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Capítulo 91:

Penulis: Anto_2608
last update Tanggal publikasi: 2026-11-03 10:14:23

Capítulo 91:

El jet privado de la corporación Valderrama aterrizó en la pista principal de la capital bajo un cielo despejado que parecía reflejar el estado de ánimo completamente transformado de su dueño. Cuando Sebastián descendió por la escalerilla metálica, el aire frío de la ciudad ya no se sentía como una condena asfixiante, sino como el preludio de una nueva oportunidad. Llevaba el traje impecable, la chaqueta abierta y una expresión en el rostro que dejó estupefactos a los miembros del
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    Capítulo 101: Recordó con una sazón oscura y deleitosa aquella tarde bochornosa en la que Yasmín, estando apenas en las primeras semanas de su primer embarazo secreto —un secreto que la muchacha intentaba ocultar con desesperación—, comenzó a sentirse profundamente mal, con calores intensos y mareos insoportables. Federica recordaba perfectamente haber caminado por el pasillo de la planta alta con paso firme, sintiendo el crujir de la madera bajo sus tacones, y haber abierto la puerta del cuarto de huéspedes con una llave maestra, cerrando con seguro tras de sí para asegurarse de que nadie interrumpiera la escena. En aquel entonces, Yasmín yacía tendida directamente sobre el suelo frío de madera clara, completamente pálida como un cadáver exangüe, sujetándose el vientre con las dos manos entre sollozos ahogados de dolor agudo, mientras una mancha de sangre espesa, oscura y brillante comenzaba a extenderse con lentitud por el dobladillo de su vestido ligero y a empapar las rendijas d

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    Capítulo 100:El trayecto de regreso en la parte trasera del automóvil oficial de la familia fue una tortura sofocante, oscura y claustrofóbica. Federica apretaba los dientes con tanta fuerza que los músculos de su mandíbula temblaban y le dolían intensamente, mirando a través de la ventanilla oscurecida sin ver absolutamente nada del paisaje urbano que desfilaba de forma borrosa. Apenas el vehículo cruzó el imponente portón de hierro forjado de la mansión Valderrama, la mujer empujó la portezuela con desesperación antes de que el chófer siquiera pudiera apagar el motor y asistirla, y caminó hacia la entrada principal con el abrigo abierto de par en par y la respiración desbocada, agitada y ruidosa de una bestia herida de muerte.Cruzó el umbral de la pesada puerta de madera noble y, en cuanto el portalón se cerró a sus espaldas sellando el interior de la casa, la represa invisible de su autocontrol civilizado estalló en mil pedazos, desatando un cataclismo de histeria y furia descont

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    Capítulo 99: El club social más exclusivo de la capital bullía esa tarde en un murmullo constante, denso y cargado de una vanidad tan impecable como falsa. Bajo las majestuosas arañas de cristal checo que proyectaban chispas de luz dorada sobre el suelo de mármol pulido y espejado, el tintineo incesante de las copas de champán francés y las risas ensayadas formaban la sinfonía habitual de la élite intocable. En la mesa de honor, aquella que presidía la zona más visible del salón principal, Federica Valderrama reinaba con la compostura rígida de una monarca incuestionable. En su mente, el control sobre su mundo era absoluto, milimétrico y blindado. Estaba firmemente convencida de que su hijo Sebastián, tras las tormentas del pasado y las discusiones corporativas, seguía manteniendo una distancia prudente de aquella muchacha de origen humilde que un día irrumpió en su dinastía. Creía, con la soberbia ciega de quien nunca ha conocido la derrota real, que el apellido Valderrama perman

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    Capítulo 98: Al día siguiente, con el pecho aún resonando con los ecos de aquella emotiva conversación, Sebastián sabía que había otro frente fundamental que debía sanar si verdaderamente quería construir un futuro limpio y sin sombras. Para ser el hombre íntegro, el padre ejemplar y el compañero que Yasmín merecía, necesitaba arreglar las cuentas pendientes de su pasado profesional y personal. Necesitaba recuperar la confianza y la lealtad de la única persona a la que había pisoteado injustamente en su peor momento de paranoia corporativa. Apolo. Sebastián había citado a su antiguo vicepresidente en un café discreto a las afueras de la ciudad, un sitio neutral rodeado de cristaleras y árboles frondosos donde el bullicio de la capital no alcanzaba a enturbiar la conversación. Cuando llegó al lugar, diez minutos antes de la hora acordada, Sebastián ya se encontraba sentado en una mesa del fondo, con un café humeante frente a él y la mente repasando cada una de las palabras que plane

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