina por la ventana —la delató, y Christy soltó un jadeo fingido, mientras a Zara se le entreabrían los labios, ge







