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Chapter 5

last update publish date: 2026-09-13 22:14:49

Punto de vista de Marcella

—Por favor, siéntate —me indicó que me sentara en el suelo y lo hice, pero en cuanto me senté, sacó un pequeño libro negro de su bolso y se sentó frente a mí. Yo estaba confundida, sin saber qué quería que hiciera. Esto no era exactamente lo que había imaginado para una sesión de «Verdad o Reto» dentro de un armario.

—Tú... todavía no has dicho nada —le recordé, pero no me respondió de inmediato; solo me devolvió la mirada y sonrió.

—Lo sé... bueno, estaba pensando que tal vez podríamos aprovechar este tiempo para reflexionar sobre cualquier cosa de nuestra vida, tal vez nuestro futuro, el pasado, lo que sea.

Seguía confundida por su petición.

—No entiendo a qué te refieres —me rasqué la cabeza llena de confusión.

—Bueno, lo que trato de decir es que disfrutes el momento... haz lo que quieras, mientras yo me quedo aquí haciendo lo que quiero. —Golpeó suavemente su diario, como si intentara decirme que quería ocuparse en algo.

Me sentí traicionada por su forma de pensar.

—¿O sea que quieres leer?

Se burló de mis palabras.

—¿Puedes vigilar la hora? Por si me entretengo demasiado con mi libro —hizo otra petición.

La miré con enojo y arrepentimiento por haberle dado esta oportunidad, y quería que lo supiera, así que actué como si fuera incapaz de entender a qué se refería.

—¿Eh? —exclamé para que pensara que estaba completamente perdida.

—Aún nos quedan 25 minutos, puedes hacer lo que quieras mientras yo me siento aquí a actualizar mi diario —me aclaró.

—¿De verdad eso es lo que quieres que hagamos? —le pregunté sorprendida, y ella me dio esa mirada desafiante y juguetona que me hizo sentir como una tonta.

—¿Tienes algo específico en mente? —me preguntó, pero me negué.

—No —mentí entre dientes—. Adelante.

Luego volvió a fijar su mirada en su escritura y vi su bolígrafo moverse mientras garabateaba en la página en blanco.

Sí... tenía tantas cosas en mente, tal vez simplemente podríamos habernos apegado a las reglas del juego y hacer lo que los demás querían. Sí, deseaba con todas mis fuerzas que sucedieran todas esas cosas atrevidas que los jóvenes rebeldes hacen juntos cuando se quedan encerrados en un armario, pero no tenía las agallas para decirlo. Bueno, no me puedes culpar, no soy un chico.

La miré escribir en su diario y me perdí en pura admiración.

Parecía una obra de arte bajo la tenue luz. Su cabello largo y ondulado caía sobre sus hombros, y su expresión era tan concentrada, tan serena. Recorrí con la mirada la línea de sus tupidas pestañas, imaginando qué se sentiría si se acercara, si esas pestañas rozaran mi piel en un abrazo absorbente.

—¿Estás bien? —me llamó cuando ya no pudo evitarlo. Estoy segura de que la puse súper incómoda por la forma en que la miraba fijamente y ya no pudo disimularlo más.

—Sí... lo estoy, ¿por qué no lo estaría? —Intenté comportarme y todo quedó en absoluto silencio por un momento, hasta que me hizo una pregunta extraña, una pregunta que hizo que mi corazón se detuviera.

—Marcella... ¿puedo preguntarte algo?

Le di una mirada de asentimiento.

—¿Alguna vez has deseado tanto a alguien, incluso cuando no te ve, y sabes que aunque lo haga, nunca podrán estar juntos? —Me miró directo a los ojos y quedé atrapada entre sus palabras y mi propio secreto. Sentí como si hubiera tomado una página de mi vida y me la hubiera leído en voz alta... tal vez no solo una página, sino mi vida entera.

Todo estaba en silencio; no sabía qué decir.

—Olvídalo —la escuché decir desde el otro lado, mientras hundía la cabeza en su libro.

—Sí... —la palabra salió de mi boca en un murmullo. Entonces levantó la cabeza y me sonrió.

—¿Te gustaría compartirlo? —preguntó de forma muy amable, pero no podía decírselo. Me le quedé mirando y mi boca anhelaba decir más. Podía sentir mis labios hormiguear en las comisuras por hablar. Si tan solo pudiera decírselo...

*Eres tú... siempre has sido tú, te quiero a ti, Lucille, incluso cuando sé que no puedo tenerte... eres todo lo que anhelo...* Dios, era tan buena diciéndolo en mi mente, pero no podía articular mi boca para decirlo en la realidad.

—Está bien... si no quieres compartirlo lo entiendo, tal vez...

—Quiero hacerlo... —la interrumpí tan rápido que ella se levantó y vino a sentarse a mi lado, con nuestros cuerpos tan cerca. Quería contárselo todo, mis sentimientos, pero las palabras me fallaron.

—Yo... yo... yo... —no parecía encontrar las palabras adecuadas para decirlo.

—¿Estás bien? —Notó que la miraba fijamente de nuevo, pero no dije ni una palabra. Nunca habíamos estado tan cerca; su presencia se sentía abrumadora.

Ambas estábamos en silencio, todo estaba en silencio, podía escuchar los latidos de mi corazón.

Intentó dejar su libro en el suelo cuando su mano tocó la mía. Levantó la cabeza y sus labios quedaron tan cerca de los míos.

Se acercó un poco más, y un poco más, hasta que pude sentir su aliento en mi rostro.

Entonces, un fuerte golpe retumbó en la puerta y ella se apartó de inmediato.

—¿Estás bien? —me preguntó.

—Sí... —cambié mi posición de sentada e intenté actuar distraída cuando de repente tocaron a la puerta.

Me giré y escuché cómo se abrían los cerrojos. ¿Ya era hora? Eso era lo único en lo que mi mente podía pensar. Miré mi reloj de pulsera y ya habían pasado más de 30 minutos.

—Mierda... se me olvidó —susurré.

Ella se levantó y yo la seguí, y en ese momento la puerta se abrió de golpe.

Ella ahogó un grito de sorpresa cuando vio a la persona que estaba frente an ella.

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