LOGINEl día de mi cumpleaños, yo, Luna García, y mi hermana adoptiva Susana García sufrimos un accidente automovilístico. Las llamas ya me habían consumido, pero mi prometido, Manuel Sánchez, señaló el asiento del copiloto y gritó a los socorristas: —¡Salven a Susana primero! ¡Tiene un problema cardíaco! Al despertar, mi rostro estaba desfigurado y los médicos me dieron un mes de vida como máximo. Más tarde, por el bien de los intereses de ambas familias, todos decidieron que Susana se casaría en mi lugar con mi prometido. Manuel, con el corazón apretado, acarició los vendajes que cubrían mi cara y me hizo una promesa: —Cuando te mejores, la posición de señora Sánchez seguirá siendo tuya. Yo acepté con una sonrisa. Incluso regalé, como obsequio prenupcial para ella, todas mis acciones, propiedades y las obras de arte que no había revelado al público. Gracias a mis pinturas, ella se convirtió en una artista renombrada, admirada por todos. Durante una entrevista con los periodistas, nuestra madre, Irene Jiménez, lloró emocionada: —¡Menos mal que no le pasó nada a ella en el accidente! ¡Si no, nuestra familia habría perdido a una genia! Manuel también anunció a los cuatro vientos que ella sería la única y legítima esposa de la familia Sánchez. Lo que no sabían era que la verdadera genia los observaba desde las sombras, con una mirada gélida. Y todas aquellas cosas que yo misma les había regalado, desde el principio, no fueron más que ofrendas que preparé para mi venganza.
View More(Narrador en tercera persona)Tras el funeral, el nombre de Susana permaneció en las tendencias durante medio mes.Susana fue detenida por la policía, convertida en un ser despreciable.Aquellos que habían pagado fortunas por sus cuadros la demandaron por indemnización. La familia García se hundió en deudas abismales. Hugo sufrió un derrame cerebral fulminante.Las acciones de la familia Sánchez se desplomaron. Manuel fue expulsado del clan, perdiendo prácticamente todo.De la noche a la mañana, perdió toda fortaleza.Incluso al dormitar, su mente solo reproducía el accidente: Luna, atrapada bajo el auto, aferrándose a su pernera y suplicando:—Manuel... sálvame... por favor... me duele... duele mucho...Y él, desprendiendo sus dedos uno a uno, arrastrando a Susana sin mirar atrás.Ese recuerdo lo atormentó miles de veces. Ni con calmantes podía borrarlo.Y la familia García no quería que lo olvidara. Cada vez que Antonio lo veía, escupía con odio: —¡Asesino!Cada palabra era un cuchil
(Narrador en tercera persona)Al instante, todas las cabezas se volvieron hacia él.—¿Quién es usted? —preguntó Susana, frunciendo el ceño.El hombre bajó la mirada con una leve sonrisa. —Solo alguien que hace los mandados de Luna. Yo no importo. Lo importante está dentro de la caja.Sus palabras despertaron de inmediato la curiosidad de todos. Los lentes de las cámaras se enfocaron en la caja.Antonio exclamó: —Pues ábranla ya. Veamos qué le dejó Luna a Susana.—¡No! —dijo Susana de inmediato—. Un regalo tan personal es mejor abrirlo en casa.Hugo negó con la cabeza. —Si tú le diste un tributo tan público a Luna, ¿cómo podemos esconder lo que ella te dejó a ti?Dicho esto, se acercó, tomó la caja y desató la cinta.Dentro había una pequeña memoria USB.—Debe ser un diario, o un video de despedida.Con determinación, Hugo la conectó a una computadora. Al instante, la pantalla grande parpadeó.Comenzaron a desfilar, una tras otra, los documentos del análisis del accidente.La primera pá
Tras la boda, mis padres se detuvieron de pronto a la salida. —Oye, ¿y Luna?Miraron a su alrededor sin encontrar mi figura. Antonio soltó una risa burlona: —Seguro no pudo soportarlo y se escondió en algún rincón a llorar.De repente, Irene suspiró: —Tal vez fuimos demasiado duros. Después de todo, acaba de pasar por ese horrible accidente.Antonio le dio unas palmadas en el hombro: —Vamos, mamá, no te preocupes. Le llamo y me disculpo, ¿está bien?Marcó el número, pero salía apagado.Susana le arrebató el teléfono a Antonio. Dijo con una risa ligera: —Mamá, papá, no se preocupen por ella. Vámonos rápido, o llegaremos tarde a la ceremonia de premiación.Al mencionar el premio, Irene se detuvo en seco. Olvidándose de mí por completo, subió al auto.Pero durante el trayecto, todos parecían haber perdido su entusiasmo habitual.De repente, sonó el teléfono de Irene.Lo contestó de inmediato. Era un número desconocido.—Disculpe, ¿es la madre de Luna?Irene se quedó un momento en silencio
Más adelante, todos se sumieron en el ajetreo: por un lado, la boda; por otro, la ceremonia de premiación de Susana.Las sonrisas en sus rostros se multiplicaban, mientras mi cuerpo se marchitaba poco a poco. La víspera de la boda, ni siquiera podía comer.La noche anterior a la boda, Irene soltó la frase con total naturalidad: —Luna, mejor no vayas a la boda de Susana. Con tu movilidad reducida, y con tanto lío, no podremos ocuparnos de ti.Hugo secundó: —Justo encontré un médico famoso en el extranjero. Mañana irás a verlo.Estaba a punto de hablar cuando Susana golpeó la mesa: —¡Mamá, papá, no digan tonterías! Ella es mi hermana, ¿cómo no va a ir a mi boda...?—Por supuesto que iré —le dije con una sonrisa. —Si mi hermanita se casa, ¿cómo no voy a estar ahí? Una hermana mayor no falta a algo así.Irene me miró con descontento. La ignoré y continué: —Tranquilos. Me quedaré en un rincón, sin moverme. No seré una carga.Antonio resopló con desdén: —Más te vale. Si tramas algo, no te lo






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