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BESAR AL ALFA PARA SOBREVIVIR [SISTEMA]
BESAR AL ALFA PARA SOBREVIVIR [SISTEMA]
Autor: Paulina W

CAPÍTULO 1: SEXO CON EL ALFA

Autor: Paulina W
last update Fecha de publicación: 2026-10-17 12:35:45

CAPÍTULO 1: SEXO CON EL ALFA

—¡TE RECHAZO COMO MI COMPAÑERA!—Viggo Blackfur dio un paso al frente desde su estrado mientras Astrid tenía las rodillas clavadas contra las losas del gran salón—. ¡DESDE ESTE MOMENTO YA NO ERES LUNA DE LA MANADA BLACKFUR!

El murmullo de doscientos miembros del clan se apagó de golpe. Nadie se movió en las galerías laterales. Astrid apoyó las palmas en la piedra para no irse de bruces mientras un tirón en el centro del pecho le cortaba el aire.

Había entregado cinco años de su vida a ese hombre, a su compañero destinado. Durante cinco inviernos había sostenido a Blackfur como una de las manadas más ricas del sur de Varelia. Mientras Viggo entrenaba soldados, ella había negociado las rutas comerciales con la confederación de territorios, administrado los refugios, abastecido a los sanadores, asegurado las provisiones de las familias y mediado ante el Consejo de Clanes para evitar embargos.

Y ahora, él la descartaba a medianoche frente a todos. Alzó la barbilla y, a la derecha de Viggo, vio a Seraphine Vale.

La guerrera Beta y antiguo amor del Alfa que ya llevaba puesto el manto ceremonial.

La piel de lobo blanco con broches de luna —la misma que Astrid había guardado en su vestidor tres horas antes— descansaba ahora sobre los hombros de la otra mujer, ajustada al milímetro a su cintura.

El aire abandonó los pulmones de Astrid.

Aquello no era un arrebato tras una discusión; el manto había sido sacado de sus aposentos y arreglado a la medida de Seraphine antes de convocar a la asamblea.

Viggo bajó medio peldaño y entrelazó sus dedos con los de la Beta.

—Blackfur necesita una Luna capaz de defender nuestras fronteras cuando llegue la guerra. —Desvió la vista hacia Astrid, que seguía en el suelo—. No una mujer que sabe contar sacos de trigo mientras otros derraman sangre.

Astrid sintió a Sylva arañar dentro de su cráneo, exigiendo salir.

Sus uñas rasparon la piedra al transformarse en garras, pero cerró los puños hasta clavárselas en la carne y regresó sus manos a su forma humana. Luego se puso de pie sin usar apoyos, vértebra por vértebra, y se sacudió el polvo de la falda.

—Entonces espero que Seraphine aprenda rápido a contar. —Astrid clavó los ojos en el Alfa—. Porque cuando falten alimentos en un mes, tendrás que alimentar a tus soldados con el hierro de sus espadas.

Un murmullo recorrió las primeras filas.

Ahí estaba el anciano al que ella le había pagado las medicinas el invierno pasado, y más allá, las madres cuyos cachorros había refugiado durante las incursiones del norte. Sin embargo, el anciano bajó la vista hacia sus botas y una de las mujeres se ocultó tras el hombro de su marido.

Nadie abrió la boca por ella.

Nadie agradeció.

Arriba, Seraphine desplazó el peso hacia su cadera y acarició el broche de luna del manto con la mano libre, pasándolo por su cuello para asegurarse de que Astrid lo viera.

—¿Desde cuándo? —Astrid no apartó la vista de su esposo.

Viggo giró la barbilla hacia las antorchas de la pared.

—Desde mucho antes de esta noche. —Seraphine contesto por el y dio un paso adelante y se inclinó desde el borde de la tarima—. Un Alfa de su calibre se cansa de esperar a que una loba de adorno tenga fuerza. Necesitaba a una hembra de verdad en su consejo… y sudando entre sus sábanas. ¿De verdad creías que llegaba al amanecer oliendo a pino por patrullar la frontera?

La bilis le quemó la garganta a Astrid.

Recordó los últimos seis meses, las madrugadas esperándolo despierta con el té caliente mientras él se metía en el baño para quitarse el rastro de otra antes de tocarla.

Viggo apretó la mandíbula y soltó la mano de Seraphine para dar un paso al frente.

—No alargues este espectáculo, Astrid. Pronuncia las palabras y termina con el vínculo.

«No», gimió Sylva dentro de su cabeza, golpeando las paredes de su conciencia. «Nos va a matar si lo rompes.»

En ese instante, un temblor ajeno se filtró por el canal mental que aún la ataba a Viggo. No era la presencia del hombre,sino la de su bestia.

«Perdóname.» musitó.

El ruego de Fenrir llegó antes de que una barrera mental lo silenciara de tajo.

Astrid abrió los ojos y las manos le temblaron a los costados. El lobo de Viggo no quería romper el lazo; era el hombre quien había decidido arrancarlas de su vida por ambición.

Durante cinco años se había preguntado qué debía cambiar para que él la mirara como miraba a Seraphine. Ahora entendía que habría dado igual si hubiera derribado las montañas del norte con las manos vacías. Viggo jamás iba a elegirla porque nunca la quiso ahí.

Astrid inhaló por la nariz, llenándose el pecho, y sostuvo la mirada del Alfa.

—Yo, Astrid Bloodmoon, acepto tu rechazo.

Un chasquido sonó dentro de su pecho, igual a una cuerda de arco al partirse en dos. El aire se le escapó mientras algo le desgarraba las costillas desde adentro, retorciéndole las entrañas.

Sylva aulló en su mente antes de caer en un silencio total.

Las piernas de Astrid cedieron y cayó de bruces contra el suelo. El sudor le empapó la frente mientras se llevaba una mano al esternón, buscando aire en bocanadas cortas, con la vista nublada sobre la piedra.

Pero de repente, a unos centímetros de su rostro, unas líneas de luz plateada se trazaron solas en el aire.

[SISTEMA LUNAR ACTIVADO]

Anfitriona: ASTRID BLOODMOON

Loba: SYLVA

Energía Lunar: 3/100

Estado del núcleo: CRÍTICO

Astrid parpadeó varias veces y sacudió la cabeza, segura de que la falta de oxígeno le estaba provocando alucinaciones.

«Yo también lo veo…»

El susurro de Sylva llegó arrastrado desde el fondo de su mente y Astrid apretó los dedos contra el suelo.

«¿Qué eres?», preguntó hacia esa presencia extraña.

El cuadro plateado vibró y el texto cambió de inmediato.

[INFORMACIÓN INSUFICIENTE]

Prioridad actual: SUPERVIVENCIA DE LA ANFITRIONA.

La ruptura del vínculo destinado ha producido daño estructural en el núcleo de Sylva.

Energía restante insuficiente.

Al alcanzar 0:MUERTE DEL NÚCLEO.

Consecuencia: MUERTE DE ANFITRIONA.

El frío se instaló en el estómago de Astrid. Olvidó a la manada que murmuraba en las galerías y olvidó al hombre en el estrado. Si el núcleo de Sylva colapsaba, su loba moriría, y ningún cambiaformas sobrevivía a la muerte de su bestia interior.

«¿Cómo recupero energía?», pensó con las uñas clavadas en las uniones de la roca.

[MÉTODO DE RECARGA]

La Energía Lunar puede absorberse mediante interacción física con hombres lobo compatibles.

Eficiencia determinada por: Compatibilidad + rango + intensidad del contacto.

CONTACTO BREVE:Recarga mínima.

CONTACTO PROLONGADO / ABRAZO: Recarga baja.

BESO: Recarga moderada-alta.

CONTACTO ÍNTIMO: Recarga alta.

RELACIÓN SEXUAL: RECARGA MÁXIMA.

Astrid apoyó los codos en el suelo, con la boca entreabierta frente a los caracteres luminosos.

«Qué sistema tan considerado», murmuró Sylva, casi sin aliento.

«Voy a morir», pensó Astrid, tragando saliva.

«Pues intenta hacerlo después de besar a alguien.»

Astrid apretó los dientes y fijó la vista en el recuadro.

«Encuentra una fuente.»

[FUENTE COMPATIBLE CERCANA]

VIGGO BLACKFUR

Compatibilidad: 70% — ALTA

Astrid levantó la vista hacia el estrado.

Viggo seguía ahí arriba, de pie junto a la mujer que llevaba puesto su manto, observándola en el suelo sin mover un solo dedo para ayudarla.

«Otra», ordenó Astrid.

[ADVERTENCIA: ENERGÍA RESTANTE 2%]

«He dicho otra.»

«Estoy contigo», susurró Sylva antes de sumirse en el letargo.

Los pasos de Viggo resonaron en la tarima al descender dos escalones. Astrid apoyó una rodilla en el suelo y se incorporó despacio, sujetándose el costado mientras las ventanas plateadas se desplazaban hacia una esquina de su visión.

—Tienes una hora para recoger tus cosas. —Viggo se detuvo a tres metros de ella, con las manos cruzadas tras la espalda—. Quiero que cruces la frontera de Blackfur esta misma noche.

Astrid giró el rostro hacia los ventanales, donde la tormenta de nieve golpeaba los cristales.

—Es medianoche. Hay ventisca en los pasos del sur.

—Seraphine será presentada ante los clanes aliados mañana al alba. —Viggo dio media vuelta hacia el trono—. Tu presencia en el castillo incomodaría a los delegados. Hay un caballo ensillado en los establos.

Astrid no pidió clemencia ni reclamó el oro de su dote. Dio media vuelta y caminó hacia la salida del gran salón con la espalda recta, tragándose el temblor de sus piernas a cada paso.

Veinte minutos después, bajó las escaleras principales con una capa de viaje sobre los hombros y una alforja de cuero cruzada al pecho.

Pero al llegar al portón de roble, Seraphine le cerró el paso, la Beta estaba sola en el vestíbulo.

Apoyó el hombro contra la columna de piedra y jugueteó con la daga de su cinturón,dejando que el manto blanco se abriera para mostrar el vestido de seda que llevaba debajo: uno de los que Astrid había encargado el mes anterior.

—Viggo fue demasiado generoso al darte un caballo. —Seraphine dio un paso hasta cortarle el camino hacia la puerta y bajó el tono para que los guardias de afuera no escucharan—. Si por mí fuera, te habría mandado al bosque descalza para que los lobos exiliados terminaran el trabajo. Pero no te preocupes, en cuanto cruces la línea fronteriza y caigas en la nieve, me aseguraré de borrar tu nombre de los registros de Blackfur. Será como si estos cinco años jamás hubieran existido.

Astrid no retrocedió, en cambio, avanzó hasta quedar a un palmo de la Beta y bajó la mirada hacia los broches de plata del manto antes de volver a mirarla a los ojos.

—Borra todos los libros que quieras, Seraphine. —Astrid enganchó el pulgar en la correa de su alforja—. Pero te sugiero que empieces por quemar los libros contables de la tesorería. Esos donde oculté durante ocho meses tus desfalcos en las raciones del cuartel sur para pagar tus deudas con los mercaderes del este.

Seraphine soltó la empuñadura de su daga y dio medio paso atrás.

—Tú no tienes pruebas de eso.

—Los inspectores del Consejo de Clanes llegan el viernes para la auditoría de invierno, y la única que sabía cuadrar esos números para que Viggo no te cortara el cuello por traición acaba de ser expulsada. —Astrid empujó la hoja del portón de roble, dejando entrar una ráfaga de nieve que golpeó el rostro sin color de la Beta—. Disfruta el manto, Luna. Te quedan cuatro días antes de que tu esposo descubra cuánto le cuestas en la cama.

Seraphine alzó la mano con las garras fuera para sujetarla del cuello, pero Astrid salió al patio exterior y cerró el portón de golpe tras de sí.

El viento le cortaba las mejillas mientras guiaba a su yegua a través del bosque fronterizo, lejos de las antorchas de la fortaleza, la nieve acumulada llegaba hasta los corvejones del animal y cada sacudida de la montura le clavaba una aguja debajo de las costillas.

Frente a sus ojos, el parpadeo plateado volvió a encenderse entre la oscuridad de los pinos.

[ENERGÍA LUNAR: 1%]

Deterioro basal activo.

Causa: NÚCLEO DAÑADO.

Factores que aceleran el consumo:

Transformación.

Heridas.

Esfuerzo físico extremo.

Exposición a corrupción lunar.

Uso de habilidades Bloodmoon.

Un espasmo le recorrió la espalda y Astrid se dobló sobre el cuello de la yegua. Tenía los dedos entumecidos sobre el cuero de las riendas y la respiración le salía entrecortada.

—Por favor... consigue un lobo...

[AMPLIANDO RADIO DE BÚSQUEDA...]

Fuente óptima localizada.

MADDOX THORNERango: ALFA DE UMBRIA

Compatibilidad: 100% — MÁXIMA

Distancia: 6.2 km.

Astrid tiró de las riendas y detuvo al caballo en seco en medio del sendero.

—¿Maddox Thorne? ¿Me estás jodiendo, cosa?

Maddox era hombre al que años atrás había aprendido a despreciar con tanta dedicación que nadie en Varelia habría imaginado cuánto le había gustado antes.

Ni siquiera él.

Especialmente él.

«Oh», se escuchó el murmullo de Sylva desde el rincón más oscuro de su cabeza.

«Ni se te ocurra», le advirtió Astrid, apretando los talones contra los flancos de la yegua.

«Solo dije oh.»

De repente, un pitido resonó en sus oídos y los bordes de su visión se tiñeron de rojo.

[ENERGÍA EXTINGUIENDOSE]

Probabilidad de supervivencia con contacto físico mínimo: INSUFICIENTE.

BESO: Recuperación temporal viable.

CONTACTO ÍNTIMO: Recuperación alta.

RELACIÓN SEXUAL: Recuperación completa recomendada.

Un último recuadro se desplegó frente a su rostro, iluminando la nieve que caía sobre la crin del caballo:

[RECOMENDACIÓN DE EMERGENCIA]

SEXO CON EL ALFA MADDOX THORNE.

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Comentarios (2)
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Katty Collado
Hay Astrid está jodida
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maryta saboya tangoa
pobre Astrid espero que se salvé
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