LOGINDe camino al punto de encuentro decidí dar un gusto a mi cuerpo y un sacrificio a mis finanzas, gastando algo de mi humilde dinero en una cajetilla de cigarros y un encendedor. Así que todo el camino al lugar me lo pase fumando uno de los cigarros, deseando que nunca acabara la sensación del humo inundar mis pulmones y matándome por cada calada. No tarde mucho en lograr ver la gran camioneta de Leah estacionada, con un brazo sosteniendo un teléfono último modeló a través de la ventana. Lo supe desde el principio que esa debía ser Adeline tomando fotos para subirlas a sus redes sociales.
—¡Mío! —Grite mientras le arrebataba aquel aparato de las manos a Adeline, soltando unas cuantas risas al escuchar su grito de horror. —¡Leah, mi celular! —Gritaba Adeline despavorida, hasta que en medio de su drama logro reconocerme. —Ay... querida, que horrible te ves. —Note como trataba de verme mejor bajando sus lentes de sol y yo solo le devolví su celular, sintiendo su pesada mirada sobre mi. —Aunque tu maquillaje me gusta. —Ay gracias. —Apague aquel cigarro y guarde el resto en la cajetilla, Leah era muy estricta con respecto a subir a su preciada camioneta y entre esas cosas estaba el no fumar dentro de ella. —Morana, me entere que una cafetera fue lanzada del edificio Sunday Crazy. ¿Qué sabes de eso? —Me pregunto Leah apenas me vio subir a su camioneta. —Que fui yo. —Note la mirada llena de sorpresa por parte de mis dos amigas apenas dije esa información, Leah una sorpresa más dirigida a la incredulidad y Adeline una sorpresa más del tipo "Y así como hizo esto, hace cosas peores". y yo solo pude reírme. —Me despidieron así que esa fue mi pequeña venganza. —No puedes estar vengándote de forma tan violenta de todos aquellos que te molestan. —Ahí iba el primer regaño de Leah, ella siempre era extremadamente correcta y buscaba guiarme por el mejor camino. Pero ya estaba tan cansada de la vida que me negaba a escucharla. —Eso es verdad, para la próxima me dices y le pago a unos matones. —Adeline movió sus manos mientras hablaba, soltando unas encantadoras risas al ver la cara de Leah. —Leah debe de conocer a unos hombres bastantes fornidos que harían ese trabajo sin ningún problema. —Mis enlistados no van a golpear a viejos decrépitos, prefiero que todo corra debidamente al ritmo de la ley. —La ley no me ayuda, Leah. Y por mucho que se los quiera decir, no era capaz de decirles que pensaba eso por lo que había ocurrido con el viejo. Si ellas supieran lo que sucedió, ese estúpido anciano ya estaría tras de las rejas y con su cafetería a mi nombre, pero no deseaba abusar de la ayuda de mis amigas y mucho menos deseaba que se burlaran de mi de por vida ya que vi a un viejo con su cosa más muerta que viva. —Sí pero a Morana la ley no la ayudara mucho en esta situación, no después de tirar una cafetera del séptimo piso de su edificio de trabajo. —Por dios chicas, mejor díganme a qué discoteca vamos. —las mire, algo fastidiada. —A la discoteca de la ochenta, señorita. Invite a algunos colegas, así que espero que no les moleste. —Ni se cómo explicarlo, pero se escuchaba muy sabroso escuchar a mi amiga decirme señorita. —Leah no me digas así, que me vuelvo muy lesbiana. —Ay pensé que era la única que pensaba así. —Adeline me siguió el juego con una sonrisa llena de picardía, su feminidad era algo que siempre llamaba la atención de todos, hasta de las mismas mujeres que la buscaban como abejas a la miel. Después de todo era lo que cualquiera deseaba ser, una mujer famosa, millonaria, rubia y hermosa. Lo único que hacia que todos salieran corriendo de ella y su encanto era su ego tan alto como las nubes, pero eso no evitaba que la gente admirara la belleza de aquella princesa rubia y egocéntrica ante mi. —Definitivamente no me molestaría estar con un hombre que me recuerde a ti. —Dije entre risas. —Un hombre con mi personalidad debe ser un castigo. —La escuche decir, mirando por el retrovisor sus cejas bien arregladas y levemente fruncidas. Leah era otra belleza mas en nuestro grupo de amigas, una mujer de cabello castaño con hermosas ondas pero con una actitud que rozaba la aura masculina. O quizás era su carácter destinado al liderazgo que la hacia parecer así. O que yo directamente la relacionaba con la masculinidad por todas las novias que llego a tener, para nadie era un secreto su bisexualidad y como siempre tomaba el dominio de la relación. —Si me despertara con un castaño alto de ojos verdes a mi lado diciéndome que debo respetar el código civil no estaría en un castigo, estaría en un sueño. —Mientras no sea tan pobre como tu, ya que si no despertarían en la calle. —Escuche decir a Adeline, a lo cual solo pude reírme a carcajadas. —Me arroparía con un cartoncito. —Ay niña, no lo permito. ¿No quieres que hable con mi manager? Con lo guapa que eres algún trabajo te podría conseguir para que mantengas a ese castaño de tus sueños. —No Adeline, estoy bien así. Ya veré como arreglo ese problema. —Llevas diciendo lo mismo por meses. —Reclamo Leah, estacionando su vehículo. —Llegamos, chicas. Vi por la ventana, estábamos estacionadas afuera de una de las mas grandes discotecas de la ciudad. Desde fuera se veían las luces de colores y el fuerte olor a alcohol que inundó mis fosas nasales. El lugar era bonito pero se veía caro, más de lo que me podía permitir. —¡Señorita justicia se estaciono mal frente a Mystic Oasis! ¡Le darán una multa! —Escuche a Adeline gritar desde fuera de la camioneta, ya se habían bajado así que yo no tarde en hacerlo. —No me había dado cuenta. Vayan entrando mientras acomodo la camioneta. —Aclaro Leah mientras volvía a subir a la camioneta. Por otro lado, Adeline ya estaba tomando mi brazo y jalándome dentro de la gran discoteca. —¡Que lugar tan bonito! —Si lo es. —Mire a mi alrededor, no parecía haber nada más interesante que la gente bailando y chocando sus cuerpos con los de completos desconocidos. Ya estaba abrumada. Era la típica introvertida que fue obligada por sus amigos extrovertidos a salir de su habitación a conocer el mundo exterior. Más cuando a un lado de ti tenías a una de las actrices más reconocidas de la industria, a la cual saludaban todo aquel que pasara a su lado. —¡Por dios! ¡Morana espera aquí! ¡Acabo de ver a mi manager! —Como una niña pequeña fui abandonada en la puerta del bar. Y vi a mi amiga irse, dejándome completamente sola en éste lugar desconocido para mí. Anotaré en mi cabeza hacer drama por esto después. —¡Quítate! —Me grito un hombre molesto, era entendible ya que estaba parada en medio de toda la puerta de aquel bar. Pero para mi, el demostrar mi entendimiento era nada más y nada menos que sacar el dedo medio a los hombres groseros. Hoy me tenían harta hasta la punta de los dedos. Me había topado solo con los hombres más groseros existentes y ni siquiera en mi tiempo de descanso podía estar tranquila. —¿Qué te pasa, puta? —«Se dio de cuenta» Me di la vuelta, ignorando por completo al imbécil que traía las copas de alcohol hasta la cabeza. Me había dado cuenta tarde que lo último que debía de hacer en este momento era meterme en problemas cuando se supone que vine con mis amigas. Que por cierto, amigas que no tenia ni el más mínimo conocimiento de dónde estaban. Camine apresurada por la discoteca, apenas y escuchaba los gritos enojados del hombre, que me seguía a un paso algo torpe por el alcohol en su sistema. Agradecía que fuera solo un estúpido borracho. —¡Ven acá, perra! —Por Dios, Que esté hombre se caiga y se golpee, algo. Que le pase algo. Comencé a caminar más rápido, ya hasta había llegado a la barra de la discoteca. La barra al igual que todo el lugar estaba llena hasta las esquinas más escondidas, pero el bartender parecía estar desocupado al ya haber atendido todos los pedidos. —¡Oye, chico! —Trate de llamarlo, era un muchacho bastante joven de cabello castaño y rulos, con una piel acariciada por el sol que era divina. Su mirada no tardo en fijarse en mi, y estaba agradecida por ello. —Dígame, señorita. —Se acerco a un paso apresurado, quizás noto que estaba en una situación algo desfavorable y su amabilidad era un milagro que me había caído del cielo. —Hay un hombre que me está molestando desde hace un rato. —Mire a mi alrededor, notando como estaba tratando de pasar la multitud de personas. —¡Ese de allá! —Lo apunte, dando saltos en mi propio lugar al demostrar mi apuro. El chico ante mí noto la situación, no tarde en darme cuenta que estaba tan nervioso como yo, era joven y quizás estaba en sus primeros días de trabajo ya que ningún cliente lo reconocía y solo preguntaba por otro trabajador. —¡Sígueme! —Dijo tras el paso de unos segundos, saliendo de adentro de la barra. No tarde en seguirlo, no deseaba quedarme bien servida para ser golpeada por un borracho al que le saque el dedo grosero por andar de atravesada. No habíamos tardado mucho en alejarnos de todo el desastre del bar para estar en una especie de habitaciones privadas, fue corto el tiempo que me tome en reconocerlas. Eran las típicas habitaciones que suelen alquilar en las discotecas para aquellos jóvenes con las hormonas en el punto máximo o para los clientes que buscaban una buena noche con alguna prostituta. Solo que yo no tenía ninguna hormona disparada, tenía a un hombre borracho y desagradable siguiéndome. —Entra aquí, me encargaré de que los guardias lo saquen. —Asentí varias veces, entrando a la habitación corriendo y cerrando la puerta atrás de mi. Ya estaba a "salvó". Me senté en el suelo agitada mientras miraba a mi alrededor, la habitación portaba con un mueble curvado. El tradicional que se encuentra en todos los moteles. Además de otros muebles cuestionables para aquellos actos pecaminosos. Los conocía todos a la perfección, pero no por qué sea una depredadora sexual o algo por el estilo. Si no por qué era una escritora de erotismo puro. Solo que ninguna de mis historias había tenido el "Bum" que deseaba, más allá de aquella que fue robada por la editorial. Siempre me dolerá el haber sido estafada de aquella manera, ahora mismo sería millonaria y con cinco acompañantes nocturnos. Salí de mis pensamientos al escuchar como golpeaban la puerta, estaba extrañada ya que solo eran pequeños golpes parecidos a una especie de llamado. Así que lo mejor que pude hacer en aquella situación era... No responder. —¿Hola? Disculpa, acabo de alquilar la habitación. Si hay alguien de limpieza adentro me gustaría pedir que saliera. —Era la voz de un chico. Menos abriré ahora. Quizás hasta y piensa que vengo con el alquiler de la habitación y que soy una prostituta de la discoteca. Mire mi ropa, no parecía una trabajadora sexual pero tampoco parecía una muchacha pulcra y decente. Escuché la manilla de la habitación tratar de abrirse, un jadeo de horror salió de mis labios al escuchar eso y de inmediato tome uno de los muebles para ponerlo en la puerta y que no puedan abrir. —Disculpa, abra por favor. «Dios mío ¿dónde estarán las chicas?» —Abra por favor. —No, vete al carajo. —¿Disculpa? ¿Sabe acaso que esto va en contra de las leyes establecidas en derecho de privacidad? ¡Salga de ahí ahora mismo! —Dios, ya me estaban amenazando con leyes, que maravilla. —No. —Genial, una tautológica. No sé que sea eso, pero me ofende que me diga de esa forma. —Tautológica tu madre. —¡Abre- —¡Morana! ¿Dónde estás? —El grito de Leah llamando a mi nombre, fue como si un ángel bajara del cielo para mí. Me levanté del suelo y golpee la puerta, quería hacerle saber que estaba ahí, ya que sabía que no me escuchó cuando mandé a carajo al muchacho. —¡Leah estoy aquí! —¡Morana! ¿Qué haces ahí? —¡Un borracho me estaba persiguiendo! ¡Y un empleado me dijo que me quedara aquí hasta que se fuera! —Aparte el mueble de la puerta, esperado alguna señal por parte de Leah de que todo era seguro. —Por Dios. Atlas, ve a la mesa. —¿Atlas? ¿Cómo el dios griego? Que nombre tan bonito pero cliché. —¿Conoces a la que está allá dentro? Me tiene obstinado. —Es mi amiga. Y será mejor que te vayas si no quieres que cuestione que alquilaste una habitación. —Muy bien Leah, defiéndeme. —Eres toda una-... Bueno, no importa. Allá nos veremos. —Pasos resonaron por los pasillos, indicando que aquel muchacho ya se había ido. Fue ahí cuando finalmente abrí la puerta y mire a Leah al otro lado de ella, mirándome algo preocupada. —Estoy bien. —Fue lo primero que dije, deseando que no se preocupara más. —Tu día no puede ser peor. En serio lo lamento, no deseaba que pasara algo así mientras no estaba. —No es tu culpa. —Salí de la habitación, aún mirándola. —¿Llegaron tus compañeros? ¿Vamos? —¡Oh! ¡Si, vamos! —El agarre de la mano de Leah llegó hasta la mía, jalando mi cuerpo con entusiasmo a donde sea que este la mesa con sus compañeros. —Ya verás que te van a caer muy bien. Asentí soltando algunas risas, solo dejándome llevar por mi amiga a aquella mesa. Después de todo... Creo que a este punto ya nada puede empeorar.—Voy a la farmacia. —Le avisé a Valeria mientras me colocaba mis zapatos, al fin al segundo día de nuestro viaje me había dignado a ir a comprar la prueba de embarazo. Confío plenamente en que no paso nada, pero nunca se puede saber que cosas borro un mal momento de mi cabeza. Y que si en verdad había un niño dentro de mi vientre, ir a alguna clínica clandestina a deshacerme de él. Ya que yo no iba a darme el castigo de vivir toda mi vida viendo el rostro de alguien que nació a través de tan amarga noche. Y yo no le iba a dar a una criatura un castigo que no merecía, ya que nacería inocente de todo pecado pero la historia detrás de como llego al mundo haría que se atormente de por vida. Ya que sería incapaz de amarlo. —¡Trae unas gomitas! —¡Entendido! —Me despedí mientras salía de la habitación del hotel, el cual le dije a Valeria que yo iba a pagar al estar cansada de dormir por tantas horas continuas en el asiento del autobús, cosa que tampoco era buena para Valeria, quien es
—Te puedo dar 81$ por cada gramo de este arete. —Me dijo el comprador de oro, el precio me pareció bien así que le vendí los dos aretes sin pensarlo mucho. Los dos aretes daban un total de tan solo 24 gramos y ya tenía en mi bolsillo nada más que casi dos mil dólares.-¿Está interesada en vender uno de esos collares también? -No, en otra ocasión puede ser. -tome mi dinero y lo guarde, no pretendía estar ahí otro segundo más ya que Valeria me estaba esperando. Dentro de una hora volvía a abordar el camión para seguir sus viajes, ahora iba a hacer una ruta hasta Guatemala y estaba claro que iba a ir. Mi impulsividad me llevo a estar más lejos de casa de lo que deseaba, y si fuera por mi era capaz de llegar hasta Caracas, que era donde estaba casi toda mi familia paterna, la cual tenía años sin ver. Pero más que estar afectada por lo que ocurrió deseaba reunir las fuerzas suficientes para poder ver a la cara a mi padre. Y también pensar profundamente si en verdad todo lo que pasó fu
El viaje de California a México no fue tan largo como pensé.Pensé que serían al menos diez horas de viaje pero solo fueron seis y más bien nos tardamos un poco más ya que la conductora insistió en qué fuera al hospital al verme tan mal herida, asi que en el momento en el que cruzamos la frontera, Valeria dejo a todos los pasajeros en la terminal y a mi me llevo al hospital.—Señorita... ¿Nos podría decir cómo se hizo eso? —Trato de preguntarme el doctor, un muchacho joven que parecía que estaba en sus pasantías y para su mala suerte yo había sido una de sus primeras pacientes, ya que a pesar de su cordialidad no tarde en ignorarlo, solo queriendo estar tranquila en aquella camilla mientras curaban las plantas de mis pies.Y al parecer el se dió de cuenta de ello, ya que no tardo en mostrar una pequeña mueca en su rostro y darle una pequeña orden a su compañera para que me proporcionará ciertas medicinas, yendo junto a Valeria, quien me estaba esperando no muy lejos de dónde estaba.—
Ya había salido de la mansión.Pensé que no lo iba a lograr y que sería atrapada por alguien que me vería y armaría un alboroto, dejando en evidencia mi terrible estado.No existe mucha lejanía entre la mansión y mi persona, estaba cerca de la calle en dónde me había dejado Atlas. Vi varios automóviles parados con las ventanas abajo, más ninguno de ellos se llevaba mi atención.—Señorita, venga con nosotros. -Me dijo un hombre que bajo de uno de los tantos autos, solté un gruñido fastidiada. —Por favor, venga.—¡No me toques! -Grite llena de cólera, haciendo que aquel hombre se alejara unos cuantos pasos de mí.No sé quién mierda es y mucho menos me interesa saberlo, solo quiero llegar a casa y encerrarme en mi cuarto hasta que mi cara se pudra por la porquería que tengo en ella.Fuí a esa maldita fiesta deseando tener algo de información, ver si lograba conocer a alguien de vital importancia para toda esta porquería de la trata de personas y... sentía como si no fuera logrado una mie
No sé cuánto tiempo paso, había perdido el hilo de tiempo después de haber estado horas dormida, o quizás desmayada. Si es que lo estaba, ya que en verdad estaba casi tocando el infierno de forma literal después de que me dieran a tragar tal cantidad de drogas tan mortal. Me dolía desde las puntas quebradas de mi cabello hasta la uña de mi dedo más chiquito, sentía como si hubiera sido tomada en un callejón por bandalos los cuales me golpearon hasta que se cansaron de mi y solo me dejaron tirada en una cama tan rígida que hacia mi espalda doler. Abrí mis ojos, la oscuridad de la noche me indicaba que ya había pasado el día enteró, quizás hasta podría ser de madrugada. Pero no lograba ver más que la luz de la luna colarse por la ventana, iluminando un poco aquel cuarto oscuro que solo me daba una sensación de... Asco. Traté de levantarme, mis brazos me dolían tanto que apenas era capaz de sostener mi propio peso. Pero había algo anormal en esta situación... Pase mi mano por mi ro
Esta es la habitación. -Despues de indicarme la habitación se retiro tan rápido como llego por mi al jardín, en cuestión de segundos ya no lo veía a lo lejos y agradecí por ello dentro de mi cabeza mientras comenzaba a tocar el vestido por encima de las telas. Deseaba saber si el micrófono seguía conmigo o ya lo había perdido.Para mí suerte, el micrófono seguía conmigo a pesar de todas las vueltas que había dado. Pude sentirlo entre las dos capas de la tela del vestido al palpar un poco. Así que finalmente ya al sentirme un poco más segura por la idea de que Atlas me estaba escuchando, entré a la tan famosa habitación después de haberme asegurado de que todo estaba bien.-¿Hola? -Llame apenas estuve dentro de la habitación, pero no parecía haber nadie. Lo único que había dentro de ella eran algunas copas de vino donde solo dos de ellas estaban servidas y la botella ya destapada, lista para seguir sirviendo más vino en aquellas copas lujosas.La habitación era grande pero no parecia s







