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Chapter 3

last update publish date: 2026-09-13 22:14:40

Punto de vista de Marcella

Un joven se acercó a ella y la rodeó por la cintura desde atrás; ella le tocó la mano, consciente de su presencia, y se la apretó con ternura y cariño; se miraron a los ojos y, a continuación, él le dio un beso enorme en la mejilla. Mi corazón se me encogió de inmediato y me quedé sin palabras.

De repente, me di cuenta con dolor de que había cientos de invitados mirándome, esperándome, a la espera de la gran revelación de la heredera de los Solís.

Sentí un enorme nudo en la garganta y tragué saliva con dificultad. Se me estaban llenando los ojos de lágrimas.

Él la abrazaba por detrás y ambos lucían radiantes. Parecían perfectos. Parecían profundamente enamorados.

«¿Señorita…?» Una mano me dio un golpecito en el hombro por detrás y me giré; era mi criada. Inmediatamente recuperé la compostura y volví la mirada hacia todos esos ojos expectantes que me observaban; todos parecían preocupados y podía oír a algunos de ellos murmurar.

Joder… No sabía cuánto tiempo había estado en silencio; contuve las lágrimas todo lo que pude. Al instante me arrepentí de mis actos, de lo estúpida que había sido al querer salir del armario delante de todo el mundo, pero ya había empezado el discurso, así que tenía que terminarlo.

«Mamá… papá, hay algo que siempre he querido deciros; creo que ya lo sabéis, pero quiero que lo oigáis de mi boca… Sois lo mejor que me ha pasado nunca, os quiero».

Pude oír las tiernas reacciones de la multitud. «Ay… Qué chica tan dulce». El salón se llenó de aplausos; mi madre, sintiéndose muy orgullosa, me hizo señas para que bajara las escaleras, así que bajé corriendo y la abracé. No lo hice porque ella quisiera que lo hiciera, ni por las cámaras ni por los invitados; lo hice porque me estaba ahogando en un mar infinito de dolor y remordimientos y necesitaba aferrarme a alguien que realmente me quisiera.

Luego me excusé. Era mi día, pero dejé que ella fuera el centro de atención; además, así es como a ella siempre le ha gustado.

La fiesta era en mi honor, pero mi madre era la verdadera protagonista; siempre ha sido lo suyo, así que dejé que disfrutara de su momento. Con todo el mundo animando a mis padres, estaba segura de que nadie notaría mi ausencia.

Me apresuré a ir a mi habitación y me encerré en el baño pensando en lo que acababa de pasar.

Ella era la razón por la que había aceptado una fiesta de cumpleaños tan grande, la razón por la que llevaba este vestido y me había arreglado tanto, para que se fijara en mí; además, ella me había dado las señales y yo estaba preparada, solo quería decirle al mundo lo que sentía por ella.

«Mamá, papá… Me gusta Lucille Parker, sí, me gustan las chicas y mi corazón me lo ha confirmado con esta chica tan guapa por la que ahora late mi corazón». Así era como iba a decirlo, pero ahora mi corazón se sentía dividido entre las palabras y la confusión.

«Marcella…»

Maya no dejaba de llamar a la puerta, pero yo la ignoraba.

«Si no abres, voy a llamar a mamá y a papá y les diré que te vas a suicidar».

Me encogí de hombros enfadada y me levanté; sí, conocía demasiado bien a mi hermana: si esperaba un poco más, cumpliría sus amenazas. Abrí la puerta de un golpe y ella se precipitó dentro.

« «Dios mío, estás hecha un desastre». A juzgar por mi cara, tenía el rímel corrido por toda la cara. Simplemente la ignoré y me senté en la cama.

«Pobrecita… Debes de haber sufrido mucho», dijo sentándose a mi lado y apartándome el pelo de la cara.

«¿Lo sabías?», le pregunté en voz baja. Mi hermana es una cotilla que siempre está al tanto de todo y de todos, pero esta vez parecía no estar al corriente.

«No… no lo sabía, pero ¿cómo puedes decir que quieres a alguien y no saber que es heterosexual y que, claramente, no está interesada en ti?», me reprendió con tono crítico, pero yo la ignoré.

«Parecía tan feliz con ese chico y he preguntado por ahí, ¿sabes quién es?». Me lanzó la pregunta, pero yo seguí sin decir nada.

«Vale… Te lo diré: ese joven apuesto… ¡¡guapísimo!! Ese joven es Patrick Ortega, el heredero de la dinastía Kilo, que recientemente pasó a llevar el nombre de la familia cuando su padre compró la empresa y que ahora se conoce como la dinastía NO, que significa dinastía de Norbert Ortega, y él es el hombre que ha conquistado su corazón, y llevan ya un tiempo muy enamorados…» Mi hermana seguía hablando, avivando el dolor que ya sentía en mi corazón; quería explotar y contárselo, explicarle la razón por la que actué así, por qué quería salir del armario, pero prometí mantenerlo en secreto mientras eso la mantuviera a salvo; sin embargo, ella no dejaba de quejarse.

«¡Y él la quiere muchísimo… van a la misma universidad y probablemente se casen algún día porque están locamente enamorados el uno del otro!!! ¡Y ella nunca se ha fijado en ti, nunca se ha dado cuenta de que existías… ni siquiera es lesbiana!!» Maya no paraba de gritarme y yo ya estaba harta; iba a llevarme ese secreto a la tumba, pero sus palabras me estaban presionando.

«¿Por qué me estás gritando…?» Intenté mantener la compostura a pesar de mi crisis emocional, pero no pude.

«¡Porque me has arrastrado a tu locura y ahora mismo me siento estúpida!». Se levantó enfadada y se dirigió a mi cajón; me pregunté por qué iba allí hasta que cogió el diario y lo tiró a la caldera.

«¡Ya basta de obsesionarte con alguien que ni siquiera sabe que existes! ¡Busca a otra persona a quien querer, quizá un chico esta vez!», me advirtió enfadada.

Me enfadé tanto con ella que me acerqué y lo solté: ese secreto que prometí enterrar hacía mucho tiempo, ahora iba a contarlo.

«¡Ese diario nunca fue mío!», le grité.

¡Dios mío! Me sentí tan estúpida después de decirlo… Pude leer en su expresión que estaba desconcertada; vaya, iba a ser una noche muy larga llena de explicaciones.

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