LOGINAl ver que aquella zona de piel se enrojecía rápidamente y que, si seguía frotándola, probablemente acabaría sangrando, Nicolás se apresuró a sacar un medicamento de su bolsa y se lo ofreció.Era un sedante mezclado con analgésicos que Víctor había dejado preparado durante la entrega de asuntos. Según él, Javier debía llevarlo siempre consigo.Javier detestaba en extremo el contacto con otras personas. En los casos graves podía tener reacción de vómito, incluso deshidratarse, y necesitaba ese tipo de medicamento para calmarse.Al principio, Nicolás pensó que se trataba de una especie de obsesión por la limpieza o de algún trastorno psicológico. Jamás imaginó que Javier reaccionaría con tanta violencia solo porque aquella mujer lo había tocado unas cuantas veces a través de la manga.La mano con la que le ofrecía el medicamento se quedó suspendida en el aire.Javier levantó la cabeza de pronto. Su mirada se cruzó con la de Nicolás, quien no alcanzó a ocultar del todo la curiosidad e
El vehículo regresó al Hotel Real de los Olivos.La cena de celebración de esa noche se celebraba en el hotel más lujoso de Monteluz.Era el primer banquete que la delegación de Luminaria ofrecía en Monteluz después de concluir las negociaciones.Durante las últimas setenta y dos horas, Javier había trabajado bajo una presión extrema, casi sin cerrar los ojos.Había comprimido al límite el viaje a Lagoazul, originalmente planeado para cuatro días, reduciendo a la fuerza las negociaciones a un día y medio. Para lograrlo, también había cedido una enorme cantidad de beneficios.Los representantes de la otra parte terminaron con los ojos rojos por el desgaste, y Javier también tenía la mirada enrojecida por el cansancio y el pulso constante de la negociación. Incluso Nicolás llegó a preocuparse por si acabaría desplomándose.Apenas terminó la negociación, Javier exigió regresar de inmediato a Monteluz.Nicolás contactó esa misma noche a la aerolínea para modificar la ruta privada. Despu
El chofer siguió las indicaciones de Javier y condujo hacia una parada de camión cerca de la zona comercial.Tal como esperaba, en la parada cercana vio a Carolina esperando, vestida con ropa demasiado ligera para el frío.Estaba sola bajo un farol, con la ciudad iluminada por neones a sus espaldas, como si aquel paisaje nocturno estuviera a punto de tragársela por completo.Tenía los hombros delgados y la punta de la nariz enrojecida.Por el corazón de Javier pasó de pronto una sensación extraña.No tenía experiencia tratando con mujeres jóvenes. Estaba acostumbrado a resolver los problemas de manera dura y directa.A su alrededor, tanto las primas lejanas de su familia como las hijas de sus socios comerciales solían mostrarse respetuosas, hábiles y complacientes cuando lo veían.Pero al mirar a Carolina esperando sola el camión, volvió a darse cuenta de que no debía tratarla con sus viejas costumbres.***El viento nocturno era helado.Carolina estaba de pie en la parada del camión.
Dentro del carro faltaba una persona, y el silencio lo cubrió todo.Javier estaba sentado entre las sombras, mirando sus propios dedos.En las yemas aún quedaba aquella sensación suave, como si fuera algún tipo de sustancia adictiva. Bastaba tocarla para provocar una reacción en cadena, y ese estado podía afectar su juicio.Él sacó un pañuelo de seda y se limpió los dedos lentamente, pero aquella suavidad parecía habérsele filtrado bajo la piel.Por más que se frotara una y otra vez, no desaparecía.En el asiento del copiloto, Nicolás le informó todos los movimientos de Carolina durante ese día.Javier escuchó en silencio hasta el final y luego habló con voz tranquila:—¿No dije que no se les permitiera acercarse a ella otra vez?La presión dentro del carro cayó de golpe.El rostro de Nicolás también cambió ligeramente. Casi le escurrió el sudor.—Disculpe, señor Javier. Me encargaré de resolverlo.Javier, siempre distinguido e impecable, rara vez dejaba ver así sus emociones. Su ros
Los vidrios polarizados impedían ver lo que ocurría dentro. Todos, por acuerdo tácito, esperaron fuera del carro.Dentro, el ambiente estaba a punto de solidificarse.Bajo la superficie elegante y distinguida de Javier, sus verdaderas emociones empezaron a filtrarse apenas.Carolina estaba completamente rígida. Él le sujetaba la barbilla. En los dedos de Javier seguía puesto el anillo de compromiso de ambos, y en el dorso de su mano asomaban ligeramente las venas. Todo su cuerpo irradiaba una oscuridad pesada.El metal frío le rozaba la piel mientras la obligaba a acercarse.La mirada afilada de Javier cayó sobre su rostro.—¿Por qué? ¿Por él?Su mano era grande y hermosa, de dedos largos. Podía cubrir media cara de Carolina; era esa clase de mano blanca y huesuda que podría servir para modelaje.A Carolina se le cortó la respiración. La piel donde él la sujetaba pronto quedó marcada de rojo. El aliento caliente de ella soplaba una y otra vez contra la palma de Javier, y la suav
Carolina sabía que debía sentirse agradecida.La primera reacción de Javier, después de que ella tuvo problemas, fue vengarla. Con una ligereza casi indiferente, había conseguido hacer aquello que ella jamás habría podido lograr.La mejor forma de aplastar un rumor era crear uno todavía más grande.Para una persona común, su venganza era un golpe desde una dimensión superior, suficiente para destruir una vida que apenas comenzaba.Pero Carolina no podía separar sus emociones de todo eso.Cuando se quedaba en silencio, aquellas imágenes salían sin control: Esteban arrodillado en el suelo, temblando con una bolsa de plástico en la cabeza, el rostro hinchado hasta ponerse morado. La escena tironeaba de sus nervios una y otra vez.Y no solo Esteban. Aquel muchacho que la había humillado en público dentro del salón también había desaparecido últimamente.La facultad no había publicado ningún aviso al respecto, pero Carolina podía adivinar la razón de su desaparición. Precisamente por es