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Capítulo 03: Desechada como basura.

last update publish date: 2025-12-02 10:54:09

✧✧✧ Más tarde, esa noche. ✧✧✧

La lluvia caía con fuerza sobre la ciudad de Milán. En un pequeño barrio, un taxi se detuvo frente a un edificio departamental.

Fiorina bajó del vehículo, la fría y feroz lluvia la bañó en segundos, dejando empapada su cabellera castaña y su atuendo negro.

Sintió un escalofrío, apretó su bolsa con fuerza tras pagar, y salió corriendo al interior del edificio.

Al abrir la puerta, la cálida luz de la lámpara iluminó la sala vacía. El sonido del televisor provenía del interior.

En la pantalla, Massimo Bernardi se disculpó con la familia Rossi, anunciando que "la diseñadora estelar ha sido despedida".

—Eres noticia nacional, “hija”~ —soltó una voz masculina y burlista de la cocina. Era su padrastro Roberto, con una botella de licor en la mano, quien la había “criado” desde que su madre murió hace cinco años—. Todo el mundo sabe que mi "hija" es la zorra que destruyó una familia.

—Así que… —soltó ella casi en un susurro—. Ya lo sabes…

—¡TODO EL MALDITO MUNDO DEBE SABERLO! —alzó la voz ese hombre en sus cincuenta, de aspecto desaliñado y cansado—. Consíguete un trabajo nuevo, RÁPIDO. No mantendré a una ramera que ni siquiera es sangre mía.

Fiorina frunció ligeramente el ceño. Apretando con más fuerza su bolso entre sus manos.

—¿Dónde está Luca? —preguntó ella por su hermanastro, evitando la confrontación.

—¡Ese imbécil probablemente está en el casino! —escupió Roberto—. Lo vi salir de tu habitación.

“¡¿Mi habitación?!”

Un escalofrío de terror recorrió su espina dorsal.

Corrió hacia su cuarto y abrió la puerta de golpe.

¡VACÍO!

Su pequeño cofre de joyas yacía abierto en el suelo, completamente vacío. Ese mismo donde guardaba sus tarjetas.

¡Sus ahorros de dos años habían desaparecido!

Con manos temblorosas, revisó su cuenta bancaria en el teléfono.

¡CERO! ¡TODAS SUS CUENTAS ESTABAN VACÍAS!

—¡MALDITO SEAS, LUCA! —gritó ella furiosa marcando su número.

—¿Fiorina? —respondió una voz ebria.

—¡¿QUÉ HICISTE CON MI DINERO?!

—Tranquila, hermanita, he decidido abandonar la ciudad. Pero volveré y te pagaré tu dinero con lo que vaya a ganar… yo…

BIIIIP~ La llamada se cortó.

Ella cayó sentada sobre el borde de la cama. Sus lágrimas cayeron volviendo borrosa su vista, en ese instante, su bolso se deslizó de sus manos temblorosas.

Un anillo salió rodando, emitiendo un suave tintineo…

Era el anillo de compromiso. Massimo se lo había escondido en el bolso.

Fue como un mensaje silencioso de su ex: “mi propuesta sigue en pie”.

—¡Vete al diablo, Massimo! —exclamó, y corrió al baño para arrojarlo por el inodoro.

Pero justo cuando lo iba a soltar, se detuvo.

Se quedó un instante sumida en un doloroso mar de recuerdos, momentos a lo largo de dos años, que vivió junto a ese hombre que creyó el amor de su vida, con el que anheló un futuro, y ahora… no tenía nada.

De pronto, ella apretó con más fuerza el anillo en su mano. Y lo acercó a su pecho.

—No… —negó lentamente con la cabeza—. No lo tiraré, no aún. Se lo devolveré en la cara cuando haya vuelto a la cima… demostraré ante el mundo, a mí misma, a todos. Que no te necesito para triunfar, para lograr mis sueños.

………

✧✧✧ Una semana más tarde. ✧✧✧

PUF~

El hombre de edad madura, aspecto frío y elegante traje, arrojó con desprecio sobre el escritorio una carpeta.

Era el currículum de Fiorina. Ella yacía del otro lado del lujoso escritorio, sentada en un sillón de cuero, observando al dueño de esa empresa de modas.

—¿Crees que soy un imbécil para contratarte, niña? —soltó el hombre de cabellera canosa y rostro sombrío.

Fiorina frunció ligeramente el ceño, sus manos sobre el borde de su falda, se apretaron suavemente.

—¡Ningún empresario de alta gama en toda Italia, no, en TODA Europa misma, sería tan imbécil como para contratarte! ¿Qué jefe querría a una mujer en sus filas que es burla nacional?

Ella intentó mantener la compostura. No era el primero que la rechazaba, y probablemente no sería el último.

Día tras día… En lugar de tirarse a llorar, en lugar de sufrir por un amor que la había dejado rota, decidió levantarse con los pedazos de su corazón, con su reputación hecha trizas, tomar su currículum, y salir una vez más… a empezar de cero, a buscar un empleo.

El hombre se levantó de su silla.

—¡Deberías irte!, ninguna esposa en el mundo te querría cerca de su marido. No después de que te metiste a destruir un matrimonio, a romper a un inocente niño.

—Soy inocente —se atrevió a hablar ella, con tono educado, pero manteniendo su postura erguida, su mirada firme, sus ojos verdes decididos a no rendirse jamás—. Los rumores no son ciertos, apenas me enteré de lo que sucedía, renuncié y corté todo nexo con mi ex-jefe.

—¡Eso no es lo que dicen los medios, señorita Cassini! ¡Afirman que usted no quería renunciar! Que tuvo que ser despedida, y su jefe aún con todo el escándalo que armó, tuvo gran corazón de darle su liquidación completa. Cómo sea, no discutiré más, váyase.

Fiorina separó sus labios por un instante, estuvo cerca de hablar, de pedirle una oportunidad, de decirle que si tan solo la contrataba, no se arrepentiría, pero… ella se puso de pie, tomó su bolso, su currículum, y salió de ahí.

¡CLANK!

Ella cerró la puerta de la oficina. Caminando a pasos rápidos hasta el ascensor.

En ese momento, comenzó a escuchar los murmullos de los demás empleados de la empresa.

—Mira quién va ahí, ¿no es la diseñadora Fiorina Cassini? ¡Qué sinvergüenza daría ser ella!

—No debería estar aquí. Espero que el jefe no la haya contratado.

—Y aún busca empleo en este ámbito, después de lo que hizo, qué descaro. ¿Vieron la cicatriz horrible de los vídeos que circulan en las redes?

—¡JA! ¡Los vi, es una pena que no haya tenido éxito en su intento de quitarse la vida!

Fiorina se apresuró a salir del edificio. Una vez el aire fresco de esa colorida tarde dorada en Milán golpeó su rostro. Ella subió a su coche, rumbo a su hogar.

………

✧✧✧ Unos minutos después. ✧✧✧

Sin embargo, cuando la mujer castaña llegó al edificio departamental. Se encontró con una escena que la dejó impactada.

¡Habían bolsas! ¡Sus cosas estaban tiradas dentro de ellas! ¡Ni siquiera estaban en maletas, sino en simples bolsas!

—¿Qué carajos…?

Fiorina no dudó un segundo, sacó su llave e intentó abrir la puerta pero…

BIIIIP~

Un sonido de rechazo, le dejó claro que su llave ya no servía.

En ese momento, lo supo, era obvio, su padrastro Roberto, la había echado como a basura.

¡PUM! ¡PUM!

Ella comenzó a tocar a la puerta.

Pero lo que escuchó fue la fría voz de su padrastro del otro lado. Que la dejó congelada.

—¡VETE! ¿Tienes idea de con qué he tenido que lidiar por lo que hiciste? ¡Ya es suficiente, no tengo que pasar más vergüenzas por alguien que ni siquiera es mi familia!

—Pero… papá, tú… —la voz de la mujer salió echa un susurro quebradizo.

¡No podía creer que él la estuviera simplemente sacando de su vida como a cualquier objeto sin valor que ya se cansó de tener cerca!

Ella iba a volver a tocar, a insistir… pero su mano frente a la puerta echa un puño lista para seguir golpeando… bajó lentamente.

Sintió un horrible nudo en su garganta, e inclinó la cabeza.

“¡No, Fiori! ¡No puedes hacer esto!”

Se regañó a sí misma.

“¿Hasta cuándo rogar? ¿Para qué insistir a alguien que deja claro que no te quiere cerca?”

Fiorina tomó sus cosas a como pudo, casi de rastras, y solo las más necesarias… y salió de ahí, con el corazón roto, pero sin permitirse a sí misma seguir desmoronándose por los golpes de la vida.

Una vez en las afueras. Sacó su teléfono móvil, y marcó a la única persona que siempre estaba para ella, incluso con todo lo que había pasado, su vieja amiga, Carlotta Parisi. Empleada también en el Gruppo Bernardi.

………

✧✧✧ Más tarde, esa noche. ✧✧✧

Clack~

La puerta del pequeño apartamento se abrió. Carlotta apareció en el marco, con su hijo de tres años dormido en brazos, la cabecita apoyada en su hombro.

Al verla, a Fiorina se le llenaron los ojos de lágrimas que por fin se atrevieron a caer.

—¡Car! —logró exclamar, con la voz quebrada.

—Fiori, pasa, deja tus cosas en la habitación de Vince —dijo refiriéndose a su niño—. Te quedarás ahí, siéntete como en tu casa… Él dormirá en mi habitación.

Minutos después, con el niño ya acostado, Carlotta se acercó y le puso las manos firmes en los hombros a Fiorina. Un gesto silencioso que decía más que mil palabras: Estoy aquí.

—Dime la verdad, Fiori. ¿Estás bien? ¿Él te hizo algo?

—Solo me echó —respondió Fiorina, con una sonrisa débil que se desvaneció al instante—. Como a un trapo sucio.

—¿Y la entrevista de hoy?

Fiorina apretó los puños. El recuerdo de la humillación ardía.

—Fui. Pero el dueño solo quería verme sufrir. Me escupió los rumores a la cara. ¡He ido a casi todas las empresas, Car! ¡Y todas me cierran la puerta! ¡NADIE me da una oportunidad!

Carlotta la miró fijamente, conteniendo su propia rabia.

—Dijiste "casi todas". ¿Qué empresa no has intentado?

Fiorina desvió la mirada, avergonzada.

—"Casa Dorata M"… —murmuró—. No puedo. Son la competencia directa de Massimo. Sería una traición.

—¿TRAICIÓN? —estalló Carlotta, dando un paso atrás—. ¡¿Massimo te arruina la vida y tú hablas de lealtad?! ¡Él te traicionó a ti! ¡Envía esa moralidad a la mierd∆!

Una carcajada amarga escapó de los labios de Fiorina. Su amiga tenía razón.

—Es absurdo. ¿Por qué iban a contratarme?

—¡¿Y QUÉ IMPORTA?! —replicó Carlotta, señalando la laptop—. ¡Envía el maldito correo! ¿Qué más puedes perder, Fio?

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