تسجيل الدخولTomé el lugar de mi hermana por una noche y una fortuna. Pero Damien Vale, el despiadado multimillonario, se negó a soltarme. Ahora reclama cada centímetro de mí mientras mi hermana celosa observa, tramando destruirnos a los dos. Se supone que él era de ella… pero me está arruinando para cualquier otro. I
عرض المزيدCapítulo 1:
El velo de seda se pegaba al rostro de Lila como una segunda piel, sofocándola. —Fírmalo —siseó Serena, empujando el contrato a través de la mesa de la suite de hotel en in penumbra. El perfume de su hermana mayor —caro, afilado, como rosas aplastadas y mentiras— llenaba el aire—. Una noche, Lila. Una puta noche fingiendo ser yo, y mamá tendrá los mejores médicos que el dinero pueda comprar. Me debes esto. La mano de Lila temblaba alrededor del bolígrafo. Los números de la página se difuminaban: dos millones de dólares transferidos en el momento en que se consumara el matrimonio. Suficiente para pagar todas las facturas del hospital, todas las deudas, suficiente para volver a respirar. Pero el precio era su cuerpo en la noche de bodas de otra mujer. —No puedo casarme con él —dijo Serena, con la voz baja y feroz—. Tengo a alguien. Un prometido. Secreto. Real. Si camino por ese pasillo esta noche, todo lo que he construido con él se quema. Así que tú lo harás en mi lugar. Lila levantó la vista, encontrándose con la mirada calculadora de su hermana. Serena siempre había sido la hermosa. La ambiciosa. Aquella en la que la familia depositaba todas sus esperanzas. Ahora estaba vendiendo a su hermana menor a un multimillonario que ni siquiera quería… porque ella ya pertenecía a otro. —¿Por qué yo? —susurró Lila. Serena se rió suavemente, cruel. —Porque te pareces lo bastante a mí con la iluminación adecuada. El mismo cabello oscuro, la misma boca. Él nunca lo sabrá hasta que sea demasiado tarde. Y para entonces… —golpeó el contrato con el dedo—. Tú ya te habrás ido, y yo seré libre para casarme con el hombre que realmente elegí. El reloj de la pared ticaba como un corazón contando regresivamente. En menos de dos horas, Lila caminaría por el pasillo en lugar de Serena, pronunciaría votos que no eran suyos y los sellaría con su cuerpo. Firmó. ——————————————————————— Las velas de la catedral parpadeaban bajas mientras Damien Voss observaba a su novia deslizarse hacia él. Llegaba tarde. No le importaba. En el momento en que ella entró en la luz, algo primitivo se agitó en su pecho. Esta no era la Serena frágil y pulida con la que había acordado casarse por negocios. Esta mujer se movía como si temiera que el suelo le quemara los pies: vacilante, viva, los dedos agarrando el ramo con tanta fuerza que los tallos podrían romperse. Cuando llegó a él, le levantó el velo. Ojos esmeralda se encontraron con los suyos. No el azul gélido de Serena. El agarre de Damien se tensó sobre su mano. Una chispa de furia y algo mucho más oscuro cruzó por él. Pero el sacerdote ya estaba hablando, y el peso de dos familias poderosas observaba desde los bancos. Sonrió en su lugar: lento, peligroso, y deslizó el anillo en su dedo. —Sí, acepto —respiró ella, con la voz temblando. Él pronunció las palabras como una reclamación. Más tarde, en la suite nupcial con vistas a la ciudad, sirvió champán y la observó. Ella estaba junto a las ventanas de piso a techo, de espaldas a él, el vestido blanco brillando como si estuviera hecho de luz de luna y pecados. La cremallera a lo largo de su columna estaba medio abierta, revelando la línea elegante de su cuello, las delicadas tiras de encaje debajo. —No eres ella —dijo en voz baja. Ella se quedó helada. Damien cruzó la habitación en tres zancadas, presionando su pecho contra la espalda de ella. Una mano grande se extendió sobre su estómago, atrayéndola contra el calor duro de él. —¿Quién m****a eres tú? Su respiración se entrecortó. —Lila —susurró—. La hermana de Serena. Él se rió una sola vez, grave y áspero, los labios rozando su oreja. —Te sobornaron. Ella no lo negó. No podía. No cuando la otra mano de él ya trazaba la curva de su cintura, posesiva, probando. —Y tú dijiste que sí. —Sus dedos encontraron la cremallera y la bajaron lentamente, el sonido obsceno en la quietud de la habitación. El aire fresco besó su piel mientras el vestido se acumulaba a sus pies—. Dime, pequeña mentirosa… ¿te dijeron que sería gentil? Lila tembló. Debería huir. Debería confesar todo y salir corriendo. Pero el cuerpo de él era sólido detrás de ella, la excitación presionando insistentemente contra su trasero, y el calor ya se acumulaba bajo en su vientre: traicionero, aterrador. —Necesitaba el dinero —logró decir—. Y Serena… ella tiene a alguien más. Un prometido secreto. Me obligó a tomar su lugar. Damien la giró para que lo enfrentara. Sus ojos —gris tormenta y despiadados— recorrieron su cuerpo, absorbiendo la lencería blanca y transparente que no dejaba nada a la imaginación. Sus pezones se endurecieron bajo su mirada. Él le tomó la mandíbula, el pulgar acariciando su labio inferior. —El trato se acabó. El corazón de ella golpeó contra sus costillas. —¿Qué? —No vas a desaparecer, Lila. —Se inclinó, la boca flotando sobre la de ella—. Caminaste por ese pasillo. Dijiste los votos. Y esta noche… —Su mano se deslizó entre sus muslos, encontrándola ya mojada. Una sonrisa oscura curvó sus labios—. Esta noche vas a gemir mi nombre como una buena esposita. La besó entonces: duro, reclamándola, nada parecido al arreglo educado que se suponía que era este matrimonio. Su lengua exigió entrada, y ella se la dio, gimiendo en su boca mientras dos dedos gruesos apartaban sus bragas y se hundían profundamente. Las rodillas de Lila flaquearon. Él la atrapó, levantándola sin esfuerzo hasta el borde del gran piano, abriendo sus piernas de par en par. —Serena nunca podría tomarme así —gruñó contra su garganta, empujando los dedos más rápido—. Pero tú… joder, ya estás chorreando por esto. Ella se aferró a sus hombros, el esmoquin caro áspero bajo sus dedos, el placer acumulándose demasiado rápido, demasiado intenso. Se suponía que esto era una transacción fría. En cambio, Damien Voss la estaba deshaciendo con cada embestida, con cada palabra sucia. Y en algún lugar allá afuera, su hermana esperaba para recuperarlo todo… con su prometido secreto ya entre sus brazos. Damien sacó los dedos, se los llevó a la boca y los lamió limpios mientras sostenía su mirada. —De rodillas, esposa. Veamos cuánto querías realmente ese soborno.Capítulo 5:Todo dolía.No era mi cuerpo, aunque el agradable cosquilleo entre mis piernas y los leves moretones en mis caderas me recordaban a quién pertenecía ahora. No, este dolor era más profundo. Se alojaba en mi pecho, agudo y sofocante, cada vez que miraba a quienes se suponía que debían amarme.Me senté en el sillón de cuero de respaldo alto junto a Damien en la sala de juntas privada; el vestido color esmeralda se sentía ahora como una armadura a punto de deshilacharse. Mi madre ni siquiera me miró a los ojos. Serena estaba sentada justo enfrente de nosotras, con las piernas elegantemente cruzadas, su expresión una máscara perfecta de furia justificada. El tío Richard y otros dos ancianos de la familia Voss la flanqueaban como perros guardianes.El aire olía a colonia cara, whisky añejo y traición.—Has avergonzado a esta familia —dijo finalmente mi madre, con la voz temblorosa por la rabia que apenas podía contener—. Primero usurpas el lugar de tu hermana como una impostora
Capítulo 4:El gran salón de baile de la mansión Voss resplandecía como una jaula de cristal y opulencia. Las arañas de cristal proyectaban destellos de luz sobre vestidos de seda y esmóquines a medida. Lila estaba al lado de Damien con un vestido verde esmeralda sin espalda que se ceñía a cada curva que él había acariciado la noche anterior. Su mano descansaba posesivamente sobre su espalda baja, con el pulgar rozando la piel desnuda justo encima de la curva de sus glúteos.Podía sentir las miradas.Los susurros se deslizaban entre la multitud como humo.La familia Voss se había reunido al completo: tíos, tías, primos y, lo peor de todo, su propia sangre. Serena permanecía cerca de su madre, elegante y amenazante vestida de rojo, con una sonrisa triunfal ya dibujada en sus labios.Damien se inclinó y sus labios rozaron la oreja de Lila. «Respira, esposa. Pueden gruñir todo lo que quieran. A ti te follé sin piedad esta mañana».Sus muslos se apretaron al recordar aquello: él inclinánd
Capítulo 3:La puerta del ático se abrió con un clic antes de que Lila pudiera siquiera ponerse la bata.Serena irrumpió como si fuera la dueña del lugar: el cabello perfectamente despeinado, un vestido de diseñador que se ajustaba a cada curva y los labios rojos apretados en una línea furiosa. Sus ojos se posaron primero en Lila, aún envuelta en la sábana de seda al borde de la cama, con el cabello revuelto por las manos de Damien.—De verdad lo hiciste —espetó Serena, con la voz cargada de veneno—. ¡Miserable zorra! ¿Ni siquiera pudiste mantener las piernas cerradas una noche?Las mejillas de Lila ardían, pero levantó la barbilla. "Fuiste tú quien me vendió a él, Serena. ¿Lo recuerdas?"Antes de que Serena pudiera replicar, Damien salió del vestidor abotonándose una camisa negra impecable. La tensión en la habitación se hizo palpable al instante. Se movía con una gracia depredadora y pausada, recorriendo con la mirada a las dos hermanas como si decidiera a cuál de ellas humillar pri
Capítulo 2:Las rodillas de Lila tocaron la mullida alfombra antes de que pudiera reaccionar.Damien se cernía sobre ella, desabrochándose el cinturón con deliberada lentitud. El clic metálico le provocó una oleada de calor entre los muslos. Esto no era lo planeado. Nada de eso. Se suponía que debía soportar un encuentro sexual rápido y olvidable en la oscuridad y desaparecer con el dinero. En cambio, el hombre más poderoso de la ciudad la miraba como si quisiera devorar su alma.—Ábrete —ordenó con voz baja y áspera.Ella entreabrió los labios. Él se liberó —grueso, pesado, ya brillante en la punta— y guió la cabeza sobre su lengua. Su sabor era salado y poderoso. Lila gimió a su alrededor, el sonido vibrando a lo largo de su miembro mientras él penetraba más profundamente.“Joder, así sin más.” La mano de Damien se aferró a su cabello oscuro, guiándola pero sin forzarla. Todavía no. “Tu hermana habría negociado primero. Tú… te lo tomas con tanta calma.”La humillación le quemaba las


















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