LOGINKim Yeonhwa
Me encuentro acostada boca arriba en una camilla del hospital cuando la puerta de la habitación se abre y entra el doctor. De inmediato, mis padres se acercan a él. Me quedo observando desde donde me encuentro y noto cómo la postura de mi padre se tensa y aprieta los puños con fuerza, mientras que mi madre se lleva la mano a la boca y abre los ojos más de la cuenta. Por alguna razón, esas reacciones me inquietan y me hacen sentir una sensación de preocupación en el pecho. Al terminar la conversación, el doctor abre la puerta y la cierra al salir. Mi padre camina hacia mí de inmediato, con los ojos entrecerrados y la mandíbula apretada, junto a mi madre, que se acerca un paso atrás con el ceño fruncido y los labios apretados. Mi padre se detiene al lado de la camilla y me sostiene la mirada durante unos segundos. —¿Qué estabas pensando, Yeonhwa? —pregunta mi padre con la voz firme—. ¿Cómo se te ocurrió tomar pastillas para bajar de peso sin decirnos nada? Trago saliva. —No era para tanto… —¿¡Cómo que no era para tanto!? —me interrumpe, elevando la voz—. El doctor acaba de decirnos que esas pastillas te estaban haciendo daño. Pudiste terminar mucho peor. Frunzo el ceño. —Solo quería bajar un poco más de peso. —¡Pero ya estabas bajando de peso! —responde mi padre sin apartar la vista de mí—. ¿Qué necesidad había de hacer esto? Aparto la mirada. —Ustedes no entienden… Mi madre da un paso al frente. Aunque habla con calma se nota su preocupación. —Cariño… yo noté que habías adelgazado mucho últimamente. La miro de reojo. —Pensé que era por la dieta que te había puesto el nutricionista. Jamás imaginé que también estabas tomando esas pastillas… Siento un nudo en la garganta. —Solo quería verme mejor… —¿Mejor para quién? —pregunta mi padre, cruzándose de brazos—. Porque para nosotros no había nada malo contigo. Resoplo con frustración. —Es fácil decirlo. Ustedes no saben lo que se siente. Mi padre niega con la cabeza. —No, Yeonhwa. Lo que sí sabemos es lo que se siente ver a nuestra hija en un hospital por una decisión que pudo costarle muy caro. El silencio vuelve a llenar la habitación. Mi madre toma mi mano con cuidado. —No queremos que seas perfecta. Queremos que estés sana. Mis ojos comienzan a humedecerse, pero desvío la mirada para que no lo noten. Mi padre deja escapar un largo suspiro. —A partir de hoy no volverás a tomar ninguna pastilla sin que un médico te la recete. Y tampoco volverás a saltarte las comidas. Eso no está en discusión. No respondo. Solo asiento con la cabeza. —¿Entendido? —Sí... —murmuro. Después de recibir el alta, regresamos a casa. El ambiente durante el trayecto es silencioso. Nadie parece querer hablar. Al entrar, mi madre va directamente a la cocina para calentar la cena. Minutos después, los tres estamos sentados alrededor de la mesa. Miro el plato frente a mí sin mucho apetito. —Come un poco —dice mi madre con suavidad. Tomo los palillos y empiezo a comer despacio. La verdad es que no tengo hambre. Cada bocado se siente pesado, pero sigo comiendo al sentir las miradas de mis padres sobre mí. No quiero preocuparlos más. Cuando termino, mi padre deja escapar un suspiro de alivio. —Así está mejor. Asiento en silencio. —Buenas noches. —Descansa, hija —responde mi madre con una pequeña sonrisa. Subo lentamente las escaleras y entro en mi habitación, pero cuando me voy a dirigir a mi cama, escucho unos suaves golpes en la puerta. —¿Puedo pasar? —pregunta mi madre desde el otro lado. —Sí... La puerta se abre despacio. Mi madre entra con una expresión serena, aunque sus ojos siguen reflejando la preocupación que ví en el hospital. Se acerca a mi escritorio y toma el frasco de pastillas que he dejado allí. Lo sostiene entre sus manos durante unos segundos antes de levantar la vista hacia mí. —Así que estas eran las supuestas vitaminas... —dice con una tristeza que me hace sentir un nudo en el pecho. Bajo la mirada. —Lo siento, mamá... Ella acaricia el frasco con el pulgar y niega lentamente con la cabeza. —Cuando me las enseñaste, jamás imaginé que eran pastillas para bajar de peso. Confié en ti. Guardo silencio. Mi madre deja escapar un suspiro. —No quiero que vuelvas a esconderme algo tan importante. Me dolió descubrirlo de esta manera. Asiento lentamente. —No volverá a pasar. Ella se acerca a mí, me acaricia el cabello con ternura y me dedica una pequeña sonrisa. —Descansa. Todo va a estar bien, pero a partir de ahora afrontaremos estas cosas juntas. Sin esperar una respuesta, sale de la habitación llevándose el frasco de pastillas. La puerta se cierra con suavidad. Camino hacia mi cama y me acuesto boca arriba. Sin embargo, mi mente no tarda en dirigirse a otro problema. Mi novio. «¿Será que Joon ya no me quiere? ¿Por qué no me ayudó cuando me desmayé?», pienso, y estas palabras vienen a mi mente: «Solo está conmigo porque no tiene a alguien mejor, como lo dijo aquella vez». Ese pensamiento provoca en mí un sentimiento que había olvidado en el hospital, pero ninguno de ellos es bueno. —Joon me ama, solo se comportó de esa manera porque está enojado por el malentendido en el karaoke —me digo a mí misma, y esas palabras calman mis sentimientos. Pero, a pesar de eso, necesito hablar con alguien. Me levanto de mi cama y camino hacia mi escritorio. Jalo la silla con facilidad gracias a la rueda que tiene debajo y me siento. Abro la computadora. Entro a una aplicación y, entre todos mis contactos, que son pocos, busco a Yuna. Sin pensarlo dos veces, le hago una videollamada. La primera vez no me contesta, así que vuelvo a llamarla. La segunda tampoco, pero a la tercera contesta. —Espero que sea muy importante, porque estoy viendo un K-drama y lo tuve que pausar —se queja Yuna. —Es muy importante para mí… —no termino de hablar porque me interrumpe. —Apuesto a que vas a hablar de tu novio —Yuna rueda los ojos—. No te conformaste con fingir tu desmayo, ahora quieres hacerme perder mi tiempo. Mis labios se tensan mientras trato de asimilar lo que acabo de escuchar. Me ofende que mi mejor amiga piense eso de mí, pero decido mejor quedarme callada y no decirle nada respecto a su comentario. —No… En serio me desmayé de verdad —deseo por dentro que no me pregunte cuál fue la razón del desmayo, aunque ya sé que ni me va a preguntar ni siquiera un poco. —Ah —es lo único que dice Yuna mientras veo que toma una lima y empieza a limarse las uñas. —No sé qué hacer con Joon. Ya intenté explicarle de mil maneras que solo fue una confusión, pero aun así está completamente negado a creerme. Lo único que hace es ofenderme cada vez que intento explicarle y, según él, ya terminamos, pero yo no quiero terminar mi relación. ¿Qué hago, Yuna? Yuna se queda callada, centrada en sus uñas. —¿Yuna, me estás prestando atención? —le pregunto. Mi amiga pone los ojos en blanco y suelta un suspiro, como si estuviera cansada. —Repite de nuevo, no entendí —responde Yuna. Le cuento todo lo que le había dicho anteriormente al pie de la letra, sin faltar ningún detalle. —Joon no confía en tus palabras, entonces él tiene que verlo con sus propios ojos para creer. Llévalo al karaoke y allí le muestras las grabaciones de la sala en la que estábamos para que vea que lo que dices es verdad —me sugiere Yuna. Al escuchar las palabras de Yuna, me levanto de la silla y salto de la emoción. Me acerco a mi laptop. —Gracias, gracias, gracias. Eres la mejor amiga del mundo —con cada palabra que pronuncio, beso la pantalla. —Eso ya lo sé. ¿Quién no quisiera ser mi amiga? —se forma una sonrisa en los labios de Yuna y, con su mano derecha, mueve su cabello hacia atrás de su oreja—. Supongo que ya terminé de cumplir mi rol como amiga, así que ya me voy a ver mi K-drama —dice y, sin siquiera despedirse, se desconecta de la videollamada. Me molesta cuando Yuna se va de esa manera, como si fuera un empleado que acaba de cumplir con su cliente y ya, pero estoy tan feliz que eso no me molesta ni un poco porque me acaba de ayudar con algo que es muy importante para mí. Aunque esa sonrisa y la emoción no duran mucho, porque se esfuman al recordar lo difícil que es convencer a Joon y más cuando está molesto. Solo me toca rezar para que él acepte ir a ver los videos conmigo.Kim YeonhwaMe encuentro fuera de casa, junto con mis padres, esperando que vengan a buscarme para ir a la playa con mi grupo de amigos y las amistades de las hermanas de Hana.Si Hana no me hubiera insistido tanto, ni siquiera habrían visto mi sombra, porque no quiero estar ni a un metro de Tae-yang, y mucho menos sabiendo que creo que también me está empezando a gustar. Tan solo pensar en eso me hace sentir que estoy traicionando a mi amiga.A lo lejos, veo un Hyundai IONIQ 5 de color negro que se acerca. Su diseño moderno, con líneas angulares y luces cuadradas, le da una apariencia elegante y futurista. Detrás le sigue un Kia Carnival de color blanco. Su carrocería amplia y elegante, junto con la gran parrilla delantera y los faros de formas geométricas, le dan una apariencia imponente.El auto de color negro se detiene frente a mi casa y los saludo con la mano a la vez que mantengo una sonrisa.Veo a Tae-yang sentado en la parte trasera, junto a Yuna. Cuando nuestras miradas se e
Kim Yeonhwa Estoy acostada en mi cama, mirando fijamente el techo, a la vez que me vienen unos pensamientos a la mente: «Mira tu rostro, eres tan hermosa que pareces un ángel, y tu cuerpo, aunque no lo creas, también es bello. No necesitas cambiar nada de ti para ser perfecta».Solo con recordar las palabras que Tae-yang me dijo en el centro comercial, se me eriza la piel y siento algo que no sé cómo describir con palabras. Sin embargo, todo lo que estoy sintiendo se convierte en miedo al darme cuenta de que no debería sentirme de esa manera con cada palabra y cada tacto de Tae-yang.«Yeonhwa, no te preocupes. Solo te hace sentir bien, no estás enamorada del chico que le gusta a tu amiga», me digo a mí misma mentalmente, pero no creo ni una sola palabra de lo que acabo de decirme, y eso me frustra aún más, aunque no lo admita.Agarro el celular que está encima de la mesita de noche al escuchar el timbre de llamada. Al ver la pantalla, me doy cuenta de que es Yuna quien me está llaman
Kim YeonhwaSiento la adrenalina recorrer mis venas al ver que estoy a punto de ganar el juego de obstáculos online que estoy jugando en mi celular. Sin embargo, me quejo al aparecer en la pantalla una llamada de Tae-yang que me interrumpe la partida.—¿Dime qué quieres? —pregunto de mala gana.—¿Puedes venir conmigo al centro comercial? Quiero comer una rebanada de pastel de chocolate, que está riquísima, pero no quiero ir solo.—¿No puedes ir con otra persona?Mi madre, que se encuentra sentada a mi lado en el sofá, me mira de reojo con una ceja levantada.—Yeonhwa, sabes que soy nuevo en esta ciudad y los pocos amigos que he hecho en la secundaria están en este momento en la escuela. Por favor, ven conmigo.—Espera un momento, te responderé enseguida —cuelgo la llamada.Miro a mi madre, quien se encuentra mirándome fijamente.—Me...No me deja ni terminar lo que voy a decir, porque me interrumpe.—¿Es un chico?Asiento.—Para salir contigo, tiene que presentarse como se debe. No qu
Kim YeonhwaAl acercarme al taxi, veo a Tae-yang sonriéndome con mucha alegría a través de la ventana transparente.Al abrir la puerta, mi amigo se aparta hacia el otro asiento. La cierro al entrar al taxi, ocupando el lugar que me cede.De inmediato, el conductor pone el auto en marcha. Me quedo mirando por la ventana, viendo cómo mi casa se aleja poco a poco.—Hoy te ves mucho más hermosa de lo que ya eres —me halaga Tae-yang, a la vez que siento su mirada fija en mí.—Gra-gracias —digo con timidez, sin ni siquiera atreverme a mirarlo a la cara.Ninguno de los dos volvemos a hablar, y eso me hace sentir incómoda. Volteo a verlo, pero está aparentemente tranquilo, como si no le importara en lo absoluto la incomodidad que se siente en el aire.—Estás muy callado hoy —comento, porque ya no aguanto más.Tae-yang voltea a mirarme y mantiene la vista fija en mis ojos.—Será porque contigo puedo estar horas sin hablar y, aun así, no me sentiría incómodo, porque me transmites una tranquilid
Kim Yeonhwa—Yeonhwa —escucho mi nombre y, al mirar a mi derecha, veo al profesor Jin Sa-gi mirándome de una forma que no refleja emoción alguna.—¿A mí? —parpadeo varias veces.—¿Quién más se llama aquí Yeonhwa? —el profesor frunce el ceño.—Yo no soy la única con ese nombre en este planeta —una sonrisa incómoda se forma en mis labios.—Sígueme —ordena el profesor y me da la espalda.Sigo al profesor con el corazón acelerado, casi saliéndose de mi pecho, porque apenas he pasado por el portón de la secundaria; sin embargo, lo que me pone nerviosa no es que me estén llamando, sino que tengo miedo de que descubran que yo mandé el video a Ramen Caliente.Al entrar a la secundaria, nos dirigimos por el pasillo hasta llegar a la sala de asuntos estudiantiles. Jin Sa-gi ocupa su lugar en el asiento detrás del escritorio, mientras que yo me quedo de pie.—Dame tu celular —me pide el profesor con el brazo extendido, esperando que haga lo que me pide.Trago saliva.Cojo del bolsillo mi celular
Kim Yeonhwa —No creo que Yeonhwa sea su tipo —Yuna me mira con una media sonrisa ladeada.—Nunca digas nunca porque no sabes lo que te espera el día de mañana. Además… —Hana me agarra la barbilla—. Mira, esa carita es hermosa, parece un angelito.La sangre recorre todo mi cuerpo hasta subir a mis mejillas y estoy segura de que en estos momentos me parezco a un tomate de lo roja que estoy, pero ¿cómo no estarlo si no soy de las personas que reciben cumplidos, aunque sean de mentira, a cada instante?Veo cómo Yuna coge con sus palillos un poco de cerdo y se lo lleva a la boca; sin embargo, mastica con fuerza, como si estuviera molesta, aunque la carne está tan bien cocinada que se deshace en la boca.—No digas mentiras, que me las creo. Además, Tae-yang nunca se fijaría en mí —cojo un poco de arroz con la cuchara, lo remojo con el caldo de la sopa y me lo llevo a la boca.—Dime, ¿quién te hizo creer eso para acabar con esa persona? —Hana golpea la mesa con su puño cerrado, provocando q







