Ninguno de los dos rompió el silencio del pasillo esa noche. Manuel se limitó a decir que hablaríamos cuando ambos estuviéramos más calmados, una frase que sonó más a orden que a tregua, y regresó a su despacho cerrando la puerta con una suavidad que resultó más inquietante que un portazo. Yo volví a mi habitación con el corazón todavía desbocado, sin saber si lo que sentía era el eco de la humillación de haber sido descubierta espiando, o algo mucho más peligroso que prefería no nombrar en la oscuridad.A la mañana siguiente, Manuel no mencionó la llamada. No mencionó a Carol. No mencionó absolutamente nada de lo ocurrido en el pasillo, y esa omisión deliberada resultó, extrañamente, más elocuente que cualquier explicación. Lo que sí hizo, con la puntualidad implacable de quien nunca olvida una amenaza, fue aparecer en la puerta de mi habitación a las siete en punto, vestido de traje, con las llaves de la camioneta blindada colgando de sus dedos.—Tienes quince minutos —dijo, sin pre
Última atualização : 2026-08-19 Ler mais