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Capítulo 3

Author: Sunny Enchmarch
—¡Espera, puedo explicarlo! —me rogó Chanel mientras me agarraba de la bata con la mano herida. Su sangre empapó la tela. La voz le tembló, pero su mirada dejó claro que todavía se negaba a aceptar la culpa—. Yo nunca quise destrozarte la rótula derecha. Solo quería lastimarte un poco para que no pudieras terminar el concurso. Marcus se había encerrado en su habitación y no paraba de llorar. Decía que su vida estaba arruinada por haber perdido. ¡No soporté verlo así! Solo quería cumplir su deseo. No sabía que había usado tanta fuerza… —se defendió, cada vez más ofendida, como si la víctima hubiera sido ella—. Connor, soy tu hermana. ¡¿Vas a seguir echándome en cara un accidente?! Estás bien. Solo cojeas un poco. Y sobre el corazón, considera que se lo prestaste a Marcus. Cuando encontremos otro donante compatible, te conseguiré uno aunque tenga que rogar o robar. ¿Ya estás contento?

Ver su cara me revolvió el estómago.

¿Yo estaba bien?

Bailar había sido mi vida. Por culpa de Chanel, pasaba las noches despierto y bañado en sudor frío por el dolor. No podía hacer otra cosa que mirar mi pierna derecha, que había quedado débil y nunca volvió a ser la misma.

Eso era lo que ella llamaba «estar bien».

Le aparté los dedos de mi ropa y le di una cachetada que la hizo retroceder.

—Me das asco, Chanel Young —le dije entre dientes.

Papá se acercó desde atrás. No miró las manos ensangrentadas de Chanel ni mi cuerpo, que apenas lograba mantenerse en pie. Solo clavó los ojos en mí.

—¿Ya terminaste con tu espectáculo, Connor? —me advirtió en voz baja—. Estamos en medio de un hospital. ¿Quieres convertirnos en el hazmerreír de todos? —Respiró hondo y alzó la barbilla—. Tu hermana se equivocó hace dos años, pero eso ya pasó y tu pierna derecha no tiene arreglo. ¿De verdad vas a insistir en mandarla a la cárcel y terminar de destruir a esta familia? La operación de Marcus ya comenzó y no podemos recuperar el corazón. Hagamos esto: mañana te transferiré el cincuenta por ciento de las acciones de la empresa que están a mi nombre. No tendrás que trabajar un solo día de tu vida. ¿Con eso te conformas?

Mamá se secó las lágrimas antes de intervenir.

—Así es, Connor —añadió con voz dulce—. Marcus es un buen chico. Cuando despierte, haré que te trate como a un hermano y que también cuide de ti. Después de todo, somos una familia, ¿verdad?

Ya no me quedaban fuerzas ni para enojarme ante una propuesta tan absurda. Me habían destrozado la pierna derecha y robado el corazón. Ahora pretendían borrar todo con dinero y con la promesa de que la misma persona que me había hecho la vida imposible cuidaría de mí.

En sus ojos, mis sueños y mi vida siempre habían tenido un precio.

«¡Bip!», sonó dentro de mi cabeza.

La voz del sistema me advirtió: «Amo, las células de su corazón están muriendo a toda velocidad. Le quedan cinco minutos».

El dolor se extendió por mi pecho y me cerró la garganta. Las piernas me fallaron y estuve a punto de caer, pero logré aferrarme al barandal y mantenerme en pie.

Con la respiración entrecortada, saqué del bolsillo el frasco con el medicamento de emergencia y lo apreté en la mano. Después avancé hacia el ascensor mientras me apoyaba en la pared. Cada paso parecía exigirle a mi cuerpo más fuerzas de las que todavía me quedaban.

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