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Capítulo 35

last update Fecha de publicación: 2025-08-28 06:02:39

Él no dijo nada. Caminó hacia la pequeña mesa donde reposaba una botella de whisky a medio llenar. La tomó con fuerza, pero sin parecer exagerado. Todos los movimientos de él eran tan impecables. La miró un segundo, como si el líquido pudiera darle la paciencia que yo le quitaba.

Luego, sin mirarme, giró apenas el rostro e hizo una leve señal con la cabeza. Un gesto simple, seco… pero claro.

Entendí que debía seguirlo.

No pregunté. No quería provocarlo más. Caminé detrás de él, tratando de no
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    Gabriel rompió el silencio.—Por primera vez en diez minutos no estás buscando una excusa para matarme, eso es un avance.Solté una risita seca.—¿Ya terminaste tu sermón?Se enderezó.—Yo sólo te di mi humilde opinión —dijo con sarcasmo.—Qué generoso de tu parte.Asintió como si acabara de recibir un premio.—La sabiduría debería compartirse con los menos afortunados.Lo miré.—Voy a cambiar el código de acceso de mi oficina.—Y yo volveré a conseguirlo.—Voy a cambiar el de la mansión.—Carmencita me lo dará.—No lo hará.—Claro que sí —Frunció el ceño pensativo —. Le llevo flores de vez en cuando.Lo fulminé con la mirada.—¿Le llevas flores a Carmencita?—Las personas importantes merecen detalles.Negué e hice una mueca de fastidio.Gabriel se acomodó la chaqueta y caminó un par de pasos por la oficina.—Aunque si quieres ignorar todo lo que te dije, adelante.—Que amable —dije con ironía. Se volvió hacia mí.—Sólo recuerda una cosa.Otra vez.—Las personas como Denayt no apare

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    Vincent.Una vez llegamos al comedor, Gabriel tomó asiento como si fuera el dueño de la mansión. Yo estaba considerando seriamente enterrarlo en el jardín.Denayt se había quedado ayudando a Carmencita a servir el desayuno.Eso significaba que tenía varios minutos a solas con el imbécil que tenía enfrente.Gabriel apoyó un codo sobre la mesa y sonrió. —Pero qué bien fingen ser esposos.Apreté la mandíbula.—Voy a prohibirte la entrada a mi casa.Se encogió de hombros.—Yo solo quería verificar que todo marchara bien.Lo señalé con el dedo.—Te juro que si sigues hablando voy a lanzarte por la ventana.—Por lo que pude notar, todo marcha de maravilla en el paraíso.Apreté la mandíbula.—Los dos tienen un maravilloso semblante —Se acomodó en la silla —. Imagino que pudieron dormir muy bien.Lo fulminé con la mirada.—Imaginas demasiadas cosas.—¿Sí? —se hizo el pensativo— Qué raro, juraría haber visto a cierta rubia salir de una habitación, que casualidad que fuera exactamente la mism

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