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CAPÍTULO 72: EL MEMORANDO

Autor: EJPB
last update Data de publicação: 2026-08-31 10:06:33

La iluminación dorada de la cabina del elevador privado parpadeó con un zumbido agudo, regresando de golpe y disolviendo la penumbra que nos había servido de refugio. La luz blanca y fría del techo de acero blindado cayó sobre nosotros como un balde de agua helada, desnudando de inmediato la escena.

Cuando las luces regresaron, ambos dimos un paso atrás al mismo tiempo. Rompimos el contacto físico de manera abrupta, casi violenta, como si la electricidad estática de la cabina nos hubiera quemad
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  • ATRAPADA EN EL MATRIMONIO DEL MAGNATE   CAPÍTULO 76: EL AVISO SILENCIOSO

    El silencio que se instaló en el despacho presidencial era tan denso que podía escuchar el eco de mis propios latidos golpeando con fuerza contra mis costillas. Manuel permanecía estático frente al escritorio, con la luz dorada del atardecer recortando su imponente silueta robusta a través del ventanal monumental. Sus ojos oscuros y fríos seguían fijos en la pantalla de la tableta, donde el rastro digital de Carol Sterling y el director Lira continuaba brillando con una nitidez incuestionable. La máscara de imperturbable frialdad corporativa que había adoptado me helaba la sangre; era una transmutación radical. El hombre maduro y protector se había evaporado, dejando en su lugar al tiburón financiero más despiadado y calculador del mercado.Yo me mantuve un paso por detrás, con los brazos cruzados sobre mi sastre y la barbilla en alto, conteniendo el aliento. Esperaba que descolgara el teléfono oficial, que convocara a Rebeca a gritos y que ordenara activar de inmediato al equipo de a

  • ATRAPADA EN EL MATRIMONIO DEL MAGNATE   CAPÍTULO 75: LA EVIDENCIA

    La mañana del viernes transcurrió en una calma artificial que amenazaba con estallar en cualquier momento. Tras mi tenso careo matutino con Manuel, me vi obligada a retirarme a mi despacho para simular que todo marchaba bajo un orden perfecto. El arquitecto De la Vega y el equipo de contratistas se habían presentado en el hotel principal a las nueve en punto, ejecutando las obras con los planos modulares que yo misma había purgado y restaurado durante la madrugada. El desastre estructural se había evitado por poco, pero la victoria se sentía incompleta. Mi orgullo no se conformaba con resistir el ataque; necesitaba las armas necesarias para desmantelar a la ex-prometida de Manuel de forma definitiva.Durante las siguientes horas, me dediqué a actuar con una absoluta cautela profesional. Aprovechando el murmullo corporativo y el silencio sepulcral que dominaba la planta presidencial, comencé a reunir las pruebas discretas del sabotaje antes de decidir cómo y cuándo confrontar el proble

  • ATRAPADA EN EL MATRIMONIO DEL MAGNATE   CAPÍTULO 74: DESCUBRIR A TIEMPO

    El nombre de Carol Sterling parpadeaba en la pantalla de alta definición como un recordatorio letal de que la guerra fría corporativa había vuelto. El aire en mi despacho se sentía helado, denso, cargado de una adrenalina pura que disolvió cualquier rastro del cansancio acumulado por las madrugadas en vela en el taller. Miré la pared que compartía con el despacho principal de Manuel. A través del panel divisorio, el silencio era absoluto; Manuel ya se había marchado al penthouse una hora antes, creyendo que yo me había quedado adelantando las entregas académicas de la facultad de arte. Si supiera que su ex-prometida acababa de hackear el servidor central para derribar el vestíbulo del hotel, el piso ejecutivo ardería bajo su furia posesiva.Pero no iba a llamarlo. No iba a correr a refugiarme detrás de su experiencia corporativa como una universitaria indefensa que buscaba la protección de su marido. Mi orgullo de los Medina me exigía pelear esta batalla en mi propio territorio. Ender

  • ATRAPADA EN EL MATRIMONIO DEL MAGNATE   CAPÍTULO 73: EL PLANO SABOTEADO

    El impacto del memorando seguía flotando en mi despacho como una nube de tormenta. La perspectiva de viajar completamente sola con Manuel, encerrados en el jet privado de la corporación y aislados del escudo que nos brindaban las relaciones públicas, me tenía con los nervios de punta. Intenté sepultar la agitación de mi pecho sumergiéndome en el trabajo. Faltaban solo tres días para abordar ese vuelo hacia el hotel insignia del norte, y yo necesitaba dejar cada detalle técnico de la remodelación del vestíbulo central blindado y bajo llave antes de ausentarme de la torre.Eran pasadas las seis de la tarde cuando me senté frente al monitor de alta definición de mi escritorio. El piso de la alta presidencia se había sumergido en ese silencio sepulcral que ya se nos había hecho costumbre. A través de la pared compartida, alcancé a escuchar el sonido sordo de una carpeta archivándose en el despacho contiguo; Manuel seguía allí, moviendo los hilos de sus transacciones bursátiles con la dis

  • ATRAPADA EN EL MATRIMONIO DEL MAGNATE   CAPÍTULO 72: EL MEMORANDO

    La iluminación dorada de la cabina del elevador privado parpadeó con un zumbido agudo, regresando de golpe y disolviendo la penumbra que nos había servido de refugio. La luz blanca y fría del techo de acero blindado cayó sobre nosotros como un balde de agua helada, desnudando de inmediato la escena.Cuando las luces regresaron, ambos dimos un paso atrás al mismo tiempo. Rompimos el contacto físico de manera abrupta, casi violenta, como si la electricidad estática de la cabina nos hubiera quemado la piel. Manuel soltó mis caderas a regañadientes, recuperando su postura de cazador con una rapidez, mientras yo me apoyaba de espaldas contra la pared metálica, acomodándome el sastre verde oliva con manos que se negaban a permanecer firmes. Respirábamos con una agitación brutal que no tenía absolutamente nada que ver con el susto del apagón o el fallo técnico del sistema de frenos. El aire se sentía espeso, asfixiante, y el latido desbocado de mi corazón retumbaba en mis oídos, delatando qu

  • ATRAPADA EN EL MATRIMONIO DEL MAGNATE   CAPÍTULO 71: EL ROCE QUE NO FUE ACCIDENTE

    La confesión de Manuel se quedó vibrando en el aire del pasillo presidencial mucho después de que la alerta de mi computadora nos obligara a romper la cercanía. «Estoy muy orgulloso de la Johana Medina en la que te estás convirtiendo». Sus palabras, pronunciadas con la madurez y la absoluta franqueza, habían calado tan hondo en mi pecho que me resultaba imposible concentrarme. Durante el resto de la tarde, intenté refugiarme en los planos técnicos y en los bocetos digitales de mi proyecto final de grado para la facultad de arte, pero mis ojos se desviaban constantemente hacia la pared de caoba que compartía con su despachol. Sabía que él estaba allí, detrás del panel, y esa simple certeza bastaba para ponerme la piel de gallina.Cerca de las siete de la tarde, la torre corporativa de Hoteles Medina comenzó a desalojarse de forma paulatina. El silencio habitual del piso de la alta presidencia se volvió todavía más denso, espeso y cargado de una expectativa que me costaba asimilar. Guar

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