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Capítulo 8

last update publish date: 2026-09-05 00:53:24

Kim Yeonhwa

Al no encontrar por ningún lado a mi novio, pienso en ir a su casa a explicarle todo, pero no termino yendo porque no quiero que mi suegra nos vea pelear. Ella no me quiere con su hijo, y eso lo tengo entendido porque soy gorda; además, soy fea, y vernos en una situación complicada sería el mejor pretexto que escogería para convencerlo de que me deje, y eso es lo que menos quiero en la vida.

Lo llamo una y otra vez por teléfono, pero en ningún momento Joon me contesta. Le dejo muchos audios y mensajes tratando de explicarle, pero al final termina bloqueándome. Y con cada uno de sus rechazos a reconocer la verdad, me hace sentir como si el mundo se estuviera derrumbando dentro de mí.

Al final, cansada de intentar arreglar las cosas y no encontrar soluciones, me derrumbo en una esquina de mi habitación a llorar, hasta que me canso y ni una lágrima sale de mis ojos porque se han secado como un río que ya no fluye. Sin embargo, no me rindo. A las tres de la madrugada me levanto y le preparo a mi novio unas galletas de vainilla, como le gustan, para intentar explicarle lo sucedido y así hacerle entender que yo no le estoy siendo infiel.

Subo las escaleras de mi secundaria y, al llegar al tercer piso, en vez de entrar a mi salón, sigo de largo. Me detengo al frente del curso de Joon y abro la puerta, asomo la cabeza. Varias chicas y un chico se quedan mirándome. Aunque me siento incómoda, trato de no prestarle atención y sigo con mi búsqueda, pero no hay rastro de él.

Camino hacia mi salón y abro la puerta. Al entrar, pongo mi mochila en mi pupitre y salgo con las cajas de galletas que he preparado. Me quedo parada al frente de la entrada de mi curso a esperar que mi novio llegue. Con cada paso que escucho, siento un ligero cosquilleo en mi estómago y volteo de inmediato a mirar los escalones, pero me decepciono al no ver que sea mi novio.

«¿Será que se siente tan enojado conmigo que decidió no venir hoy a la secundaria? No creo que Joon hiciera eso por mí. Le importan mucho sus notas», pienso, mientras niego con la cabeza.

Al escuchar unos pasos que se acercan, miro nuevamente hacia atrás, hacia donde están los escalones. Aunque no con muchas ganas, lo hago con una gota de esperanza de que sea Joon. Al ver que sí es él, casi salto de la emoción, pero esta desaparece al verlo hablando muy sonriente con una chica de su salón. Ella es delgada, con un cuerpo en forma de reloj de arena, y su rostro parece el de un ángel de lo bello que es.

«Yeonhwa, no es tiempo de estar celosa. Recuerda que tienes que arreglar las cosas con tu novio», me digo a mí misma en mis pensamientos.

—Joon, te traje galletas de vainilla, como a ti te gustan —extiendo los brazos para que las tome.

Espero que las tome y se detenga un rato a conversar conmigo para aprovechar y explicarle lo que realmente ocurrió en el karaoke, pero, en vez de eso, sigue caminando con aquella chica y desvía la vista hacia otro lado, como si yo no fuera nadie. La expresión de su rostro refleja asco, y eso provoca en mí un mar de emociones negativas.

—¡Hablemos… por favor! —Mi voz se rompe al pronunciar esas palabras y, de inmediato, mis ojos se empiezan a humedecer.

Lo agarro de la muñeca.

—No tenemos nada que hablar. Ya lo nuestro terminó ayer —Joon le da un jalón a su brazo tan fuerte que provoca que lo suelte.

Miro con vergüenza a la chica que está al lado de Joon, mientras ella me mira con el ceño fruncido y, por alguna razón, mi intuición me dice que ya aquella chica sabe lo que está pasando con mi novio, pero la versión en la cual supuestamente yo estoy coqueteando con Tae-yang.

—Joon, escúchame, por favor. No es lo que tú crees que pasó —las lágrimas empiezan a bajar por mis mejillas.

—Vámonos al salón. No pierdas tu tiempo hablando con alguien que no te valoró cuando te tenía —clava la mirada en mí mientras pronuncia cada una de sus palabras con odio y le agarra la mano izquierda a Joon.

Cuando Joon se va a voltear para irse con su compañera del salón, lo sostengo de la muñeca de inmediato.

—Tae-yang se tropieza, pero detiene su caída sosteniéndose de la pared —intento explicarle mientras sollozo.

—No me toque —Joon jala su mano con fuerza nuevamente, logrando soltarse de mi agarre.

Yo empiezo a sentir y a ver cómo todo se mueve a mi alrededor. Me recuesto de la pared para mantenerme de pie.

—Eres una mentirosa —grita Joon con desprecio—. Que todo el mundo se entere de que, por estar siendo infiel, perdiste a un buen hombre como yo, después de lo bien que te traté.

El mareo se vuelve más fuerte y la vista se me va nublando poco a poco.

—Joon, yo… —no termino de pronunciar las palabras porque mi cuerpo se derrumba en el piso y todo se me pone negro.

Percibo una voz lejana pronunciando mi nombre una y otra vez.

—¿Puedes escucharme? Abre los ojos, por favor.

Siento una ligera presión sobre mi hombro, como si alguien intentara comprobar si reacciono. Poco a poco, mi conciencia comienza a regresar. Mis párpados pesan demasiado, pero consigo entreabrirlos.

La luz del techo me obliga a volver a cerrarlos por un instante.

Parpadeo varias veces hasta que la imagen deja de verse borrosa. Frente a mí está la enfermera, observándome con preocupación, y a mi otro lado está Tae-yang.

—Muy bien. No te muevas todavía —dice la enfermera con voz tranquila—. Respira despacio.

Obedezco. Me cuesta un poco llenar los pulmones y siento la cabeza extrañamente pesada, como si hubiera dormido un buen rato.

—¿Cómo te llamas? —pregunta la enfermera para comprobar que estoy consciente.

—Kim Yeonhwa… —respondo con la voz apenas audible.

La enfermera asiente con una pequeña sonrisa de alivio.

—Perfecto. ¿Recuerdas qué pasó?

Frunzo ligeramente el ceño e intento ordenar mis pensamientos. De inmediato, me llega a la mente que estoy tratando de explicarle a mi novio lo que sucedió en el karaoke.

—¿Qué pasó? ¿Qué hago aquí? —pregunto confundida.

—Te desmayaste —me responde la enfermera—. Quédate acostada unos minutos más. No intentes levantarte todavía. Yo te dejaré unos momentos a solas con tu compañero porque voy a avisarle que ya despertaste para que se lo digan a tu madre.

La enfermera camina hacia la puerta, la abre y la cierra al salir.

Una sonrisa se forma en mis labios al imaginarme cómo Joon me carga entre sus brazos y me trae a la enfermería.

«Él me ama a pesar de todo», pienso.

—¿De qué te ríes? —me pregunta Tae-yang con el ceño ligeramente fruncido.

—Trato de imaginarme cómo mi novio me trae hasta aquí —le contesto.

—Fui yo quien te trajo aquí. Él parece que se había ido cuando te encontré rodeada de gente, tirada en el piso —me aclara Tae-yang.

Al escuchar las palabras de Tae-yang, siento un fuerte pinchazo en mi corazón y las lágrimas empiezan a brotar sin control de mis ojos.

—¿Acaso Joon ya no me quiere? ¿Por qué me trata como si no fuera nada? —con cada palabra que pronuncio, miro a Tae-yang fijamente, como si estuviera esperando que me dijera algo, pero él solo me mira como si me tuviera pena—. No, mi novio sí me quiere, solo que está enojado conmigo.

—Yeonhwa, es mejor para ti que lo sueltes, porque, por lo que he visto, cómo te ha tratado Joon, no es una buena persona.

Iba a hablar y defender a mi novio, pero la puerta se abre y entra mi mamá junto con la enfermera. En la expresión del rostro de mi madre se nota la preocupación, con los labios curvados hacia abajo y las cejas casi juntas.

—¿Por qué lloras? ¿Te pegaste en algún lado al desmayarte? —me pregunta mi madre y me inspecciona de arriba abajo con los ojos, buscando alguna herida.

—Sí… me golpeé la cabeza al caer y me duele —miento e intento contener mi llanto.

—Levántate. Vamos al hospital para ver cuál fue la causa de ese desmayo y revisar si tienes alguna fractura en el cráneo por la caída —habla preocupada mi madre.

Mi madre me ayuda a levantarme despacio de la camilla y me agarra de la cintura con su brazo derecho, mientras que con el otro brazo sostiene mi mano, que cruza por encima de sus hombros. La enfermera nos abre la puerta para que salgamos y lo hacemos. Salimos de la secundaria y atravesamos el patio hasta que pasamos por el portón.

El taxista que nos está esperando abre la puerta de atrás. Y, antes de entrar, miro con tristeza hacia el edificio de mi secundaria, pero en dirección hacia donde está el salón de Joon.

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