Share

Capítulo 2

Author: Ana Larrea
Regresé al departamento que compartía con Alfonso.

Apenas dejé el bolso y estiré la mano para encender la luz, una silueta apareció de la nada y se lanzó sobre mi espalda.

—¡Alfonso, ya volviste!

Acababa de salir del hospital y no pude sostenerme en pie; las piernas me cedieron y caí al suelo de golpe.

El dolor me hizo apretar los dientes y, con esfuerzo, empujé a la persona que tenía encima.

—¿Quién eres tú?

Bárbara se incorporó, encendió la luz y se tapó la boca con cara de asombro.

—Perdón, de verdad, pensé que eras Alfonso.

Luego vaciló un segundo antes de preguntar:

—¿Eres Paula? Él dijo que no ibas a volver.

La estatura de Alfonso y la mía eran completamente distintas; cualquiera lo habría notado.

Con el dolor clavado en la cintura, me puse de pie como pude, apoyándome, y por fin la miré bien.

—¿Qué haces aquí? —pregunté, sin ocultar el enojo.

Todavía tenía el cabello húmedo y solo traía puesta una camisa blanca ancha, tan larga que apenas le cubría la parte superior de los muslos. Se le veían las piernas largas y lisas, llamativas, casi provocadoras.

Reconocí esa camisa de inmediato: era un regalo que le había hecho a Alfonso cuando apenas empezábamos a salir. Los gemelos hechos a medida aún llevaban grabadas las iniciales de nuestros nombres.

Se le enrojecieron los ojos al instante. Se rascó la palma, nerviosa, y, de pronto, me agarró la mano y se dio una bofetada con ella.

Me quedé paralizada, sin reaccionar, hasta que la puerta se abrió de golpe y Alfonso me apartó de un empujón.

Se colocó delante de Bárbara, protegiéndola, y me lanzó una mirada furiosa.

—Paula, ¿con qué derecho le pegas a alguien? Bárbara solo se confundió de persona, ¿era para tanto?

Se giró para acariciar con cuidado la marca roja en su mejilla. Le reprochó, con voz suave, no haber sabido esquivar el golpe.

La palma de mi mano seguía entumecida, el dolor en la cintura aumentaba y me ardía la nariz; en ese instante, me sentí como una extraña en mi propio departamento.

—Alfonso, ¿no vas a explicarme algo? ¿Por qué ella está aquí?

Ese departamento lo compré yo misma y se lo regalé para que pudiera emprender tranquilo, y ahora había traído a otra mujer a vivir allí.

Por un instante, una sombra de culpa cruzó su rostro, pero enseguida fue reemplazada por la impaciencia.

—A Bárbara la estafó su casero y, cuando volvió de un viaje de trabajo, no tenía dónde quedarse. Solo la dejé quedarse esta noche; después de todo, soy su jefe. Amor, el departamento es grande, no es para tanto.

Di un paso al frente para encararlo, pero Bárbara retrocedió asustada, alzando las manos como si temiera que la golpeara de nuevo.

—Alfonso, me iré ahora mismo. Paula, no te enojes, dormiré bajo un puente si hace falta, no tienes que preocuparte por mí.

Alfonso la protegió con un brazo, y su voz se volvió fría y furiosa.

—El que se equivoca debe pagar las consecuencias. ¡Pídele disculpas a Bárbara! Paula, no todos nacimos en familias ricas como tú. Tú nunca has vivido como vive la gente pobre. Nosotros podemos ser pobres, pero no carecemos de dignidad, y no permitiremos que nos pisotees a tu antojo.

Dicho eso, la rodeó con un brazo y la llevó a la sala para curarle la mejilla.

Qué hábil era para provocar una confrontación entre ricos y pobres. Y pensar que, de principio a fin, yo solo había preguntado por qué ella estaba en mi casa.

Pero ya no importaba, ni ese departamento ni su supuesto dueño volverían a tener nada que ver conmigo.

La cintura me dolía como si estuviera rota. Me apoyé en el zapatero, respirando con dificultad, y mi mirada se posó en las bolsas que Alfonso acababa de traer.

Era comida de Nor 777, mi restaurante favorito. Así que dejó a Bárbara en el departamento y salió él mismo a comprarla.

Recordé que, cada vez que yo quería comer de allí, él pedía a domicilio o mandaba a su asistente. Con Bárbara, en cambio, parecía esmerarse de más.

Si yo no hubiera vuelto, sin duda habría sido una noche agradable y romántica para los dos.

En ese momento sonó mi celular; era mi mamá.

Me dijo que la familia Fernández estaba encantada al saber que yo había aceptado de golpe casarme; incluso proponían celebrar la boda el próximo mes. Además, ya habían recibido mi regalo.

No entendí a qué regalo se refería, pero cuando mi mamá me pidió opinión, no me detuve a pensarlo demasiado.

Levanté la cabeza y acepté sin dudar. Me pareció perfecto. Cuanto antes fuera la boda, mejor.
Continue to read this book for free
Scan code to download App

Latest chapter

  • Accidente y Boda Exprés con el CEO   Capítulo 9

    Contra todo pronóstico, Daniel y yo hicimos clic de inmediato, y aunque no nos conocíamos de antes, nos entendimos con una complicidad sorprendente; una vez que dejamos claras nuestras intenciones, tanto en lo emocional como en lo físico, avanzamos con una rapidez inesperada, sin titubeos ni reservas.Al día siguiente sería nuestra boda y, esa misma noche, cada quien tenía su propia despedida.Antes de irse, Daniel me miró con seriedad y me advirtió:—Si pasa cualquier cosa, llámame de inmediato.Yo sonreí, sin darle demasiada importancia.—¿Qué podría pasar? Ve y diviértete tranquilo.Para que todos se soltaran sin presión, dejé a los guardaespaldas vigilando afuera, nada más, sin imaginar que Alfonso se las arreglaría para colarse entre los invitados de mi fiesta.En la segunda mitad de la noche, casi todos estaban ya bastante borrachos y yo misma empezaba a sentir el cuerpo pesado; alguien me pasó un vaso de agua y, creyendo que era una de mis amigas, bebí un par de sorbos sin pensa

  • Accidente y Boda Exprés con el CEO   Capítulo 8

    El beso fue posesivo y prolongado, tan intenso que hasta me dejó sin aire, y solo cuando ya no me daba el aire, Daniel se apartó lentamente.Alfonso temblaba de rabia de pies a cabeza.Daniel lo miró con frialdad y lanzó una advertencia tranquila, pero afilada como una cuchilla:—Parece que últimamente el Grupo González va demasiado bien, tanto que aún tienes tiempo para venir a cuestionar nuestra relación.Alfonso lo odiaba y le temía al mismo tiempo. Apretó los dientes y respondió con dureza:—¿No es demasiado bajo usar sus tácticas empresariales en el amor, señor? Si tiene valor, compitamos de forma justa.Luego se volvió hacia mí, con una urgencia casi desesperada.—Paula, no tienes que tener miedo. Mi grupo solo está pasando por un mal momento. Dame tiempo y volveré a la cima. Te daré la vida que deseas.Yo no respondí. Mi mirada seguía fija en aquel álbum artesanal.Al ver mi silencio, Alfonso se envalentonó.—Señor, ¿de qué le sirve hacer negocios tan grandes, de qué le sirve se

  • Accidente y Boda Exprés con el CEO   Capítulo 7

    (Desde la perspectiva de Paula)La primera vez que vi a Daniel, admito que me pareció familiar, pero no supe ubicarlo hasta que mi mirada cayó en su reloj y, como una pieza que encaja de golpe, la sospecha me cruzó por la cabeza.—¿Tú eres… el que pasaba por ahí aquel día? —le pregunté, y hasta entonces me di cuenta de que todavía estaba agarrada de su brazo, así que lo solté de inmediato, mientras se le pasó por el rostro una sombra brevísima de decepción antes de asentir con calma.—Me gusta mucho ese reloj —dijo—, pero tu ex no parece dispuesto a rendirse tan fácil, ¿quieres que te ayude?Negué con la cabeza, ya que esto lo resolvería yo y no permitiría que afectara a nuestro matrimonio. Así que señalé las joyas que habían colocado frente a mí, tratando de que entendiera la magnitud de lo que estaba haciendo.—Esto es demasiado valioso; el reloj que te regalé no vale ni una mínima parte de todo esto, así que mejor guárdalo, además, ese reloj ni siquiera fue un regalo planeado, fue u

  • Accidente y Boda Exprés con el CEO   Capítulo 6

    (Tercera persona)Incluso después de volver a casa, Alfonso seguía sin poder creer que Paula de verdad se fuera a casar con otro hombre, y que ese hombre fuera Daniel, el futuro heredero del Grupo Fernández.Pensó en lo firme que siempre había sido frente a ella, en lo profunda y evidente que había sido la entrega de Paula a su relación, algo que todos a su alrededor podían ver con claridad.Sin embargo, la mirada tranquila y distante que ella le había dirigido en la joyería se le quedó grabada como un hielo clavado en el pecho: fría, ajena y desconocida.Recorrió la casa sin rumbo, revisando por todos lados sin un objetivo claro, hasta que cayó en cuenta de que todo seguía exactamente igual que antes.Eso le dio una falsa sensación de calma; estaba convencido de que Paula solo estaba enojada y esperando a que él fuera a buscarla.Pero pensándolo mejor, ella era una chica criada entre lujos, alguien que nunca les había dado demasiada importancia a las joyas ni a lo material, y lo ocurr

  • Accidente y Boda Exprés con el CEO   Capítulo 5

    La voz era grave y magnética. En cuanto resonó, las asesoras que hace un momento no paraban de hablar se hicieron a un lado instintivamente, dejando libre un pasillo.Levanté la mirada y vi a un hombre alto y esbelto acercándose a mí. Tenía cejas marcadas y mirada profunda, rasgos definidos y una presencia imponente que irradiaba autoridad y una arrogancia natural.Sin decir una palabra, soltó un puñetazo brutal en la cara de Alfonso. Luego se dio la vuelta con elegancia, se colocó a mi lado y se limpió la mano con un pañuelo.—Perdón por llegar tarde.Ese era mi prometido: Daniel.Aplaudió suavemente y una asesora apareció empujando varios expositores de joyas, alineándolos frente a mí; el brillo de los diamantes era tan intenso que casi me obligó a entrecerrar los ojos.Bárbara sostenía a Alfonso, indignada.—¡Este loco se atreve a golpear a Alfonso! ¿Sabes siquiera quién es?Pero al segundo siguiente se quedó boquiabierta, incapaz de contener su asombro.—El collar de la Estrella Ro

  • Accidente y Boda Exprés con el CEO   Capítulo 4

    Nunca había visto a Alfonso tan furioso; las venas se le marcaban y sus ojos estaban rojos, como los de una bestia acorralada.—¡Discúlpate! ¡Te dije que le pidieras perdón a ella!Me llevé la mano a la espalda y la sentí húmeda: me había abierto la piel con el golpe y estaba sangrando.—Yo no quise…No me dejó terminar, porque Alfonso me interrumpió sin siquiera mirar mi herida, empeñado solo en obligarme a pedir perdón, mientras detrás de él Bárbara me dedicaba una sonrisa maliciosa.Me sentí completamente vacía, como si me hubieran drenado todas las fuerzas, y solo quedara un cuerpo destrozado obedeciendo por inercia.—Bárbara, lo siento.Alfonso soltó una risa fría, la abrazó y se la llevó de ahí.Miré el álbum artesanal que había hecho con mis propias manos y entendí que, si él hubiera bajado la vista aunque fuera una sola vez, no habría podido ignorarlo; así que ya no tenía sentido llevármelo, y arrojé el álbum y la memoria USB juntos al bote de basura.Ya entrada la noche, Alfon

More Chapters
Explore and read good novels for free
Free access to a vast number of good novels on GoodNovel app. Download the books you like and read anywhere & anytime.
Read books for free on the app
SCAN CODE TO READ ON APP
DMCA.com Protection Status