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Capítulo 2

Author: Sunny Enchmarch
—¡Connor! —gritó Chanel a mi espalda.

El viento me azotó la cara y silbó en mis oídos. Cerré los ojos, abrí los dedos y dejé de aferrarme al barandal.

Mi cuerpo comenzó a caer, pero una mano se cerró sobre el cuello de mi bata y me detuvo en el aire. El tirón me sacudió con tanta fuerza que una punzada me atravesó la nuca.

Chanel tenía medio cuerpo inclinado sobre el vacío. Al lanzarse para sujetarme, su muñeca golpeó el panel de vidrio del barandal. El cristal se quebró bajo el impacto y uno de los bordes le abrió la piel. La sangre le corría por el brazo y varias gotas cayeron sobre mi rostro.

Con un último esfuerzo, Chanel me arrastró de vuelta. Los dos caímos sobre el piso de mármol y el golpe me dejó sin aire.

—¡¿Estás loco?! —chilló mamá a nuestro lado.

Papá temblaba de rabia. Se inclinó sobre mí y me señaló con el dedo, casi pegándolo a mi cara.

—¡¿Intentaste matarte frente a toda tu familia solo por un trasplante de corazón?! —me gritó—. ¡Mira cómo quedó la mano de tu hermana por salvarte!

Los miré con frialdad. Seguía tirado en el suelo, sin fuerzas, como un trapo que alguien había arrojado allí.

Chanel apretó los dientes y me puso la mano herida frente a la cara. Tenía los ojos enrojecidos y la sangre no dejaba de correrle entre los dedos.

—¡Mira esto! —me gritó—. ¡Casi me destrozo los tendones por salvarte! ¡Si te queda algo de conciencia, deberías reconocer toda la paciencia que hemos tenido contigo! ¡¿Hasta cuándo vas a seguir con tus berrinches?!

Observé la sangre que caía sobre el mármol. Aquel rojo intenso debería haberme estremecido, pero no sentí nada.

Entonces empecé a reír.

Al principio fue una risa baja, casi ahogada. Luego ganó fuerza hasta sacudirme el pecho. Reí tanto que un ataque de tos me dobló y terminé escupiendo sangre.

—¿Conciencia? —repetí entre risas mientras apartaba sus dedos ensangrentados y me limpiaba la sangre en la bata con asco—. Chanel, ¿con qué derecho me hablas de conciencia? Tú te abriste la muñeca y ya te quejas del dolor. Pero ¿qué hay de lo que hiciste hace dos años?

Todo el cuerpo de Chanel se estremeció.

La miré a los ojos y le hablé con frialdad.

—Hace dos años, Marcus perdió aquel concurso de baile hip-hop porque yo era mejor que él —le recordé—. Se puso a llorar y dijo que aquel concurso era su gran sueño. Por eso, después de uno de mis ensayos, me metiste en un saco y me arrastraste hasta un callejón oscuro. Allí me golpeaste la rodilla derecha una y otra vez con un bate de metal hasta destrozarme la rótula. Dijiste que Marcus solo podría ocupar mi lugar en el centro del escenario si yo dejaba de bailar por la lesión.

Nadie dijo una palabra. Chanel se puso blanca como el papel y abrió los ojos, aterrada.

Después me volteé hacia mis padres. Los dos también habían palidecido.

—Y ustedes tampoco son inocentes —continué con una sonrisa amarga—. Revisaron las grabaciones de seguridad y descubrieron que su adorada hija había sido quien me dejó lisiado. Pero para protegerla y compensar al pobre Marcus, destruyeron las grabaciones.

Creyeron que al borrar aquellas imágenes yo nunca descubriría la verdad. Se equivocaron.

A mamá le fallaron las piernas y estuvo a punto de caer. Sus labios temblaron, pero no logró decir nada.

—«Marcus no tiene nada y tú lo tienes todo. ¿Qué tiene de malo dejarle el protagonismo por una vez?» —repetí con sarcasmo, usando el mismo tono que papá había usado antes—. Y ahora hasta le entregaron mi vida. Qué buenas personas son.

Me apoyé en el piso y conseguí ponerme de pie. Antes de marcharme, los miré por última vez.

Para mí, ya estaban muertos.

—Ya compensaron al pobre Marcus —sentencié—. Ahora me toca salir del escenario para siempre. Les deseo toda una vida de pesadillas.

Me volteé para irme, pero Chanel se lanzó detrás de mí como una loca y trató de agarrarme.

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