LOGINGia.Todavía siento la satisfacción en mi pecho porque esa mujer no pudo soportar vernos juntos de esa forma.Sin embargo, ahora, esa satisfacción vacila con esfumarse por los nervios.Arthur me lleva cargada en sus brazos sin importarle que todos nos están viendo. Le da algunas instrucciones a sus guardaespaldas en su idioma natal, y después sube las escaleras.Cuando hundo la nariz en su traje, pienso en lo que Becky me dijo. Mientras intentaba lavar el vestido pude pensar con claridad. Tomé la decisión de que esperaría el momento para cuestionarle a Arthur sobre las cosas que ella me dijo.Pero en cuanto me doy cuenta que nos está dirigiendo a una de las habitaciones especiales, se me corta la respiración.Arthur me baja justo frente a una puerta con manilla dorada, diferente a las demás. Me toma la mano cuando abre la puerta, y mis ojos se adaptan enseguida a la luz, es similar a la de la sala principal. Sus paredes están tapizadas con un material que parece acolchado, pero eso no
Arthur.Siento una extraña ansiedad en mi pecho al no tener a Gia a mi lado.Dijo que iría al baño, ¿pero por qué ha tardado tanto?Cuando decido ir a buscarla, veo a Becky entrar en la sala.Quiero ignorarla, pero ella habla.—Vi a tu novia correr por las escaleras, manchada de sangre. Qué horror, señor Orlov. ¿Es tan descuidada que olvida sus fechas?La miro fijamente mientras mis puños se cierran.A esta maldita mujer se le va a acabar la confianza que tiene conmigo hoy.Casi corro escaleras arriba.¿Por eso estaba tan dolorida?Mi pobre Gia.Entro a nuestra habitación y vuelvo a respirar con calma.—моё небо? (¿Mi cielo?)Sé que está aquí dentro, sus tacones están tirados cerca de la cama.Me dirijo al baño con cautela. No tengo hermanas, ni nunca estuve consciente de cuando mi madre tenía su menstruación, pero aprendí de algunas cosas leyendo sobre la anatomía femenina, así que sé que debo cuidar mis acciones y palabras en estos casos.Me quedo frente a la puerta del baño, escuch
Gia.Arthur me sujeta con más fuerza por la cintura.Mantengo la calma al ver a la rubia vestida de negro.—Buenas noches, señor Orlov. Disculpe por llegar tarde —dice, mirándome de reojo.—No te preocupes, Becky. Te presento a Gia Norwood, mi novia.Entonces recuesto la cabeza en el pecho de Arthur mientras le sonrío con inocencia a la mujer.—Es un placer, Becky.Puedo ver cómo hierve por dentro, y me satisface.—Sí…No dice más, se da media vuelta, y yo oculto el rostro en el pecho de Arthur mientras él me abraza y besa mi cabeza.Él ni siquiera hace un comentario al respecto, es como si no quisiera darle demasiada importancia, y eso me alegra.Después de un rato, hablo.—¿Va a explicarme la dinámica?Arthur asiente mientras toma dos copas para ambos. Estamos casi en el centro de la sala, con todos a nuestro alrededor, algunos mirándonos, otros demasiado sumergidos en lo suyo.—La mayoría son clientes seguros. Las dominatrix ya tienen a sus favoritos, y se dispersan con ellos en la
Gia.Cabalgarlo mientras hundo mis uñas en su pecho se vuelve una de mis cosas favoritas. Arthur mantiene las manos en mi cintura, pero no lleva el ritmo, y eso me anima a dar lo mejor de mí.Su mirada, las venas en su cuello y su respiración me hacen saber que solo hay una cosa por hacer.Salgo de él con un leve temblor, para luego escurrirme lentamente hacia abajo hasta encontrar espacio entre sus piernas. Termino de bajar su bóxer y su pantalón, y empino mi trasero mientras me inclino para tomarlo en mi boca sin más.Me concentro tanto en sacar su delicioso semen que solo me doy cuenta de su orgasmo cuando lo escucho gemir y bombea en mi garganta, casi ahogándome.Trago su leche y, cuando lo saco de mi boca, lamo lo que queda en la punta.—Eres una buena zorra —expresa, y me estremezco, volviendo a subir sobre él.Arthur lleva una mano a mi cuello. La lujuria nos envuelve. Él introduce dos dedos en mi boca mientras yo vuelvo a llevar su rica polla a mis adentros. La invasión me est
Arthur.Mientras más la miro, más me convenzo de que sangraré primero antes de volver a herirla. Así que no le mentiré sobre cosas que tarde o temprano podría saber.Cada decisión que tome respecto a mi vida puede acercar o alejar a Gia de mí, y no pienso permitir lo segundo.La recuesto de nuestra cama, y siento cosquillas calientes en mi pecho.Se puso un vestido café, sencillo, pero su cuerpo pequeño y con curvas hace que cada pieza luzca como una obra de arte.Sus ojos cafés brillan mientras me observa y se muerde el labio inferior.—Quiero verte en esa lencería vinotinta —murmuro mientras camino hacia atrás, hacia el estante.Mi polla palpita, ansiosa por sentirla, pero no quiero apresurarme. Así que tomo el anillo de cuero eléctrico, unas pinzas suaves y un lubricante.—Eso supuse, señor Orlov…Giro para verla.Ella se incorpora en la cama para quitarse el vestido por encima de los hombros, haciéndome ver que debajo de aquello estaba la lencería. Sus mejillas están rojas cuando
Gia.En cuanto bajo del auto y entro al restaurante, no hace falta que nadie me oriente, pues puedo distinguir casi justo frente a mí, a una mujer delgada, alta, de cabellera negra y la misma aura importante que mi Arthur.Camino hasta ella con pasos torpes mientras me aliso la falda del vestido.Ella me detecta antes de que pueda acercarme por completo y se levanta enseguida de su silla.Contengo el aliento.—¡Oh! Gia. Gia Norwood —dice, con una sonrisa gigante mientras nos decidimos si nos abrazamos o solo nos damos un beso en la mejilla.Ella besa mi mejilla y me abraza con fuerza.—S-Señora Orlov…—suelto al fin, cuando nos separamos. La mujer me aparta la silla, yo le agradezco con la mirada. Es tan desbordante de una forma buena que me eriza—. Es un placer conocerla.Ella también se sienta, no dice nada mientras me mira, con esa sonrisa que poco a poco se apaga, hasta que sus ojos se llenan de lágrimas. Una lagrima se escapa, y llevo mi mano hacia la suya sobre la mesa.—No te pre







