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Capitulo 7

Author: Alice Hard
last update publish date: 2026-09-05 21:14:15

"Cupido y las cláusulas del infierno"

El aterrizaje del jet privado en Londres fue tan suave que apenas y sentí cuando las llantas tocaron la pista, lo cual me frustró profundamente; tenía la secreta esperanza de que una turbulencia apocalíptica nos hiciera dar al menos un par de botes dramáticos para calmar la mala leche con la que venía cargando desde el continente americano. Anhelaba un poco de caos físico que estuviera a la altura de mi descomunal descontento emocional

—Desabróchate el cint
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    "Cupido y las vendas apretadas"La penumbra de Mayfair se había tragado por completo el gris de la tarde cuando el chasquido del cerrojo digital anunció la llegada de Gabriel.Me quedé inmóvil entre las sábanas de terciopelo, con la respiración contenida y la espalda apoyada contra el respaldo acolchado de la cama. El dolor de la rodilla se había instalado en una punzada tibia y constante, pero el verdadero nudo me apretaba el estómago: la advertencia de Miller y las líneas grabadas a fuego de la nota de Arthur seguían retumbándome en las sienes.Unos pasos pesados cruzaron el recibidor.Gabriel no fue directo a su despacho a revisar balances ni a colgarse al teléfono corporativo. Cruzó el pasillo y se detuvo en el marco abierto de mi dormitorio. Traía el abrigo oscuro desabrochado, la corbata aflojada y el rostro cruzado por un cansancio tenso que no lograba esconder. Sus ojos negros, afilados y desconfiados por naturaleza, barrieron la habitación en una fracción de segundo antes de

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    "Cupido y la sombra del león"El analgésico que el doctor Sterling me había inyectado en el muslo empezó a pasar de una tibieza difusa a un adormecimiento pesado que me pegaba las extremidades al colchón de terciopelo. La rodilla izquierda, envuelta en gasas estériles y una venda elástica apretada, palpitaba sorda, recordándome cada movimiento como un latido de plomo.Hacía apenas una hora que Gabriel se había marchado. Una llamada urgente de negocios lo había arrastrado fuera de la suite, no sin antes dejar la puerta blindada bajo triple cerrojo electrónico y a Miller plantado en el pasillo como una gárgola de granito.Estaba sola. En silencio. Con la luz gris de la tarde filtrándose a través de los ventanales panorámicos de Mayfair y la cabeza hecha un nudo de cabos sueltos.Saqué el teléfono de debajo de la almohada. Tenía la grabación guardada en la memoria oculta; el archivo de audio crudo con la bofetada seca de Arthur a Lily y sus amenazas de muerte resonando en el vals. Un arm

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    "Cupido y el veneno de la desconfianza"El silencio del baño de servicio se sentía como una tumba de azulejos fríos. Me apoyé contra el borde de la loza del lavamanos, respirando hondo, obligando al aire a entrar en mis pulmones mientras el dolor punzante en la rodilla izquierda me recordaba la caída seca contra la mesa auxiliar de caoba en Kensington. Doblé apenas la articulación para apoyarme y un latigazo sordo me subió directo a la cadera, sacándome un siseo entre los dientes que ahogué mordiéndome el labio inferior con rabia.Con los dedos rígidos por la mezcla de frío y adrenalina, me subí la botamanga del vaquero roto. La tela desgarrada estaba pegajosa, adherida a una costra oscura de sangre seca que rodeaba la piel en carne viva. Era un raspón feo, sucio, con restos de polvo del parqué de los Wagner que amenazaba con infectarse si no lo lavaba en el acto.Arranqué un pedazo largo de toalla de papel, lo empapé bajo el chorro de agua helada y me lo pasé sobre la herida con un t

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    "Cupido y los hilos enredados"La puerta principal se cerró con un clic seco, sellando la salida de Anyer y dejándonos a Gabriel y a mí en medio de un silencio que cortaba la respiración.Gabriel seguía arrodillado frente a mí sobre la alfombra. Sus manos, todavía apoyadas en el borde de mi bota, no se movieron ni un centímetro. Tenía la mirada clavada en la costura rota de mi vaquero, donde la sangre ya se había secado formando una línea oscura y rígida, pero su silencio era mucho más pesado que cualquier grito.—¿Un resbalón, Anne? —repitió él con la voz ronca, destilando una ironía tan fría que me recorrió la columna como un cubito de hielo.—Sí, Wagner. Los adoquines de Londres tienen una fijación personal conmigo — le retruqué, intentando mantener la barbilla en alto y sacando todo el orgullo de Almagro que me quedaba en el cuerpo, aunque el corazón me latiera desbocado contra las costillas.No me creyó. Por supuesto que no.Con un movimiento brusco, se puso de pie, se pasó una m

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    "Cupido y las visitas inoportunas"El trayecto en el ascensor hasta el piso treinta se me hizo eterno. Cada pequeña vibración del metal me repercutía en la rodilla izquierda como una descarga eléctrica. Me apoyé contra el pasamanos pulido, respirando hondo, obligando a mi pulso a bajar dos cambios.No podía darme el lujo de entrar arrastrando los pies como una pordiosera herida.Me ajusté el abrigo verde botella con los dedos todavía rígidos, acomodé el cuello para que no se viera la tirantez de mi postura y me pasé una mano rápida por el flequillo para aplacar el desastre que el viento y el forcejeo en Kensington me habían dejado en el pelo. Tenía el cuerpo en carne viva y la cabeza ardiendo en dudas. El móvil pesaba en mi bolsillo como un ladrillo; la llamada con Buenos Aires ya estaba cortada, pero la grabación del golpe a Lily seguía ahí, latente, guardada en la memoria del aparato. Un archivo de audio que no sabía si me servía de escudo o si me estaba empujando dos metros bajo ti

  • Amor por proxy   Capitulo 26

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