ログイン...INQUIETUDES...
La noche había caído con suavidad sobre la ciudad, envolviendo la casa en una calma que contrastaba demasiado con el ritmo del día. Valeria apenas había dejado su bolso cuando las voces de sus hijos llenaron el espacio, acompañadas de una risa masculina que le resultaba ya demasiado familiar. Ni siquiera terminó de entrar bien al salón cuando ambos niños se abalanzaron sobre ella con entusiasmo. —Cristopher... perdona la demora. Tuve mucho papeleo que organizar hoy, y no podía irme sin antes terminar ¿No te causaron muchos problemas? —preguntó ella, acercándose mientras se quitaba los zapatos, observando la escena. Cristopher, que hasta hace poco había estado recostado con naturalidad en el sofá, nego con una sonrisa mientras se ponía de pie. — Para nada —respondió—. Sofi y Mateo son unos niños increibles. Casi me hicieron el trabajo fácil. —¡Porque somos los mejores! —intervino Sofía con orgullo. —¡Sin duda alguna princesa! —añadió Cristopher rápidamente. Valeria no pudo evitar sonreír al verlos así, tan llenos de vida, tan ajenos a todo lo demás. —Claro que sí —murmuró, con ternura. Mateo, sin perder tiempo, se giró hacia Cristopher con los ojos brillando de emoción. —Tío Cris… ¿Mañana me vas a enseñar a lanzar mejor? Cristopher soltó una pequeña risa. —¿Me estás retando? —¡Sí! —Entonces no me queda de otra —respondió, inclinándose un poco hacia él—. Mañana empezamos un entrenamiento serio. —¡Sí! —celebraron ambos niños. Valeria se quedó observandolos en silencio por un momento. Esa escena frente a ella...simple ,cotidiana...tenía algo que le apretaba suavemente el pecho. —Chicos...—los llamó con suavidad, y ambos niños voltearon al instante.—¿Por que no van un momento a la sala de juegos?...mama quiere hablar un momento con el tio Cris. —¿Podemos jugar con la consola?—preguntó Sofía. —Si, pero sin pelear ¿De acuerdo?—respondió ella. —¡Si, vamos! —grito Mateo,jalando a su hermana. En cuestión de segundos, ambos desaparecieron entre risas. Entonces Valeria dio un pequeño paso hacia Cristopher, deteniéndose a unos pocos pasos. —Gracias... —dijo, con suavidad —. Por recogerlos y todo eso. Se que no es tu responsabilidad y aun así... Él negó suavemente, mirándola directamente a los ojos con una calma que contrastaba con lo que había en su mirada. —No tienes que agradecerme, yo lo hago con gusto —respondió —. No es molestia...de verdad. Además, pasar tiempo con ellos nunca lo es. Ella sonrió apenas. —Son buenos niños... —Lo son —confirmó el. Pero no apartó la mirada de ella, y eso cambió algo. —De hecho… —continuó, inclinándose apenas hacia adelante—, si fuera por mí… no pasaría ni un solo día lejos de ellos. Valeria sintió cómo su cuerpo se tensaba levemente. No por incomodidad, sino por lo que venía. Cristopher dio un pequeño paso más. —Ni de ti. El silencio cayó entre ambos. Valeria sostuvo su mirada un segundo… solo uno… antes de apartarla con suavidad. —Cris… —dijo en voz baja—. Ya hablamos de esto. Él no retrocedió. En cambio, tomó su mano con cuidado, como si temiera que ella se alejara. —Lo sé, lo se —respondió,Valeria intentó retirar la mano, pero él no la soltó de inmediato.—. No tienes que decir nada ahora. No te estoy pidiendo una respuesta inmediata —añadió con suavidad—. Solo… que lo pienses... Porque yo sí lo he pensado… demasiado, y sé lo que quiero —continuó—. Me gustaría estar aquí… no solo así. Me gustaría formar parte de esto… de ustedes. Sus palabras no eran forzadas. Eran peligrosamente sinceras. Valeria respiró hondo antes de hablar. —Cristopher… Ahora mismo no estoy pensando en eso. Su tono fue suave, pero firme. Eso fue suficiente para que el la soltara lentamente...no parecía molesto , sino más bien contenido...entonces su mirada se desvió de ella pasando a su reloj. —Tengo que irme —dijo, retomando distancia—. Aún tengo unos asuntos que resolver en la oficina. Valeria asintió. —Gracias… otra vez. Él caminó hacia la puerta, pero antes de salir, se detuvo un segundo y la miró. —Oye...no dejes de pensarlo. Con eso, se fue. La puerta se cerró con suavidad. Y el silencio volvió a llenar el espacio. Pero no era un silencio cualquiera, Valeria permaneció inmovil unos segundos, como si aún pudiera sentir la presencia de Cristopher en el aire, y no era extraño. Él no era un desconocido en su vida, ni alguien pasajero después de todo. Cristopher Hale... es el hermano mayor de su mejor amiga. Había sido, sin que ella lo planeara, uno de los pilares más firmes desde que llegó a Toronto. Lo conoció cuando Emma la invitó a la casa familiar sin previo aviso, y desde entonces, algo en la forma en que él la miró...lo dijo todo, no hubo solo curiosidad...fue algo más profundo, más directo. Se interesó por ella incluso sabiendo que estaba embarazada, incluso no le importó que los niños no fueran suyos, no dudo, ni retrocedio ...solo quería hacerse cargo. Con el tiempo, no solo se convirtió en un apoyo constante —presente en cada momento difícil, en cada pequeño logro —, sino también en alguien que, silenciosamente, empezó a ocupar un lugar importante en su vida. Cristopher no era solo un buen hombre...era el tipo de hombre que cualquier mujer desearía tener a su lado. Atractivo, seguro, atento... con esa forma tranquila de proteger sin imponer, de cuidar sin asfixiar. Y aun así, ella lo había rechazado más de una vez. No por falta de interés...sino porque su corazón, terco y marcado, aún no estaba listo para aceptar algo que parecía demasiado bueno para ser real. Valeria se limitó a dejar escapar un suspiro suave antes de apartarse, como si con ese simple gesto dejará atrás todo lo que acababa de suceder, y sin perder más tiempo camino hacia la sala de juegos, donde encontró a Sofía y Mateo completamente absortos en su pequeño mundo, riendo, discutiendo por turnos y celebrando cada victoria como si fuera lo más importante del dia, y aquella escena, tan sencilla, logró arrancarle una sonrisa sincera mientras se acercaba para asegurarse de que todo estuviera en orden. Una hora después ya se encontraban cenando, en la mesa todo era risas, pequeñas quejas y conversaciones sin sentido aparente.Hasta que fiel a su promesa, terminaron acurrucados en el sofá con una película y un gran tazón de palomitas que terminó más en suelo que en sus bocas. Cuando finalmente el cansancio empezó a notarse en sus pequeños cuerpos, los llevo al baño ayudándolos a quitarse la ropa entre risas somnolientas, pero fue en ese momento, mientras enjabonar con cuidado los brazos de Mateo y luego los de sofía, que noto unos pequeños puntos rojizos, como marcas recientes de pinchazos. Cuando les preguntó, Mateo explicó con total naturalidad que ese día habían ido unos médicos al colegio para hacerles un chequeo general, y Sofía confirmó la historia con entusiasmo. Eso la tranquilizo, aunque una ligera inquietud permaneció en el fondo de mente; una vez listos, los llevó a sus habitaciones, arropando primero a Sofía, que cayó dormida casi de inmediato, y luego a Mateo, quien insistió en su cuento favorito antes de cerrar los ojos, escuchando con atención cada palabra hasta quedarse profundamente dormido, y solo entonces, Valeria se permitió regresar a su habitación, tomar una ducha caliente que arrastrara el peso del día, y dejarse caer finalmente en la cama.Marco deslizó una copia de su propuesta hacia el centro de la mesa. —Todo está incluido. La supervisión de los accesos, la revisión de los protocolos y los informes periódicos para ambas compañías. También he establecido plazos de evaluación para que Aurelis no tenga que esperar hasta el lanzamiento para comprobar si estamos cumpliendo. Si no alcanzamos los objetivos previstos, habrá mecanismos para corregir el rumbo antes de que el problema se convierta en otro riesgo financiero. Adrián revisó las primeras páginas. Las condiciones estaban detalladas con suficiente precisión para demostrar que su hermano no había preparado aquella propuesta de un día para otro. Había plazos razonables, responsabilidades asignadas y medidas que podían verificarse. No era una solución improvisada, y eso lo hacía más difícil de combatir. —¿Y qué ocurrirá con el trabajo que ya se ha realizado? — preguntó Adrián —No podemos tratarlo como si nunca hubiera existido. Hay avances que todavía pueden aprove
El vestíbulo apenas comenzaba a llenarse cuando las puertas del ascensor privado se abrieron en el último piso. A esa hora, los empleados todavía intercambiaban saludos junto a los escritorios y el personal de recepción terminaba de organizar la agenda del día. Sin embargo, en las oficinas de dirección, la jornada había comenzado mucho antes. Había informes pendientes, llamadas sin devolver y una negociación que amenazaba con convertirse en el problema más costoso que la compañía había enfrentado en años. Adrián salió del ascensor con el teléfono en una mano y una carpeta a la mano. Había pasado buena parte de la noche revisando los movimientos de las últimas semanas, buscando alguna alternativa que permitiera recuperar la confianza de Aurelis. Seguía convencido de que podía resolverlo. La situación era grave, pero todavía existían opciones, y no pensaba abandonar el proyecto sin agotar cada una de ellas. James lo esperaba frente a su despacho. —Sera mejor que no te acomodes. Aur
Marco había abandonado la sala aquel día.No necesitaba mirar atrás para saber lo que había provocado ni lo que había dejado sobre aquella mesa. Ya había conseguido exactamente lo que quería: que su propuesta dejara de parecer una alternativa personal y empezara a ser considerada como una solución para toda la compañía.Eso era lo importante.Había construido su planteamiento alrededor de las necesidades de Aurelis y de las dudas que habían surgido después de la filtración. Su compromiso de supervisar personalmente el proyecto no había sido una promesa hecha para impresionarlos. Era una respuesta calculada a la principal debilidad que Aurelis veía en la situación actual. Después de lo ocurrido, necesitaban saber quién asumiría la responsabilidad si algo volvía a salir mal.Marco les había dado un nombre.El suyo.También había cuidado los beneficios. Si el proyecto tenía éxito, ambas compañías tendrían mucho que ganar después del lanzamiento. Aurelis obtendría una estructura que consi
—¿Qué haces aquí? Adrián había vuelto su atención hacia la mesa. Su expresión permanecía seria, pero la mirada que dirigió a su hermano estaba mucho más fría que antes. Marco ya había tomado asiento. Se movía lentamente sobre la silla, haciendo pequeños giros mientras observaba a los presentes con una tranquilidad que parecía fuera de lugar.—Me enteré del desastre, hermanito. Pensé que quizá podría ser útil. Adrián soltó una breve risa sin humor y se reclinó contra el respaldo de su asiento. —Qué rápido te enteraste. —Las noticias corren rápido cuando se trata de una empresa como esta — Marco detuvo finalmente la silla y apoyó los brazos sobre los reposabrazos —Pero no vine a hablar de cómo me enteré. Tengo una posible solución.Adrián lo miró durante unos segundos.—¿Tú? La incredulidad en su voz fue suficiente para que uno de los accionistas bajara la mirada, incómodo. Marco en cambio, no pareció ofendido. —Creo que deberíamos escucharla— propuso Caldwell, que había permanec
La noche había avanzado mucho más de lo que Adrián había imaginado. Cuando Valeria salió de la ducha, todavía encontró la luz de la habitación encendida. Adrián seguía sentado frente al computador, con la camisa ligeramente arrugada y las mangas remangadas hasta los antebrazos. Había dejado el teléfono junto a él, con varias notificaciones acumulándose en la pantalla, pero parecía no prestarles atención. Llevaba horas revisando informes. Desde aquella reunión con los accionistas, no había podido mantenerse tranquilo. Ella se detuvo un instante junto a la puerta del vestidor. Ya conocía lo ocurrido. Adrián le había contado lo esencial después de regresar de la reunión, aunque había omitido algunos detalles que ella podía imaginar por la expresión de su rostro. Sabía cuánto había trabajado por conseguir aquel proyecto y cuánto significaba para él demostrar que podía llevar adelante una operación de aquella magnitud. Se acercó despacio y tomó asiento a su lado. —¿Necesitas ayuda?
La revisión no terminó ese día.A primera hora de la mañana siguiente, el equipo de seguridad de Aurelis regresó acompañado por especialistas en auditoría digital. Ya no buscaban el archivo filtrado. Buscaban el recorrido completo que había seguido antes de aparecer fuera de la empresa. Durante horas revisaron registros de acceso, horarios y terminales autorizadas. Nadie hablaba demasiado. El ambiente se había vuelto tan pesado que hasta el sonido de un teclado parecía fuera de lugar.Cerca del mediodía apareció el primer resultado que cambió por completo la investigación. La ruta de acceso conducía directamente al área bajo responsabilidad de Adrián. A una terminal segura instalada dentro de su oficina, utilizada únicamente para consultar y validar la documentación confidencial del proyecto. El silencio que siguió fue peor que cualquier acusación. Adrián miró la pantalla sin pestañear. —Eso es imposible.Uno de los especialistas levantó la vista. —La terminal fue utilizada para ac







