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Capítulo 6

Author: Sunny Enchmarch
—¿Connie? ¡Connie! —me llamó una voz de mujer mientras una mano áspera me tocaba la frente.

Abrí los ojos, sobresaltado. El olor fuerte del desinfectante había desaparecido. En su lugar, el aroma de una sopa caliente me llegaba hasta la nariz.

Estaba acostado en una cama dentro de un apartamento pequeño. Apenas había espacio entre la cama, una mesa y la puerta, pero el lugar se sentía cálido. Junto a mí había una mujer regordeta de mediana edad, vestida con un delantal. Me observaba con preocu
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    Desde aquel día, no volví a dirigirles la palabra.Los tres comenzaron su larga y dolorosa farsa de «arrepentimiento». Cada gesto parecía pensado para demostrarme cuánto sufrían, como si su dolor pudiera borrar el mío.Todas las mañanas, a las siete en punto, mamá llegaba con una sopa caliente que había pasado horas preparando. La servía en una taza, comprobaba que no fuera a quemarme y después la acercaba a mis labios con cuidado.Yo cerraba los ojos y apretaba la boca, como si ella no estuviera allí. El aroma de la sopa flotaba por la habitación, pero no conseguía despertar nada dentro de mí. Media hora después, cuando se enfriaba, mamá la tiraba sin hacer ruido. A la mañana siguiente regresaba con otra taza y repetía el mismo intento.Chanel llevó una cama plegable al hospital y comenzó a dormir fuera de mi habitación. Antes era una heredera elegante que no soportaba ver una mancha en su ropa. Ahora siempre estaba cubierta de polvo, había dejado de maquillarse y parecía dispuest

  • Adiós, Mi Corazón   Capítulo 9

    La alarma del corazón mecánico retumbó por toda la habitación y perturbó el silencio. Chanel se lanzó sobre mí como si hubiera recibido una descarga y me sujetó la mano con todas sus fuerzas. Apretó tanto que sentí que iba a quebrarme la muñeca.—¡Doctor! ¡Necesitamos un médico! —gritó hacia la puerta con el terror reflejado en los ojos.Varios médicos entraron corriendo, me inmovilizaron contra la cama y revisaron la conexión. El pitido siguió taladrándonos los oídos hasta que comprobaron que el tubo continuaba en su lugar. Solo entonces respiraron tranquilos.Me recosté contra la cabecera y observé a Chanel. Tenía la frente cubierta de sudor y las manos no dejaban de temblarle.—¿Por qué te tiemblan las manos, Chanel? —le pregunté con calma.Chanel levantó la cabeza. Tenía los ojos inyectados en sangre y respiraba con dificultad.—¡¿Te volviste loco, Connor Young?! —me gritó—. ¡Esa máquina te mantiene vivo! ¡Si desconectas el tubo, vas a morir!—Lo sé —respondí con frialdad—.

  • Adiós, Mi Corazón   Capítulo 8

    Chanel estaba convencida de que merecía una felicitación. Creía que, después de echar a Marcus y gastar casi todo lo que tenía para comprarme un corazón mecánico, yo olvidaría todo el daño que me había causado y la perdonaría.La miré a los ojos y se me escapó una risa baja, sin nada de alegría.—¿Por qué lo regañaste, Chanel? —le pregunté sin apartar la mirada—. Tú fuiste quien me destrozó la rodilla derecha y papá fue quien entregó mi corazón. Marcus solo lo aceptó de lo más feliz porque siempre lo ponen por encima de mí.Chanel palideció. A su lado, mamá se cubrió la boca con una mano, pero no logró contener los sollozos.—No digas eso, Connor —me rogó entre lágrimas—. Tu hermana lleva dos meses castigándose todos los días. Está arrepentida de verdad…El cansancio me pesaba hasta en la voz.—¿Arrepentida? —repetí con un suspiro—. No. Solo tiene miedo. Si yo hubiera muerto de verdad, cada noche, al cerrar los ojos, se vería a sí misma como una asesina. Habría cargado con eso du

  • Adiós, Mi Corazón   Capítulo 7

    Una presión insoportable me oprimió el pecho y arrastró mi alma de regreso al cuerpo. Abrí los ojos al escuchar el pitido constante de varias máquinas. La luz blanca de la habitación me lastimó la vista y tardé unos segundos en comprender que había vuelto.Ellie no estaba allí con el pastel que había comprado para mí y el delicioso aroma de la pasta había desaparecido. En su lugar, sentí una vibración apagada y mecánica bajo las costillas. Mi corazón ya no latía por sí solo. Una máquina lo obligaba a seguir funcionando.Al otro lado del vidrio, Chanel estaba apoyada contra la ventana. Tenía el cabello desordenado y ya no parecía importarle su apariencia. Cuando me vio abrir los ojos, se levantó de un salto y empezó a darle manotazos al médico que estaba junto a ella para llamar su atención.Mamá se cubrió la boca con una mano temblorosa y se dejó caer al suelo. Papá ni siquiera intentó ocultar las lágrimas que le corrían por la cara.Unas doce horas después, me trasladaron a una ha

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