LOGIN—¡Qué diablos, señorita Coker! ¡No puede entrar ahí! ¿Corey sabe que usted está aquí?
Lydia, secretaria de Brett Miller, director de Fame Hall Entertainment, advirtió a la pelirroja que se abría paso a la fuerza hacia la oficina del director a pesar de sus instrucciones de quedarse quieta. El director era un hombre ocupado cuyo tiempo no debía interrumpirse sin una cita previa, la cual esta chica no tenía. —¡Señorita Lola Coker! La voz paniqueada de Lydia se apagó en el instante en que Lola logró entrar con éxito en la oficina insonorizada del director, y su latido se volvió irregular al encontrarse finalmente cara a cara con su ocupante. —Buenos días, director Miller. Lola saludó al hombre de mediana edad, quien estaba molesto por su repentina intrusión. —Lo siento mucho, Brett. Es una de las bailarinas de Corey. No tiene cita… —Lydia siguió pronto con una disculpa apresurada y una mirada acusadora hacia Lola—. La haré sacar de inmediato. —Por favor, director… Lamento hacer esto, pero solo necesito unos minutos de su tiempo. —Lola habló desesperadamente para captar la atención de Miller. Sacada, expulsada, enviada lejos… no le importaba cuál sería su destino después, pero no sin cumplir al menos su propósito aquí. Al observar con más claridad a la bailarina no invitada, las ligeras arrugas en la frente de Brett Miller desaparecieron lentamente y su ceño fruncido fue reemplazado por una ceja arqueada con curiosidad, lo cual resultaba bastante inquietante para Lola. —¿Lydia? —Habló finalmente—. …Puede dejarnos ahora. —Pero señor… —protestó Lydia, pero fue silenciada de inmediato por una mirada severa del director Miller. —Estaré afuera si me necesita, señor. —Lydia finalmente obedeció. Al salir, le lanzó a Lola una mirada compasiva. Conocía esa expresión en los ojos de Brett. La había visto muchas veces antes. Había encontrado una nueva presa. Brett Miller no podía apartar la mirada de la chica frente a él. Su rostro era divino y sus ojos avellana contrastaban ferozmente con su expresión actual de desesperanza… sus holgados pantalones cargo y el crop top apenas le hacían justicia a su figura, pero Brett podía jurar que debajo de toda esa tela, era magnífica… justo como le gustaban las mujeres… —¿Por qué está aquí…? —Su voz era un poco ronca cuando habló de nuevo, apenas ocultando sus deseos ante ella. Lola podía sentir la mirada del hombre mayor recorriendo todo su cuerpo y le hizo desear haber usado ropa aún más holgada. Era asqueroso, la forma en que la miraba. Lola luchó contra las ganas de vomitar y reunió el valor para continuar. —Soy Lola Coker, señor, y he trabajado en el departamento de Hip-Hop de la agencia durante casi tres años, lo cual es más tiempo que la mayoría de los otros miembros del equipo… Sé que esto es inusual, pero necesito… necesito… al menos el pago de un año por adelantado. Las palabras salieron antes de que se diera cuenta y Lola solo pudo contener la respiración mientras esperaba la respuesta del director. Durante un largo minuto, el amplio espacio de la oficina estuvo tan dolorosamente en silencio que Lola se preguntó si el hombre siquiera la había escuchado la primera vez. Justo cuando estaba a punto de repetir sus palabras, un estallido de risa que le erizaba los nervios resonó en la habitación. —¿El pago de un año por adelantado? Esa es una petición ridícula, chica. No tengo tiempo para estas tonterías. La voz burlona del hombre repitió sus palabras. Sus ojos calculadores recorrieron a la chica de rodillas con la mayor diversión. Había decidido escucharla porque pensó que se veía atractiva y la había tomado por una de esas bailarinas que de vez en cuando le rogaban por atención, dispuestas a compartir su cama por un papel o un favor de algún tipo… ¿pero ella estaba aquí por un pago adelantado? La intensidad de su situación actual le golpeó y Lola cayó lentamente de rodillas. No importaba que este hombre fuera al menos dos décadas mayor que ella, ni importaba que Miller fuera el tío de su peor enemiga. —¡Quién diablos pide un pago adelantado? ¡Y además por un año! —se preguntó Brett Miller mientras su mirada volvía a recorrer a la chica de rodillas. A menos que… tal vez… pudiera probar suerte con esta chica. Brett pasó la lengua apresuradamente por sus labios secos al sentir que su miembro inferior se estremecía de excitación. La situación actual de la chica debería irritarlo… pero en cambio, lo excitaba. De rodillas… en su oficina. Estaba a su merced… una presa fácil. —Vamos, no llores… —susurró mientras se levantaba y se dirigía al lugar donde Lola estaba arrodillada, esperando. Su cabello rojo era tentador y sintió el impulso de pasar la mano por él, así que lo hizo, haciendo que Lola se estremeciera instintivamente y se moviera un poco hacia un lado, alejándose de él. —¿El pago de un año, dijiste? —Sí… —Eso es fácil. Puedo concedértelo… aquí y ahora. Los ojos de Lola se abrieron de par en par al mirar al director, sorprendida de que aceptara tan fácilmente. Se levantó apresuradamente y le dirigió una mirada agradecida. —¿De verdad? Gracias… —Bajo una condición… —añadió de pronto Brett Miller, interrumpiéndola. Sus ojos traviesos miraban intensamente a Lola, moviéndose de sus labios llenos de color cereza a su pecho. ¿Condición? Lola se sintió incómoda con sus palabras y su mirada, pero ya era suficiente que hubiera aceptado darle el dinero. —¿Qué condición… señor? —Que tú me rasques la espalda y yo te rasque la tuya. —Anunció y se lamió los labios una vez más mientras sonreía a Lola—. Espero que lo entienda, señorita Coker… El destello de esperanza en los ojos avellana de Lola se apagó de inmediato al dar un paso atrás. No era una niña. Podía adivinar hacia dónde se dirigía el director, pero era mejor darle el beneficio de la duda. —No estoy segura de entender a qué se refiere con eso, director Miller… Brett Miller se rió del pobre intento de la chica de hacerse la tonta. Estas mujeres eran todas iguales al final. Al principio se veían y actuaban inocentes, pero al final del día saltaban dispuestas a su cama. —Eres una mujer de lo más hermosa, Lola, y confío en que también eres sabia. —Continuó Brett, ya sin ocultar sus intenciones—. Adorna mi cama durante una o dos semanas y nunca más tendrás que mendigar pagos adelantados ni favores… —Con el debido respeto, señor —dijo Lola con total asco mientras daba un paso atrás, alejándose del hombre. —Brett —corrigió él. —Creo que tiene una idea equivocada de mi petición, señor. Estoy dispuesta a trabajar por el dinero… de la manera correcta. No me importa asumir más roles, ¡director! Estoy dispuesta a hacer los anuncios que las otras chicas no quieren… —Lola soltó de nuevo. —Haría el doble, no, el triple del trabajo que hago en un mes para demostrar lo agradecida que estaría. Por favor, ayúdeme. Podría salvar una vida… El sonido del intercomunicador de la oficina interrumpió a Lola… —Tsk tsk… —siseó Brett Miller mientras miraba a Lola con decepción y contestaba el teléfono—. ¿Sí, Lydia? ¿Qué ocurre? Una lágrima se deslizó por la mejilla de Lola mientras observaba al director Miller conversar con su secretaria al otro lado de la línea. ¿No había nada que pudiera hacer para salvar a María? Algo que no implicara entregar su cuerpo… —¿Señorita Coker? —Llamó de pronto el director Miller, y Lola se dio cuenta de que había terminado la llamada. —¿Sí, director? —Respondió Lola mientras se acercaba con cautela al escritorio del hombre. Estaba todo sonrisas y parecía de mejor humor que unos minutos antes. Brett Miller garabateó unas palabras en un papel y se lo entregó a Lola. —Tome, puede quedarse con esto. Entrégueselo a Lydia al salir y ella se encargará del resto. Lola miró el trozo de papel en su mano y sus ojos se abrieron de par en par de incredulidad al ver las palabras que el director había escrito. Le darían dos mil dólares… —¡¿Qué?! —Exclamó sin palabras. Espera… ¿por qué había cambiado de opinión? —No puedo acostarme con usted, director. Si esa es la razón por la que me está otorgando esto, entonces lo siento, tendría que rechazarlo. —Tonterías. —Respondió Brett Miller con una sonrisa mientras le devolvía el papel a Lola—. No obligo a las mujeres, Lola, ellas vienen a mí por voluntad propia. En cuanto a esto… es solo un pago adelantado por un trabajo. Mencionó que estaba dispuesta a aceptar cualquier trabajo, ¿no es así? —Definitivamente… —Respondió Lola. Miró el papel una vez más, todavía asombrada de que la estuviera ayudando. Llena de alegría en el corazón, Lola agradeció al director una y otra vez. Mientras se alejaba del escritorio con el papel en la mano, los labios sonrientes de Brett Miller se curvaron lentamente en una sonrisa maliciosa. ~ Lydia colgó una llamada y negó con la cabeza mientras esperaba un documento de la impresora. Luego reunió los papeles y los dejó en el escritorio del director Miller. —Es solo otra agencia cualquiera con mucho dinero que ofrecer, señor. La propuesta no da demasiados detalles, ¡ni siquiera el nombre de la empresa! No creo que sea seguro enviar a ninguna de nuestras bailarinas. Además, viendo cuánto están dispuestos a pagar por una sola bailarina y ocultar su identidad… sospecho que deben estar metidos en algún negocio ilegal. Sugiero que rechacemos el trabajo, señor. —Tonterías. —Discrepó Brett Miller mientras sus labios se curvaban ligeramente en una sonrisa maliciosa—. ¿Firmó el contrato antes de recibir el cheque? —Preguntó, refiriéndose a Lola. —Sí, director. —Perfecto. —Dijo Brett Miller, y su sonrisa se profundizó. La ganancia era veinte veces mayor que la comisión de la agencia. ¿Por qué iba a dejar pasar una oportunidad tan buena de ganar más dinero? El hermoso rostro de Lola apareció en su mente y soltó una risa. —Es una bailarina de respaldo ordinaria que ni siquiera es un tesoro en la agencia. No estaría de más canjearla a cambio de una ganancia tan prometedora.Escotado, provocativo, corto.Era simplemente lamentable que todas las palabras que parecían venir a la mente al ver cómo iba vestida Lola en ese momento fueran tan impactantes como el estilo en sí mismo. La tela terminaba justo debajo de sus curvas, ceñida a sus nalgas redondeadas y acentuando su figura de reloj de arena a la vista de todos. No ayudaba que el suave relleno debajo de su busto resaltara la parte superior de sus senos, dejándolos a la vista. Al sentir las miradas ardientes de todos los presentes en la sala posadas en cada pulgada de su cuerpo que quedaba al descubierto, los delgados dedos de Lola se dirigieron hacia su escote para cubrir lo más que pudiera, pero la suave risa de Gavin desde atrás obligó a sus manos a volver a los costados.—No puedo salir así —dijo Lola por fin, con la voz ronca, como si fuera a romper a llorar en cualquier momento. —Con esto me veo más como una mujerzuela que como una bailarina.La sonrisa en el rostro de Gavin se fue transformando le
Apoyada contra la puerta del cubículo del hospital, Lola luchaba por contener las lágrimas. Un pago inicial de tres mil dólares de sus ahorros y el cheque de depósito del director Miller seguían estando muy lejos de la cantidad total necesaria para reservar la cirugía de su madre.Una puerta chirrió en el exterior y Lola se sobresaltó de repente cuando alguien golpeó su espalda.—Oye, señorita. —Una voz tímida siguió pronto desde el otro lado de la puerta—. Lamento molestarla, pero realmente tengo prisa y los otros cubículos están todos ocupados. ¿Ya casi termina?Volviendo en sí, Lola se pasó las palmas por la camisa ligeramente arrugada. —Un minuto, por favor —respondió y se secó las huellas de lágrimas de la cara. Abrió la puerta y le dedicó una sonrisa de disculpa a la dueña de la voz, que resultó ser una mujer embarazada de varios meses. Estaba ligeramente encorvada de tanto esperar impaciente para usar el baño.Mientras Lola se retocaba ligeramente la cara frente al espejo, apa
—¡Cinco minutos!—¡Te dejo sola cinco malditos minutos, Lola, y te vas corriendo con ese sanguijuela! —exclamó Aria Davis, la mejor amiga de Lola, con una mezcla de pura decepción y consternación escrita en todo su rostro ante la terquedad de su amiga. Había llegado diez minutos tarde y había visto a Lola salir de la oficina del director.Lola negó con la cabeza ante la actitud inalterable de su amiga. —Estoy bien, gallina clueca, ¡y ten cuidado, por favor! —advirtió, lanzando una mirada calculadora a las pocas personas que deambulaban por el pasillo antes de soltar un suspiro de impotencia—. Es el director Miller… no “ese sanguijuela” —corrigió en un susurro apresurado. Su amiga no era fan del director de la agencia, pero no quería que se metieran en problemas.—¡Ja! Ya veo… —se burló Aria con sarcasmo, echándose el largo cabello castaño hacia atrás—. Bueno, no para mí, Cherie —respondió—. Hay una buena razón por la que las chicas lo llaman “el bruto” cuando no está mirando. ¡Una ra
—¡Qué diablos, señorita Coker! ¡No puede entrar ahí! ¿Corey sabe que usted está aquí?Lydia, secretaria de Brett Miller, director de Fame Hall Entertainment, advirtió a la pelirroja que se abría paso a la fuerza hacia la oficina del director a pesar de sus instrucciones de quedarse quieta. El director era un hombre ocupado cuyo tiempo no debía interrumpirse sin una cita previa, la cual esta chica no tenía.—¡Señorita Lola Coker!La voz paniqueada de Lydia se apagó en el instante en que Lola logró entrar con éxito en la oficina insonorizada del director, y su latido se volvió irregular al encontrarse finalmente cara a cara con su ocupante.—Buenos días, director Miller.Lola saludó al hombre de mediana edad, quien estaba molesto por su repentina intrusión.—Lo siento mucho, Brett. Es una de las bailarinas de Corey. No tiene cita… —Lydia siguió pronto con una disculpa apresurada y una mirada acusadora hacia Lola—. La haré sacar de inmediato.—Por favor, director… Lamento hacer esto, per
María podría morir esta noche.Cuando esta fría realización amaneció en Lola Coker, sus esbeltas manos temblaron y soltó el pequeño bolso que sostenía… por segunda vez.María, su madre, que la había colmado de nada más que amor, podría morir entre dolores, y todo eso porque ella era demasiado miserablemente pobre para reunir la mísera suma de veinte mil dólares.¿Cuánto vale exactamente la vida de una madre amorosa?La concurrida multitud en la calle principal pronto se convirtió en rápidos borrones mientras los ojos de Lola ardiían con lágrimas crudas.Aquí en el trabajo, se había asegurado de permanecer en su carril… nunca demasiado espectacular, nunca notada, nunca buscando atención. Pero ya no importaba… iba a hacer lo que tuviera que hacer para salvar a su madre. Incluso si eso significaba adular al tío de su peor enemiga.—¡Oye, señorita! ¡Apúrese, quiere! —El conductor del taxi del que acababa de bajarse siseó con un ligero tono de impaciencia en su voz áspera, y Lola entregó a







