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Capitulo 62

last update Veröffentlichungsdatum: 15.06.2025 05:03:23

Neferet, con una concentración férrea, elevó su voz, su cántico se transformó en una letanía de los nombres de los dioses de la justicia, de la armonía, de la vida. Las palabras, los jeroglíficos que había estudiado durante toda su vida, se convirtieron en un arma de pureza. Visualizó las redes de energía del Nilo, no como una fuente a ser drenada, sino como un sistema de flujo, de vida, de equilibrio eterno. Y dirigió esa energía restauradora contra Amunhotep, inundándolo con la misma pureza q
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  • Amor Prohibido en la Sombra Faraónica   Capitulo Final

    El sol de la mañana se derramaba sobre Giza, no con la luz fría de la inminente batalla que había precedido a la caída del Visir, sino con un brillo cálido y prometedor. Era un amanecer de esperanza, un lienzo de oro y rosa que se extendía sobre las majestuosas pirámides, bañando el Nilo en una luz que parecía purificar sus aguas. El Gran Salón de Audiencias, escenario de la confrontación final, había sido limpiado meticulosamente, cada mancha de sangre, cada rastro de caos, borrado por la diligencia de los sirvientes, pero las memorias de lo sucedido, la verdad desenterrada, permanecían grabadas en los corazones de quienes lo presenciaron.El Faraon con su porte restaurado y sus ojos ahora claros, observaba la ciudad desde el balcón de sus aposentos privados. La carga de su ceguera había sido reemplazada por una determinación renovada. A su lado, la Reina Tuya y Kiya, sus presencias eran un bálsamo de calma. La corte, purificada de la influencia del Visir e Imhotep, respiraba un aire

  • Amor Prohibido en la Sombra Faraónica   Capitulo 64

    Seti había presenciado la caída del Visir desde la distancia, oculto entre los últimos hombres leales al Visir que aún mantenían sus posiciones en los pasillos secundarios del palacio. Había visto el cuerpo de Amunhotep, la gema de obsidiana hecha añicos, la desesperación en los ojos del Visir antes de su final. El mundo de Seti se había derrumbado. Su poder, su posición, todo lo que había construido bajo la sombra del Visir, se desvanecía como humo.—¡No! —murmuró Seti, sus puños apretados, sus uñas se clavaban en la carne de sus palmas—. ¡No ha terminado! ¡el Visir no será derrotado!A su alrededor, una docena de guardias, hombres que habían sido sobornados por el Visir o que le debían su lealtad a la fuerza bruta de Seti, lo miraban con incertidumbre. El miedo a la ira del Faraón era palpable en sus rostros.—¡Escuchadme! —gruñó Seti, su voz era un siseo, forzando una bravuconería que apenas sentía—. ¡El Faraón está débil! ¡Los traidores lo han manipulado! ¡Es el momento de actuar!

  • Amor Prohibido en la Sombra Faraónica   Capitulo 63

    El silencio que siguió a la caída del Visir fue un rugido en el Gran Salón de Audiencias. La luz dorada de las inscripciones de Amon, activadas por Neferet y Menna, se disipó lentamente, dejando una sensación de calma restaurada.Los generales, los escribas y los sacerdotes leales que aún quedaban en el salón comenzaron a salir de su estupor. La figura del Visir, el omnipotente Visir, yacía en el suelo, derrotado. El Sumo Sacerdote Imhotep, la voz de los dioses, también había caído. El corazón de Egipto se había desgarrado, pero la oscuridad había sido expulsada.—¡Capturad al hechicero! —la voz del Faraon resonó en el salón, clara y autoritaria, a pesar del temblor en sus manos—. ¡Amunhotep! Aseguraos de que no escape. Y que sea interrogado. Que revele todos sus secretos.Los guardias leales, bajo las órdenes de Thutmose, se abalanzaron sobre el cuerpo de Amunhotep. Lo inmovilizaron. El hechicero, aunque vivo, estaba quebrado, su poder disipado, sus ojos vacíos.El Faraon descendió d

  • Amor Prohibido en la Sombra Faraónica   Capitulo 62

    Neferet, con una concentración férrea, elevó su voz, su cántico se transformó en una letanía de los nombres de los dioses de la justicia, de la armonía, de la vida. Las palabras, los jeroglíficos que había estudiado durante toda su vida, se convirtieron en un arma de pureza. Visualizó las redes de energía del Nilo, no como una fuente a ser drenada, sino como un sistema de flujo, de vida, de equilibrio eterno. Y dirigió esa energía restauradora contra Amunhotep, inundándolo con la misma pureza que él buscaba corromper.Menna, con su mente de arquitecto, visualizó el Corazón de Obsidiana como una estructura, un edificio inestable. Y comenzó a visualizar sus fallas. Las grietas. Los puntos débiles. La forma de desmantelarlo desde dentro. Su contra-conjuro era de deconstrucción, un proceso de desequilibrio que forzaba el retorno a la nada.El cuerpo de Amunhotep comenzó a temblar violentamente. El brillo de los jeroglíficos en sus túnicas se volvió errático, parpadeando y muriendo. La gem

  • Amor Prohibido en la Sombra Faraónica   Capitulo 61

    La gema de obsidiana en las manos de Amunhotep comenzó a parpadear. El cántico de Neferet, respaldado por la concentración de Menna, por la pureza de su intención, estaba contrarrestando la energía oscura. Una luz tenue, dorada, comenzó a emanar de los jeroglíficos bajo sus manos, luchando contra la luz morada de la gema.Amunhotep sintió el contra-conjuro. Sus ojos se abrieron en una expresión de incredulidad y furia.—¡Imposible! —rugió Amunhotep, su voz se distorsionó.El ritual, que Amunhotep intentaba acelerar, comenzó a desestabilizarse. La energía oscura, en lugar de fluir libremente, chocó contra la pureza del contra-conjuro. El zumbido de la gema se volvió errático. Las sombras a su alrededor se agitaron con furia.El Visir, al ver el efecto, se lanzó sobre el Faraón, que aún luchaba contra el influjo del Corazón de Obsidiana.—¡La oportunidad! —siseó el Visir—. ¡Ahora o nunca!Hesy, con una fuerza de voluntad hercúlea, se lanzó sobre el Visir, su espada brilló con una luz de

  • Amor Prohibido en la Sombra Faraónica   Capitulo 60

    Imhotep miró al Visir, luego a Amunhotep, que se mantenía en la sombra, su rostro inmutable. La desesperación se apoderó de él. Estaba atrapado. Entre la traición del Visir y la furia de su Faraón.Su rostro se contorsionó en una mueca de agonía. El hombre que había sido el pilar de la fe de Egipto, ahora era un ser quebrado.—Yo… yo… —balbuceó Imhotep, su voz se quebró. Las lágrimas rodaron por sus mejillas. El Sumo Sacerdote, el intocable, se estaba desmoronando ante los ojos de todos.—¡Sumo Sacerdote! —siseó el Visir.Pero Imhotep no lo escuchó. La presa se había roto.—El Visir… él… él me prometió gloria —balbuceó Imhotep, su voz era un hilo, pero se escuchaba en el silencio tenso del salón—. Me prometió que el ritual… traería un nuevo amanecer para Egipto. Me dijo que el Faraón… era débil. Que necesitaba un guía. Que el Corazón de Obsidiana… nos daría el control. El control sobre el Nilo. Sobre los hombres. Para… para bien. Él… él me engañó.Un murmullo de shock recorrió la sala

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