Mag-log in—Porque eras imposible de ignorar.
Ambas soltaron una pequeña risa. Emma se inclinó ligeramente hacia adelante, como si de pronto recordara algo importante. —Hablando de eso. —dijo con tono curioso —. ¿Recuerdas al chico de anoche? —¿El de traje azul llamativo? —le preguntó Valeria fingiendo pensar. —¡Ese mismo! —respondió Emma emocionada. — . Alto, guapo y misterioso… Valeria soltó una risa, cruzándose de brazos mientras veía a su amiga suspirar como toda una enamorada. —¿Te refieres al que tenía aires de William Levy? —¡Si! ¡Ese mismo! —soltó, señalando como si hubiera dado en el blanco —¿Viste? ¡Sabía que también te diste cuenta! —Difícil no hacerlo. Con ese traje que llevaba, brillaba más que un árbol de navidad en pleno julio. —Pero… si es guapo. Y no dejaba de mirarte. —Estas imaginando cosas —comentó Valeria rodando los ojos. —No, no lo estoy —insistió Emma con una sonrisa traviesa —Creeme, ese hombre estaba completamente interesado en ti. —No me interesa. —Ya lo sé.. —murmuró Emma decepcionada.—.Nunca te interesa nadie. Que tragedia para la población masculina.—Valeria rodo los ojos, pero no dijo nada. Emma en cambio la observó por un momento, y aunque su expresión seguía siendo ligera… algo en su mirada se volvió más seria.—Pero te voy a decir algo. —añadió, cruzándose de brazos, haciendo pausa como si realmente lo estuviera pensando —. Si algún día me encuentro con el imbécil que te hizo daño…voy a necesitar un mapa, porque no sabría donde esconder el cuerpo. —Emma… —¿Qué? —respondió encogiéndose de hombros con total calma —.No digo que lo haría…pero tampoco prometo que no…aunque pensándolo bien…—añadió—, alguien que deja ir a alguien como tu ya está bastante castigado por la vida. Valeria no pudo evitar soltar una pequeña risa ante el comentario de su amiga. — Bueno…dejando de lado mi vida amorosa inexistente—bromeó— ¿Sabes algo sobre el nuevo CEO de la empresa? Emma hizo una mueca, negando con la cabeza mientras se dejaba caer un poco hacia atrás, apoyando las manos sobre el escritorio.— Nada concreto —respondió—. Los de arriba no han soltado prenda. Es como si fuera …no sé.. un hombre en las sombras. —¿Un hombre en las sombras? —Valeria arqueo una ceja. —Si—continuo Emma, encogiéndose de hombros — .Nadie lo ha visto, nadie sabe exactamente cómo es, pero todos actúan como si fuera a aparecer de la nada y despedir a medio mundo. Valeria soltó una risa pequeña. —Bueno…espero que al menos no sea como ese viejo rabo verde de Victor. Emma se incorpora de inmediato, frunciendo el ceño mientras la miraba con atención. —¿No te ha vuelto a molestar, verdad? —Em… —Dímelo—insistió ella, ya completamente seria —. Porque si ese tipo volvió a acercarse a ti, te juro que ahora mismo voy y… —No la interrumpió Valeria con calma, aunque firme—,tranquila. Por suerte no me lo he cruzado estos días. Emma la observó unos segundos más, como si intentara asegurarse de que decía la verdad. —Más le vale… —murmuró entre dientes. Valeria negó con la cabeza, cruzándose de brazos con una ligera sonrisa. —Además… —añadió con un toque de orgullo—, ¿de verdad crees que tu amiga es fácil de intimidar? Emma la miró fijamente… y luego sonrió de lado. —No —admitió—. Pero eso no significa que no quiera romperle la cara a alguien de vez en cuando. Valeria soltó una risa. Pero, en el fondo ambas sabían que no era solo una broma. ......... ......... El descenso fue limpio,sin prisa, como si incluso el tiempo se ajustara a su ritmo. Apenas la puerta del avión se abrió, el aire frío se filtró con fuerza , pero él no reaccionó. Avanzo seguro, imperturbable. Los hombres lo esperaban a una distancia prudente, en absoluto silencio, atentos a cada uno de sus movimientos como si cualquier error pudiera costarles más de lo que estaban dispuestos a pagar. Uno de ellos dio un paso al frente cuando lo vio acercarse, extendiendo un sobre con ambas manos, midiendo incluso la forma en que lo miraba. —Señor Montenegro… Él no lo tomó de inmediato. Camino primero obligando al resto a seguirlo, imponiendo su ritmo sin siquiera mirarlos. Solo entonces extendio la mano y tomó el documento. —¿Qué investigaron?—su voz salió baja, sin esfuerzo. Pero suficiente para tensar el ambiente. —La señora ha mantenido un perfil bastante discreto. Tiene un empleo estable, sin relaciones que llamen la atención… una rutina simple. Nada fuera de lo común. Él no respondió de inmediato. Se detuvo apenas lo necesario hasta que el guardaespaldas abrió la puerta del auto, su expresión no cambió. —Nada fuera de lo común —repitió con calma —. Eso espero. Sin añadir nada más tomó asiento. Trás entrar, la puerta se cerró aislándolo del exterior, como si todo lo demás dejará de existir. El vehículo arrancó con suavidad, pero dentro el silencio se volvió más denso. Él abrió el sobre deslizando los documentos entre sus dedos con precisión, revisando cada hoja con una calma meticulosa. No había prisa en sus movimientos, pero sí mucha atención... su mirada se detuvo apenas un segundo más en una de las páginas... solo un segundo. Entonces el teléfono vibró, no miró la pantalla simplemente respondió sin más. —¿Si...? —¡¿Se puede saber qué demonios sucede contigo?!—la voz explotó del otro lado de la linea—¡¿Cómo se te ocurre desaparecer así?!¡Hoy es la boda, Adrián!. Él no levantó la vista de los documentos. —Madre...fuiste tú quien organizó esa boda . Y fuiste tú quien dio su palabra, no yo. —¡No empieces con eso! —interrumpió ella, furiosa—.¡Ya comprometi a nuestra familia con los Kellerman! ¡No puedes humillarme de esta manera! Adrián pasó otra hoja con total calma. —Yo nunca dije que me casaría.—respondió él, tranquilo. Y el silencio que siguió fue breve... pero cargado. —Regresa ahora mismo, Adrián. —No puedo. —¡¿Cómo por qué no puedes?!—exigió ella con molestia. —¡Dime ahora mismo dónde estás!. Él cerró el sobre con lentitud, apoyándolo sobre sus piernas. —Fuera del país. —¡Entonces regresa de inmediato!—insistió, casi perdiendo el control—. ¡No voy a permitir que arruines esto! Él giró ligeramente el rostro hacia la ventana, observando la ciudad con una tranquilidad que contrastaba demasiado con la furia al otro lado. —No voy a hacerlo. —¡Adrián! —No te alteres —la interrumpió, sin cambiar el tono—. Sabes que no es bueno para tu salud. —hubo un silencio tenso. —Hablaremos cuando regrese. Cuídate. Sin esperar respuesta, colgó. Guardó el teléfono como si la conversación no hubiera tenido importancia. Al frente, su asistente lo observó a través del espejo retrovisor, dudando un instante antes de hablar. —Señor Montenegro… ¿Nos dirigimos a la empresa o prefiere ir directamente al hotel? Adrián no respondió de inmediato. Su mirada volvió al sobre cerrado, pensativa, calculadora. —Al hotel. ......Marco deslizó una copia de su propuesta hacia el centro de la mesa. —Todo está incluido. La supervisión de los accesos, la revisión de los protocolos y los informes periódicos para ambas compañías. También he establecido plazos de evaluación para que Aurelis no tenga que esperar hasta el lanzamiento para comprobar si estamos cumpliendo. Si no alcanzamos los objetivos previstos, habrá mecanismos para corregir el rumbo antes de que el problema se convierta en otro riesgo financiero. Adrián revisó las primeras páginas. Las condiciones estaban detalladas con suficiente precisión para demostrar que su hermano no había preparado aquella propuesta de un día para otro. Había plazos razonables, responsabilidades asignadas y medidas que podían verificarse. No era una solución improvisada, y eso lo hacía más difícil de combatir. —¿Y qué ocurrirá con el trabajo que ya se ha realizado? — preguntó Adrián —No podemos tratarlo como si nunca hubiera existido. Hay avances que todavía pueden aprove
El vestíbulo apenas comenzaba a llenarse cuando las puertas del ascensor privado se abrieron en el último piso. A esa hora, los empleados todavía intercambiaban saludos junto a los escritorios y el personal de recepción terminaba de organizar la agenda del día. Sin embargo, en las oficinas de dirección, la jornada había comenzado mucho antes. Había informes pendientes, llamadas sin devolver y una negociación que amenazaba con convertirse en el problema más costoso que la compañía había enfrentado en años. Adrián salió del ascensor con el teléfono en una mano y una carpeta a la mano. Había pasado buena parte de la noche revisando los movimientos de las últimas semanas, buscando alguna alternativa que permitiera recuperar la confianza de Aurelis. Seguía convencido de que podía resolverlo. La situación era grave, pero todavía existían opciones, y no pensaba abandonar el proyecto sin agotar cada una de ellas. James lo esperaba frente a su despacho. —Sera mejor que no te acomodes. Aur
Marco había abandonado la sala aquel día.No necesitaba mirar atrás para saber lo que había provocado ni lo que había dejado sobre aquella mesa. Ya había conseguido exactamente lo que quería: que su propuesta dejara de parecer una alternativa personal y empezara a ser considerada como una solución para toda la compañía.Eso era lo importante.Había construido su planteamiento alrededor de las necesidades de Aurelis y de las dudas que habían surgido después de la filtración. Su compromiso de supervisar personalmente el proyecto no había sido una promesa hecha para impresionarlos. Era una respuesta calculada a la principal debilidad que Aurelis veía en la situación actual. Después de lo ocurrido, necesitaban saber quién asumiría la responsabilidad si algo volvía a salir mal.Marco les había dado un nombre.El suyo.También había cuidado los beneficios. Si el proyecto tenía éxito, ambas compañías tendrían mucho que ganar después del lanzamiento. Aurelis obtendría una estructura que consi
—¿Qué haces aquí? Adrián había vuelto su atención hacia la mesa. Su expresión permanecía seria, pero la mirada que dirigió a su hermano estaba mucho más fría que antes. Marco ya había tomado asiento. Se movía lentamente sobre la silla, haciendo pequeños giros mientras observaba a los presentes con una tranquilidad que parecía fuera de lugar.—Me enteré del desastre, hermanito. Pensé que quizá podría ser útil. Adrián soltó una breve risa sin humor y se reclinó contra el respaldo de su asiento. —Qué rápido te enteraste. —Las noticias corren rápido cuando se trata de una empresa como esta — Marco detuvo finalmente la silla y apoyó los brazos sobre los reposabrazos —Pero no vine a hablar de cómo me enteré. Tengo una posible solución.Adrián lo miró durante unos segundos.—¿Tú? La incredulidad en su voz fue suficiente para que uno de los accionistas bajara la mirada, incómodo. Marco en cambio, no pareció ofendido. —Creo que deberíamos escucharla— propuso Caldwell, que había permanec
La noche había avanzado mucho más de lo que Adrián había imaginado. Cuando Valeria salió de la ducha, todavía encontró la luz de la habitación encendida. Adrián seguía sentado frente al computador, con la camisa ligeramente arrugada y las mangas remangadas hasta los antebrazos. Había dejado el teléfono junto a él, con varias notificaciones acumulándose en la pantalla, pero parecía no prestarles atención. Llevaba horas revisando informes. Desde aquella reunión con los accionistas, no había podido mantenerse tranquilo. Ella se detuvo un instante junto a la puerta del vestidor. Ya conocía lo ocurrido. Adrián le había contado lo esencial después de regresar de la reunión, aunque había omitido algunos detalles que ella podía imaginar por la expresión de su rostro. Sabía cuánto había trabajado por conseguir aquel proyecto y cuánto significaba para él demostrar que podía llevar adelante una operación de aquella magnitud. Se acercó despacio y tomó asiento a su lado. —¿Necesitas ayuda?
La revisión no terminó ese día.A primera hora de la mañana siguiente, el equipo de seguridad de Aurelis regresó acompañado por especialistas en auditoría digital. Ya no buscaban el archivo filtrado. Buscaban el recorrido completo que había seguido antes de aparecer fuera de la empresa. Durante horas revisaron registros de acceso, horarios y terminales autorizadas. Nadie hablaba demasiado. El ambiente se había vuelto tan pesado que hasta el sonido de un teclado parecía fuera de lugar.Cerca del mediodía apareció el primer resultado que cambió por completo la investigación. La ruta de acceso conducía directamente al área bajo responsabilidad de Adrián. A una terminal segura instalada dentro de su oficina, utilizada únicamente para consultar y validar la documentación confidencial del proyecto. El silencio que siguió fue peor que cualquier acusación. Adrián miró la pantalla sin pestañear. —Eso es imposible.Uno de los especialistas levantó la vista. —La terminal fue utilizada para ac







