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CAPÍTULO 6

Author: DAKI
last update publish date: 2026-10-17 01:34:50

MATEO

Descansar sentado en el piso después de subir las pocas cajas que decidimos conservar de la mansión, observando los rayos de sol filtrándose por el enorme ventanal de la estancia, me devolvió una sensación de paz que creí extinta en mi vida. Durante meses, cada mañana se me contraía el estómago con el temor de perder a Gabriel en una pelea callejera o por una mala decisión en su encierro silencioso, con esa mirada de reproche constante y la sombra de la incertidumbre taladrando mis sentimientos de culpa por estarle fallando a Marianna.

Hoy, en cambio, en este nuevo espacio no olía a miedo ni a rencor; solo a madera fresca, a aire limpio y a la certeza de un comienzo real.

Escuché unos pasos lentos en el pasillo. Al girar la cabeza, vi a Gabriel aparecer en la sala cargando una caja con sus fotos de bebé y libros. Se detuvo en medio del salón, miró las tres puertas de las habitaciones y luego me observó a mí con una sonrisa tranquila.

—Pa, ¿cuál cuarto puedo tomar? —preguntó, dejando la caja de cartón con cuidado sobre el piso.

—El que tú quieras, campeón —le respondí, apoyando los brazos sobre las rodillas sin levantarme del suelo—. Elige el que más te guste; el de la ventana hacia el parque es toda tuya si la quieres.

Él caminó hacia esa habitación, se asomó al ventanal por donde entraba la brisa fresca y regresó a la estancia, donde sin prisa se sentó en el piso a mi lado, apoyando la espalda contra la pared blanca mientras contemplaba las copas de los árboles del parque a través del cristal.

—Me quedo con esa —dijo en voz baja, mirando hacia la avenida arbolada—. Este lugar se siente... no sé, como si por fin pudiéramos respirar sin esperar que nada malo pase.

Verlo así, tan sereno y participando activamente en armar su espacio, me hizo sentir un nudo de emoción en la garganta. Todo el cambio asumido y la venta de la mansión valieron la pena al notar que va a estar bien.

—Y así va a ser de ahora en adelante, Gaby. Este es nuestro espacio. ¿Qué dices si hoy, como nuestro primer día oficial en la ciudad, salimos a recorrer un poco la zona, compramos algo delicioso para comer y de paso elegimos todo lo que nos hace falta para estar cómodos: ropa nueva para ti, las camas, hasta tu escritorio?

A Gabriel se le iluminaron los ojos. Salimos del edificio disfrutando del ambiente tranquilo. No pasó mucho tiempo para descubrir una panadería artesanal que olía increíble, donde compramos café recién hecho, pan caliente recién salido del horno y un par de sándwiches para llevar. Con el apetito satisfecho momentáneamente, entramos a varias tiendas de ropa donde él escogió tímidamente unas cuantas mudadas; luego pasamos a las de decoración y muebles. Observarlo elegir la madera de su escritorio, el tono de las cortinas de su habitación y la lámpara para su mesa de noche me confirmó que este apenas es el principio de nuestra relación de padre e hijo.

Regresamos al departamento con las compras pequeñas e instalamos las primeras cosas, coordinando el despacho de las camas y los muebles más grandes para la tarde. Tras almorzar tranquilos en la estancia, dejé a Gabriel en su cuarto organizando la ropa nueva y configurando su celular y laptop recién comprados.

—Gaby, ¿te molesta si salgo un momento? Mi amigo Timothy me dijo que cerca de aquí queda un buen colegio y me gustaría ir a buscarlo.

—No, Pa, tranquilo. Yo me quedo para terminar de guardarlo todo y por si vienen a dejar las cosas que hacen falta.

Salí detallando que la ubicación de nuestra nueva residencia era realmente estratégica. Sin embargo, antes de encontrar el Instituto San Louis, tropecé con una mujer que venía distraída, con una mirada intensa y unos ojos muy hermosos; ella se disculpó rápidamente tomando distancia. Continué con mi camino hasta llegar al imponente edificio de fachada de piedra.

Al cruzar el portón principal, el bullicio de la avenida dio paso a la quietud austera de un pasillo amplio de techos altos. En la secretaría académica me atendió una señora mayor de cabello cano recogido con elegancia, gafas de montura fina y un trato de una amabilidad entrañable. Se presentó como la señora Gloriana.

—Bienvenido al Instituto San Louis. ¿En qué le puedo ayudar? —dijo con voz serena.

—Mi nombre es Daniel Mateo Morris. Recibí una excelente recomendación de su institución y me encantaría que me facilitara información para mostrársela a mi hijo.

Al escuchar el motivo de mi visita, ella sonrió con gentileza.

—Es un gusto atenderle, señor Daniel. Justo estamos en la etapa de recepción para nuevos ingresos. ¿En qué grado está su hijo?

—Cuarto de secundaria.

Al notar mi interés sincero por el lugar mientras observaba los panfletos, ella se ofreció cortésmente a darme un breve recorrido por las instalaciones. Me mostró el patio central flanqueado por arcos de piedra, la biblioteca de dos niveles repleta de estantes de madera y las aulas de secundaria completamente equipadas con tecnología de punta.

—Aquí exigimos un nivel alto, señor Morris —me explicó con voz pausada mientras caminábamos de regreso a la recepción—. Las evaluaciones diagnósticas en matemáticas y, sobre todo, en Lengua y Literatura son rigurosas. Nos interesa que los estudiantes no solo aprueben, sino que sepan expresarse y analizar con madurez.

Le agradecí su tiempo y salí de allí con el sobre informativo bajo el brazo, satisfecho por la calidad del colegio, aunque consciente del reto que significaría para Gabriel después de meses de ausentismo constante y calificaciones deplorables, sin embargo, sabía que no se debía a falta de capacidad.

No pasó mucho cuando vibró mi celular con un mensaje de Stuart.

—Hola Bro, ¿ya encontraste dónde quedarte?

—Sí, ¿te acuerdas de Timothy, mi amigo de la facultad de derecho? Él me recomendó un lugar que resultó perfecto para nosotros.

—Me alegra mucho saberlo. ¿Y cómo está Gabriel?

—Muy contento, ya hasta escogió su habitación.

—Qué bueno, Danny, eso es un buen comienzo. ¿Y ya pensaste en lo del traslado de instituto?

—Voy saliendo de un colegio increíble, le voy a mostrar la información que dieron para saber qué opina y, si le gusta, llevarlo para que lo conozca y hacer todo el trámite para que retome los estudios cuanto antes.

—Genial. Yo tengo que ir a la ciudad para una capacitación en emergencias pediátricas en unos días. Apenas pueda, los visito.

—Claro, Bro, y de paso te puedes quedar a descansar unos días aquí.

—Eso me encantaría. Me saludas a Gaby.

—Listo, nos vemos pronto.

Guardé el teléfono en el bolsillo y entré al departamento. Lo encontré entretenido en la estancia acomodando los últimos libros en una repisa.

—Mira, Gaby —le dije, extendiéndole la carpeta con el folleto del colegio—. Fui a visitar el Instituto San Louis que me recomendó Timothy, un viejo amigo de la universidad, y el lugar es impecable; la atención fue excelente. Te traje todos los detalles para que los revises y me des tu opinión.

Él tomó el sobre con curiosidad, pero a medida que hojeaba las páginas y leía los requisitos de admisión y el temario de las evaluaciones, su expresión cambió por completo. La ilusión inicial dio paso a una sombra de profunda preocupación y aprehensión en su mirada.

—Pa... estuve viendo los contenidos que piden para las pruebas —dijo con la voz apagada, dejando caer el folleto sobre la mesa con frustración—. La verdad es que me da pánico. Estuve demasiado tiempo fuera de las aulas y metido en problemas. Siento que ando más enredado que un zorro en fiesta de gallinas con la gramática y la literatura. Es un colegio de un nivel altísimo y no quiero hacer un papelón ni defraudarte.

Le puse una mano firme y reconfortante sobre el hombro.

—No te abrumes antes de tiempo, campeón. Nadie espera que resuelvas esto solo de la noche a la mañana. Mañana mismo me encargo de averiguar y contratar a un tutor que te ayude paso a paso hasta que domines todo el temario.

Gabriel asintió con un suspiro relajado.

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