Início / Romance / Amor Furtivo / Capítulo 7. El eco de una noche.

Compartilhar

Capítulo 7. El eco de una noche.

Autor: Isabella
last update Data de publicação: 2026-01-10 12:59:40

Capítulo 7.

El Eco de una Noche

POV Ashley

Lo observo en silencio desde mi lado de la mesa, permitiéndome el lujo prohibido de disfrutar de este momento. Aunque las pastillas que he tomado para calmar los nervios mantienen mis emociones bajo una neblina espesa, quiero grabar este instante en mi memoria. Me parece increíble, casi especial, que haya recordado mi debilidad por el chocolate caliente y las galletas de vainilla.

Intento luchar contra el sopor de los fármacos. Lo detallo con una atención que no me había permitido en meses. Álvaro parece haber crecido; juraría que ahora roza el metro noventa. Está más fornido, más imponente. Incluso bajo el grueso abrigo que lleva, se adivina el relieve de sus músculos; un cuerpo atlético y poderoso que posee de forma natural, pues aunque jamás se ha esclavizado en un gimnasio, se mantiene en una forma insultante.

Es como un modelo de revista de alta costura, pero con una masculinidad mucho más cruda y real. Mis pensamientos se desvían inevitablemente a sus dotes, a esa hombría que anoche casi me atraviesa con sus dieciséis centímetros de pura potencia… Deslizo mi dedo índice por mis labios, sintiendo un calor súbito que me recorre la pelvis al recordarlo. No puedo dejar de observar sus labios gruesos, que cuando se abren revelan una sonrisa de dientes blancos perfectos; una condenada sonrisa que me derrite con solo verla. Su nariz es rectilínea, impecable, y sus ojos azules grisáceos funcionan como un imán: fuertes, atrayentes, cargados de una mirada fría enmarcada por pestañas espesas y cejas finas. Y luego está su cabello, negro azabache y revoltoso, dejando caer pequeños mechones sobre su frente para completar ese porte de chico malo que me mantiene hipnotizada.

Me tiene bajo su hechizo. Es como un demonio que succiona mi energía y mi alma, atrayendo toda mi atención. Me tiene bajo su completo control.

—No te recordaba tan silenciosa —dice al fin, rompiendo el trance y llamando mi atención.

—¿A qué te refieres? —pregunto con curiosidad, ansiosa por saber qué pasa por esa mente suya.

—Te recuerdo siendo una parlanchina. Solías hablar tanto que a veces solía perderme en todo lo que me decías, con la boca llena de galletas y chorreando chocolate…

Al escucharlo, me atraganto con el sorbo de chocolate y el trozo de galleta que tengo en la boca. Empiezo a toser ligeramente.

—Ahí está… —dice él, estirando la mano con una servilleta para limpiar mi barbilla. El gesto me pone en alerta máxima.

—Yo… yo puedo… —digo nerviosa, intentando quitarle la servilleta, pero él, terco como siempre, me lo impide.

—Tienes chocolate incluso en el cuello.

Volteo la cara para facilitarle el acceso y él se detiene de golpe. Me mira fijamente, con una intensidad que me corta la respiración. Yo le devuelvo la mirada, sintiendo cómo el corazón me golpea el pecho.

—¿Ya? —pregunto, tragando saliva ante su cercanía y esa expresión seria que suele poner cuando detecta que algo anda mal—. ¿Qué pasa? —susurro con la voz ronca, apenas un hilo de aire.

—Nada. Ya está —responde, regresando lentamente a su lugar.

No vuelve a tocar su chocolate. Solo me mira. Es una mirada fija, analítica, de esas que me ponen ansiosa porque siento que está leyendo mis secretos a través de la piel.

—Disculpa, voy al baño.

Me levanto apresurada. Él no dice nada, solo me sigue con la vista mientras levanta la mano para llamar a la mesera.

Me encierro en el baño y voy directa al tocador. Me lavo la cara una y otra vez con agua fría, tratando de despejar la inquietud. Entonces, noto una pequeña mancha oscura en el cuello de mi camisa. Al intentar limpiarla, mi sangre se congela. Cerca de mi clavícula, hay un chupón. Una marca rojiza y evidente que, sin duda, él me hizo anoche.

Me pongo tensa. ¿Lo habrá asociado a lo de anoche? No, es imposible. Estaba ebrio. Si hubiera recordado algo, ya lo habría dicho. Álvaro no se reserva nada; cuando algo no le gusta o le inquieta, lo suelta de inmediato. Pero la duda me consume como un ácido.

Pasan varios minutos antes de que me atreva a salir. Él está ahí, mirando por la ventana con la mano apoyada en el respaldo del sofá. Parece distante, pensativo. Como si percibiera mi presencia sin necesidad de mirar, voltea hacia mí.

—¿Quieres volver a casa ya, o deseas comer otra cosa?

—Quiero volver, si no es problema para ti.

—No lo es. No quieres hablar conmigo, te sientes incómoda y lo entiendo, pero no somos extraños… —Lo interrumpo antes de que siga por ese camino.

—Vamos a casa, ¿sí?

—De acuerdo.

Caminamos hacia la salida. En ese momento, un grupo de personas entra al local con prisa, obligándome a retroceder bruscamente. El impacto me arroja directamente a los brazos de Álvaro, quien me recibe con firmeza. En cuanto su mano se desliza por mi abdomen para sostenerme, mi cuerpo reacciona con una descarga de adrenalina. Sujeto su mano con fuerza, apretándola, mientras jadeo agitada.

Mi mente me traiciona y me envía un flash de anoche: yo sobre él, de espaldas, apoyando mi cabeza en su hombro mientras él me embestía con fuerza, envolviendo mi abdomen en un abrazo posesivo, presionándome contra su cuerpo.

Respiro con dificultad y me alejo de él de un tirón. Mis manos tiemblan.

—Lo siento… ¿te golpeé de alguna manera? —pregunto observándolo detenidamente.

Él niega con la cabeza, sin desviarme la mirada.

—Yo… quiero agua. Si quieres vuelve a la empresa, yo tomaré un taxi. Tengo que ir a una farmacia, necesito unas cosas personales.

—Te acompaño —responde sin dejar espacio a la discusión.

—No es necesario.

—Vamos, no estamos lejos. Te compro el agua y te llevaré a casa.

No me deja opción. Al llegar a la farmacia, la tensión se vuelve insoportable. Me detengo en la entrada antes de entrar.

—¿Podrías esperar aquí? Voy a comprar cosas íntimas aparte del agua y no quiero que vengas.

Él asiente con naturalidad.

—Sí, está bien. Ve.

—Gracias.

Entro casi corriendo. Busco una botella de agua y camino por los pasillos, buscando desesperadamente el estante de anticonceptivos de emergencia. No los veo por ninguna parte. Estoy a punto de entrar en pánico cuando, al llegar a la caja, las veo ahí mismo, detrás del mostrador.

—Podría darme una… —empiezo a decir, con el corazón en la boca, rogando porque Álvaro no decida entrar en este preciso instante.

— ¿Cuál marca desea?

— La mejor, es la primera vez que las tomo, que sean las más efectivas.

— Ok, está es nuestra marca reconocida, debe tomar dos y listo. ¿Desea algo más?

Saco la pastilla y me las llevo a la boca, destapando la botella de agua, me las tomo rápidamente.

— ¿Podría votar la caja por favor?

— Si, aquí tiene su factura.

— Vótela también. Gracias.

Salgo con la botella de agua en mano, notando que estaba por entrar.

— ¿Lista? ¿Conseguiste lo que buscabas?

— Si, ¿Nos vamos?

— Vamos.

Continue a ler este livro gratuitamente
Escaneie o código para baixar o App
Comentários (1)
goodnovel comment avatar
hebracor
bueno, x lo menos fue inteligente y tomo la pastilla pa prevenir un embarazo!!!
VER TODOS OS COMENTÁRIOS

Último capítulo

  • Amor Furtivo    Capítulo 70. El Veredicto del Destino.

    Capítulo 70. El Veredicto del Destino. El aire en los pasillos de la clínica privada de Los Ángeles es gélido. Tiffany Evans, con la mirada desorbitada y el cabello revuelto, ha cruzado el umbral de la cordura. En un movimiento desesperado, aprovechando un descuido en el cambio de turno de la seguridad, se desliza hacia la unidad neonatal. Sus manos tiemblan mientras abre la incubadora de Ian Gael. El bebé, ajeno al mal que lo acecha, duerme bajo el arrullo de las máquinas.—Mi niño… mi pequeña llave para tener a Álvaro —susurra ella, con una voz roca. —Vámonos, antes de que esa usurpadora te arrebate de mi lado.Tiffany toma al niño con brusquedad. El llanto del bebé estalla, agudo y desesperado, activando las alarmas. En segundos, el pasillo se llena de pasos pesados. Álvaro, que no se ha alejado del hospital, aparece como una sombra implacable, interceptándola cerca de la salida de emergencia.—¡Es mi hijo! ¡Es mi hijo! —grita ella mientras los oficiales de policía y el persona

  • Amor Furtivo    Capítulo 69. El Sacrificio de una Madre.

    Capítulo 69.El Sacrificio de una Madre. Durante las horas de vuelo, el tiempo se ha distorsionado; el espacio entre Chicago y Los Ángeles es un abismo de lágrimas y revelaciones que me queman por dentro. Cada vez que cierro los ojos, la palabra “madre” resuena en mi mente con un peso nuevo, sagrado y doloroso. Mi propia familia, aquellos que debían protegerme, me convirtieron en un recipiente, en una sombra, robándome el milagro de mi primer hijo para alimentar la obsesión de Tiffany, un dolor pulsante inunda mi alma, porque los creía capaz de todo menos de llegar tan lejos. En cuanto las puertas de la clínica se abren, el olor a antiséptico me golpea. Los padres de Álvaro corren hacia nosotros; la angustia en sus ojos es un espejo de la mía.—¿Cómo está mi hijo? ¿Dónde está mi bebé? —exclamo, con la voz quebrada y el rostro empapado en llanto.—Cálmate, cariño —suplica la madre de Álvaro, tomándome de las manos con una ternura que me desarma—. No puedes alterarte así, piensa

  • Amor Furtivo    Capítulo 68. El Despertar de la realidad.

    Capítulo 68. El Despertar de la realidad. POV Álvaro. La humedad del aire me cala los huesos, pero el fuego de la angustia me mantiene en pie. Marc, con la eficiencia de quien sabe que su vida depende de la mía, ha rastreado la última sombra de Ashley. Las cámaras de seguridad del edificio no mienten, ella salió poco después de que yo irrumpiera en su departamento. Las grabaciones muestran a una Ashley pálida, tambaleante, una mujer que parecía desorientada. Un taxi la recogió en la entrada; tomamos la placa, localizamos la agencia y, finalmente, al conductor.—La dejé en el Hospital General —nos dijo el hombre con un tono de preocupación genuina—. No se veía nada bien, señor.Ahora estoy aquí, frente al mostrador de emergencias, con el corazón martilleando contra mis costillas. Mi pecho es un hueco de ansiedad.—Señorita, buenas tardes —le digo a la recepcionista con la voz rota—. Estoy buscando a mi esposa. Es ella… —Le muestro la foto en mi celular. El rostro de Ashley, s

  • Amor Furtivo    Capítulo 67. Planes malévolos.

    Capítulo 67. Planes malévolos. Meses antes. El ambiente en la mansión Villanueva Evans es una amalgama de tensión que se puede cortar con un cuchillo. La celebración del Baby Shower de Ian Gael, que debería ser un oasis de alegría, se ha transformado en un escenario de caos tras el repentino desvanecimiento de Tiffany. Mientras los invitados se agolpan y los murmullos crecen, en un rincón sombrío del jardín, lejos de las miradas indiscretas, Estela despliega su red de intrigas. —Marco… —pronuncia ella, su voz es un susurro gélido que detiene al hombre en seco.—¿Señora Evans? —responde él, ajustándose la chaqueta con una sonrisa ensayada.—Te he estado investigando —suelta ella sin preámbulos, clavando sus ojos en él—. Te he seguido y puedo confirmar que intentas una relación con Ashley, pero que no son nada concreto.Marco suelta una carcajada breve, desprovista de humor.—¿Tan obvios somos? Debo confesar que no es por mí. Su hija se empeña en mantenerme a raya; dice que

  • Amor Furtivo    Capítulo 66. Verdades ocultas.

    Capítulo 66. Verdades ocultas. POV Álvaro. El asfalto de Chicago brilla bajo una lluvia fina y persistente que parece acentuar la frialdad de la noche. Me encuentro dentro del auto, con el motor encendido, observando la fachada del edificio de Ashley como si fuera una fortaleza infranqueable. Mi pulso es una marcha fúnebre que resuena en mis oídos. Marc, sentado al volante, no se atreve a mirarme directamente por el retrovisor; su silencio es la confirmación de mi agonía.—Señor… —murmura Marc con cautela—, el joven Marco no ha salido de la propiedad. Son más de las nueve de la noche.Saco mi teléfono una vez más. Mis dedos tiemblan mientras marco su número, rogando internamente por una explicación, por una voz que me diga que todo es un malentendido. El tono de llamada se repite, rítmico, monótono, hasta que cae el buzón de voz. La frialdad me recorre la columna. Cierro los ojos con fuerza, sintiendo que el aire se vuelve denso, casi sólido.—Espera aquí, Marc —ordeno con un

  • Amor Furtivo    Capítulo 65. Acorralados.

    Capítulo 65. Acorralados. POV Álvaro. El aire acondicionado de mi oficina en el centro de la ciudad zumba con una monotonía que me taladra los nervios. Frente a mí, sentado con una postura impecable que denota décadas de lidiar con las miserias ajenas, se encuentra el abogado Garza. He servido dos copas de whisky, pero él apenas ha tocado la suya. Yo, en cambio, siento que el líquido ardiente es lo único que me mantiene anclado a la silla.—Lo que me pide, señor Villanueva, no es solo un proceso legal; es una declaración de guerra —comienza Garza, ajustándose las gafas con una parsimonia que me desespera—. Debo serle muy franco, en la situación actual, ningún juez le otorgará el divorcio de manera expedita. Si su esposa presenta cuadros de depresión posparto o cualquier rastro de inestabilidad física tras esa hemorragia, la ley la protegerá como a un cristal delicado. Usted pasaría de ser el esposo preocupado al villano que abandona a una mujer convaleciente…. Además, debe pens

Mais capítulos
Explore e leia bons romances gratuitamente
Acesso gratuito a um vasto número de bons romances no app GoodNovel. Baixe os livros que você gosta e leia em qualquer lugar e a qualquer hora.
Leia livros gratuitamente no app
ESCANEIE O CÓDIGO PARA LER NO APP
DMCA.com Protection Status